Agosto llegaba dispuesto a medir nuestras fuerzas: 7 partidos, mas el cierre del mercado de fichajes. Y todo ello, sin dejar de lado mi trabajo en la planta de Broughton, donde las reuniones y los papeles comenzaban a acumularse sobre mi escritorio. La reducción de jornada que me había propuesto Paul, aunque me ayudaba a organizarme, no era ni mucho menos la panacea: Con todos mis compañeros trabajando a jornada completa, la sensación más constante era la de estar perdiéndome algunas cosas. Y eso, en una industria en la que el más mínimo fallo puede terminar en un accidente con cientos de víctimas, no era la sensación que debería tener… Comenzabamos Agosto con un derbi Flintshire ante el Connah’s Quay, y a la media hora parecía que el partido estaba sentenciado tras los goles de Edwards y Stratulis, con una buena dosis de fortuna para el delantero visitante al aprovechar un rechace para quedarse solo ante Szczepaniak. Sin embargo, un golazo de volea de Davies nos metía en el partido a los 40 de partido, y en el 58, un disparo lejano de Eyre ponía el 2-2 con el que nos íbamos a la tanda de penalti, donde el portero visitante Firth se convertía en héroe para los suyos al detener nuestros tres lanzamientos, eliminándonos de la competición Apenas tres días después, nos enfrentábamos a uno de nuestros rivales históricos, el Buckley Town. Dominamos, aunque sin demasiado peligro, hasta el minuto 60, en el que decidí meter 5 cambios de golpe. Y el resultado no se hizo esperar, con Linfield centrando y Collins entrando como un avión por la otra banda para hacer el 0-1 con una sensacional volea. Un gol fabricado por dos de los suplentes que parecía que iba a darnos la victoria hasta que en el 86, un desajuste defensivo dejaba solo a Jones para hacer el definitivo 1-1 con un disparo cruzado, el único a puerta de los locales en todo el partido En el tercer partido en una semana recibíamos al CPD Porthmadog FC, que tras tres partidos disputados todavía no conocía la derrota. Y al cuarto de hora ya teníamos encarrilado el partido, tras dos centros de Owen rematados por Davies en el segundo palo, una combinación que se repitió en el 27, pero el bigoleador se encontraba en fuera de juego y el gol era anulado. McMillan recortaba distancias en la última jugada de la primera mitad, pero en la primera jugada de la segunda parte Evans hacía el 3-1. Edwards, con un disparo desde 30 metros colocaba el 4-1 en el marcador, y en pleno carrusel de cambios, Williams hacía el definitivo 4-2 con un remate ajustado al poste Seguíamos con el maratón de partidos visitando al Denbigh Town, que fue mejor y nos dominó en el peor partido que habíamos hecho desde mi llegada al banquillo. Ni un solo disparo a puerta, y solo cuatro intentos que se marcharon desviados, fue nuestro balance de ataque, por lo que podemos estar agradecidos de llevarnos un punto merced al 0-0 final Quinto partido en apenas 14 días, y con el equipo fundido físicamente visitábamos al Llanidloes Town, que todavía no había conseguido puntuar en lo que llevábamos de temporada. La primera parte fue de bostezo, sin que ninguno de los dos equipos intentaramos siquiera atacar, al igual que el inicio de la segunda parte, hasta que Rushton transformaba un penalti para hacer el 0-1. Habíamos hecho lo mas difícil, pero en la siguiente jugada igualaba Barber tras un tremendo despiste defensivo. El segundo penalti de la tarde lo transformaba Jones en el 77, confirmando que habíamos desaparecido del partido tras el 0-1, y sentenciaba Mwamuka en el 83 con un disparo raso para hacer el definitivo 3-1 La tensión llevaba días flotando en el ambiente, aunque nadie la había nombrado en voz alta. En un vestuario siempre se nota cuándo algo se mueve por debajo de la superficie, y yo empezaba a percibirlo en miradas largas, en silencios tras los entrenamientos, en comentarios que se cortaban al verme entrar. Sabía de dónde venía: agosto había sido duro, los resultados no siempre acompañaban y el equipo aún estaba en construcción. Una tarde, después de un entrenamiento especialmente intenso, Rushton, Tomassen y Evans se quedaron atrás cuando el resto del grupo se fue al gimnasio. Los tres eran pesos pesados del vestuario, referentes