
"Cualquier tiempo pasado fue mejor".
Con esa frase había tenido que desayunar. La había escuchado de la voz de un analista deportivo (pseudoanalista, mejor) por la radio. Hablaba de la noticia del día, la destitución del entrenador, y comparaba la situación del equipo con aquella de los años 70, pero en el tono histórico-divulgativo que tanto le molestaba, como si se les estuviera contando a los niños pequeños cuentos de épocas muy lejanas.
"Cualquier tiempo pasado fue mejor", pensaba ahora él, que se encontraba paseando por las callejuelas perdidas de la ciudad de su infancia. Ya había oscurecido, como siempre tan temprano en Alemania. A aquellas horas, aún podía imaginarse a su padre recogiendo las cosas de la frutería y él ayudándolo, pensando que le tocaría hacerlo a él mismo en un futuro lejano. Pero llegó el fútbol y lo cambió todo. Con 19 años fichó por el equipo y... Todo fue tan rápido: Los títulos de liga, la copa, la selección, el viaje a España, la retirada, Zürich, su esposa, su hija... Qué lejos parecía ya ahora de todo. "A lo mejor es que me estoy haciendo demasiado viejo", pensó.
Pero, sin embargo, había decidido volver. Dejó la compañía de derechos deportivos en manos de su segundo y abandonó Suiza para pasear por aquellas calles que tantos recuerdos le traían. Había hablado mucho de la situación del equipo con Bonhof, su buen amigo, ahora vicepresidente del club, pero no se imaginaba que estarían dispuestos a llegar a tanto. Cuando se citó con él en el café de siempre no pensaba que fuera para proponerle algo así.
Bonhof sabía que no podía decirle que no. Algunas veces le había comentado sus planes, lo cansado que estaba ya del mundo de los negocios, de retransmitir los partidos por la televisión, del amor que aún guardaba por el fútbol ("El fútbol de verdad – decía - como era antes, y no ahora que lo ha perdido todo"). Con la cantidad de cosas que le había dado el equipo, que le había dado todo, ¿cómo iba a rechazar una idea tan descabellada como esa? Pero, sobre todo, no podía soportar que siempre que volviera a España de vacaciones le dijeran lo mismo: "¿Y tú en qué equipo alemán jugabas? Espera, dijiste que era en el Borussia Dortmund, ¿verdad?" "No, por Dios... En el Mönchengladbach" "¡¿Mengenqué?!" Y en Alemania, ya eran pocos los que recordaban aquella época. Los jóvenes no sabían nada, siempre se mostraban atónitos cuando les recordaba que el Gladbach era el segundo equipo con más campeonatos ligueros: cinco, cinco, ni uno más, ni uno menos. Ahora si hablaban de él era ya en un documental de esos que sólo le interesan a los viejos, tan viejos o más que él...
"Cualquier tiempo pasado fue mejor", volvió a recordar. Pero, ¿qué sería del futuro? Notó un pequeño vértigo, como el que sentía las noches anteriores a uno de los grandes partidos decisivos. La responsabilidad, la duda en el aire, la pregunta: "¿Qué pasará mañana?" Esa suave sensación, esa dulce espera que aún le hacía sentirse vivo. Mañana empezaría todo, ya estaba hecho, no había marcha atrás: había dicho que sí. Quizás es cierto que el pasado fuera mejor, pero ahora dependía de él y sólo de él cambiar el futuro, el trecho de futuro que aún le quedaba. "No, no me arrepiento", pensó. "Nunca he estado tan seguro".
Entonces dio media vuelta y emprendió el camino de regreso al hogar.

- Premiada como mejor historia del mes (Enero/Febrero de 2012)
- Premiada como mejor historia del mes (Noviembre de 2012)
- Premiada como Mejor historiador escribiendo textos; Premios FMSite 2012

Otorgado el Premio Fidelidad a Sabir, en el primer aniversario de la historia "Cualquier tiempo pasado fue mejor"
Editado por Lurra, 23 enero 2013 - 03:39.
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