para muchos, jugadores acostumbrados a tener voz y voto. Cuando vi que cerraban la puerta, entendí que no iba a ser una conversación ligera. —Míster —empezó Rushton—, creemos que tenemos que hablar. Asentí y me apoyé en una de las mesas del vestuario, cruzándome de brazos. —Hablad. Tomassen tomó la palabra, con un tono aparentemente calmado, pero cargado de intención. —El equipo no tiene el nivel que debería. Nos falta calidad. Así no vamos a competir de verdad. Evans fue más directo, como casi siempre. —Y con todo el respeto, hay decisiones que no entendemos. Jugadores jóvenes en momentos clave, cambios raros… Nosotros llevamos años aquí. Sabemos cómo funciona esto. Los escuché sin interrumpir, dejando que soltaran todo lo que llevaban dentro. Cuando terminaron, hubo un silencio tenso. Los tres me miraban esperando una reacción, quizá una negociación, quizá que cediera terreno. —¿Habéis terminado? —pregunté al fin. Rushton asintió. —Bien —dije—. Ahora os voy a responder yo. Me incorporé despacio y los miré uno por uno. —Este es mi equipo. Yo decido cómo jugamos, quién juega y por qué. Entiendo que queráis ganar, yo también. Pero aquí no manda el currículum ni los años en el club. Manda el compromiso con la idea y con el grupo. Evans frunció el ceño. —Solo estamos diciendo lo que muchos piensan. —No —respondí con firmeza—. Estáis intentando imponer vuestra jerarquía por encima del entrenador. Y eso no va a pasar. Si no confiáis en el proyecto, la puerta no está cerrada. La frase cayó como una losa. Rushton bajó la mirada. Tomassen apretó los labios. Evans dio un paso adelante. —¿Nos estás mandando a…? —Os estoy diciendo que dejéis de cuestionar desde dentro o que busquéis otro sitio —lo interrumpí—. Aquí no hay espacio para egos por encima del equipo. Y si eso no os gusta, podéis iros a freír espárragos. No levanté la voz. No hizo falta. El mensaje quedó claro. Salieron del vestuario sin decir nada más. Aquella noche supe que había cruzado una línea, pero también que era una línea necesaria. Un entrenador joven no puede permitirse que le tomen la medida tan pronto. En los días siguientes, el ambiente fue extraño. Rushton y Tomassen bajaron el perfil. Evans no. Seguía entrenando bien, porque siempre fue un profesional, pero su actitud era distante, casi desafiante. Y entonces llegó el último día de mercado. A media mañana sonó el teléfono. Una oferta formal por Evans. Sin margen para sentimentalismos. Me senté solo en el despacho del campo, mirando la pizarra con su nombre aún escrito en el once titular del fin de semana. Era, sin duda, uno de los mejores jugadores del equipo. Pero también era un mensaje constante al vestuario. Evans fue transferido ese mismo día. Cuando se lo comuniqué, no hubo drama. Solo una mirada larga, cargada de orgullo herido. —¿De verdad vas a hacer esto? —me preguntó. —Sí —respondí—. Porque el equipo está por encima de cualquiera. Incluido tú. Incluido yo. Esa noche, al quedarme solo en el despacho, sentí el peso real del cargo por primera vez. Ser entrenador no es solo elegir sistemas o preparar partidos. A veces es tomar decisiones impopulares para proteger algo más grande. Al día siguiente, el vestuario estaba en silencio. Pero era un silencio distinto. Más limpio. Y supe que, a partir de ese momento, el equipo ya sabía exactamente quién mandaba. La salida de Evans del club dejaba un hueco libre en la plantilla, por lo que decidíamos ascender al extremo del sub-19 Sam Baker, una de las mayores promesas de nuestra cantera Perfil Baker Y el último movimiento del mercado, el delantero George Peers también se marchaba del club, con destino al Ammanford, de la JD Cymru South Partidos Agosto Clic en la imagen para ver la clasificación completa Quinta posición cuando llegamos al mes de Septiembre, aunque a solo dos puntos del liderato que comparten Gresford y Flint Town, y a uno de Llanidloes y Caersws. La tabla sigue compacta, con 12 de los 16 equipos en solo 6 puntos de diferencia, pero empieza a haber diferencias en la zona baja de la tabla, con Prestatyn, Guisfield, y Mold Alex, que aún no sabe lo que es puntuar, en puestos de descenso Próximos partidos
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