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Ariete

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Todo lo publicado por Ariete

  1. Uno muy sencillo seria que esto no es supermario, por lo que no necesariamente hay que rescatar a la princesa. Puede haber tantas maneras de jugar, entretenerse y hacerlo bien como jugadores de FM.
  2. Ariete ha respondido a Viggo en un topic de Historias de Recuerdo
    Parece que Landinotti tiene buenos mimbres. Espero que el equipo de ojeadores tenga en su agenda buenos jugadores para cubrir los puestos que ha detectado como mejorables. Con lo que hay ahora y viendo las plantillas de los rivales, ves factible luchar por el titulo liguero en esta primera temporada?
  3. De los diferentes vicios que había en los 90 no nos enganchamos al peor... pero si al mas adictivo! ⚽
  4. qué grande eres! Conozco muy bien todos esos juegos que mencionas. PC Fútbol fue el primero de ese estilo al que jugué, principalmente porque hasta entonces no habíamos tenido ordenador en casa. A partir de ahí, prácticamente todo lo que salía relacionado con managers de fútbol pasó por mis manos... algunos juegos mejores que otros, y otros que sinceramente me podría haber ahorrado 😅 Por cierto, el Championship Manager que mencionas fue una auténtica joya. ¡También está por casa, junto al mítico 01/02 y los que vinieron después! La verdad es que aquellas revistas complementaban muchísimo la experiencia. No eran solo manuales: muchas veces funcionaban como presentación de las plantillas, traían artículos interesantes y te sumergían más en el juego. Recuerdo uno en particular, creo que se llamaba ProFútbol Manager, cuya revista era casi un manual real de entrenador de fútbol... ¡y era muchísimo mejor que el propio juego! Y tiene gracia que precisamente tú me preguntes por cómo acabó esa revista en mis manos, porque esta semana, gracias a tu historia del Multiverso, me vino de golpe el recuerdo de aquella historia del Villarreal en la revista del PC Fútbol 5.0. Como no tenía mucha batería en el ebook y quería llevar algo para leer a la playa en mi último día de vacaciones, me lancé a buscarla... y me sorprendió lo poco que me costó encontrarla: estaba entre varios almanaques viejos del Don Balón y del Marca. ¡Un viaje en el tiempo! Me ha hecho ilusión este cruce de nostalgias futboleras.
  5. Me alegra que te haya gustado ver tu idea aplicada en este apartado de retos para toda la comunidad. Gracias a ti por la premisa y por llevarla a cabo de una forma tan brillante. Enhorabuena! PD: Ya he corregido el número de Champions. Muchas gracias por el apunte! Y que no se entere Ancelotti... seguro que frunciría el ceño! 😅
  6. Un recuerdo muy especial: La historia del Villarreal en la revista de PCFútbol 5.0 Buenas a todos, Hoy, entre el apagón y que era mi último día de vacaciones, he acabado en la playa con una revista que encontré de casualidad en casa. No era otra que la mítica revista que venía con el PCFútbol 5.0. Ya sé que no es un juego de la casa Football Manager, pero seguro que muchos de los más veteranos por aquí también crecimos con la saga PCFútbol. Entre las cosas que traía la revista había una historia que siempre se me quedó grabada: la de un periodista que contaba su partida como manager del Villarreal de aquella época, cuando el equipo todavía no había pisado nunca la Primera División y tenía pocas esperanzas de hacerlo. Hoy, después de no sé cuántos años sin leerla, me ha hecho muchísima ilusión volver a encontrarla. Quería compartirla con todos vosotros, por si alguien más la recuerda y le trae tan buenos recuerdos como a mí. El año que fuimos campeonesPor Juan Carlos Crespo Un comienzo sin ilusiónDebo confesarlo. Después de unos años gloriosos en el Barça, con el que logré una supremacía en Europa pocas veces soñada, no me ilusionaba del todo empezar de cero con el Villarreal. Debuté en la Liga Manager con un equipo de garantías, al que luego sumé a Savicevic, Baggio y —quién iba a decirlo, con un año de antelación— al mismísimo Hristo Stoichkov. Aquel Barcelona era invencible. Bueno, casi invencible, hasta que en una angustiosa final de Copa tropezamos con la Real Sociedad (2-1), con los postes como aliados del enemigo. "Tras conquistar Europa, el PC Fútbol dejó de entusiasmarme... al menos por un tiempo." La tarea de ser manager de un "Barça campeón" terminó siendo agotadora: demasiadas noches de insomnio, demasiadas madrugadas frente a partidos interminables. La derrota en la final de Copa frente a la Real fue definitiva. Ya había ganado todo lo que el jueguecito de marras me ofrecía. Y me alejé del PC Fútbol... temporalmente. El regreso inesperadoDurante meses ocupé mi tiempo en asuntos más cotidianos, esperando casi en secreto la nueva versión de la Liga 96-97. Hasta que, de repente, volvió a picarme el gusanillo. Se me ocurrió probar con la Liga Pro Manager. Sin demasiadas esperanzas: empezar desde cero con un Segunda era una batalla condenada. Pero, sin saber cómo, a las pocas semanas el equipo ya peleaba en lo alto de la tabla, mientras ampliábamos el aforo de El Madrigal para ganar ingresos. "Me enganché sin darme cuenta. El Villarreal era ahora mi nueva obsesión." Aun así, no fue un buen año. El Manlleu nos eliminó de la Copa y perdimos la promoción contra el Valladolid. Un baño de realidad. La construcción del sueñoLa base estaba puesta. Incorporé un portero desde el Tenerife a precio de saldo, repesqué a Nayim y reforcé el equipo con jugadores clave: Velasco, Karanka y Javi Navarro trajeron solidez. Ángel Cuéllar, con el dinero de la Copa, completó la plantilla. "Subimos a Primera tras el Mallorca, pero ya sabíamos que lo mejor estaba por llegar." Sin el infortunio de cruzarnos con un Manlleu de turno, alcanzamos la final de Copa. Un gol de Dos Santos en el último minuto nos dio el primer título. El Villarreal era campeón. La Recopa: nuestra especialidadLa temporada siguiente fue igual de intensa. Disponía de un bloque sólido, equilibrado, capaz de competir de tú a tú con cualquiera. Quinta plaza en la Liga y otra Recopa bajo el brazo. Mi novia apenas disimulaba su resignación ante tantas noches de PC Fútbol. Pero yo solo tenía en mente una cosa: revivir la gloria del Barça... con el Villarreal. Una temporada para la historiaDe nuevo alcanzamos la final de Copa y la Recopa. La Copa se escapó ante el Barcelona tras dos empates y una prórroga fatídica. Pero en la Recopa, tras vencer al París Saint-Germain en una final dramática (con gol de Nayim incluido), volvimos a tocar el cielo. "Nayim repitió la hazaña de París: un golazo para sellar otra Recopa inolvidable." El asalto a la LigaLa Liga fue una carrera de fondo. A cuatro jornadas del final, Villarreal, Barça, Betis y Dépor estaban separados por apenas dos puntos. A tres del final, Barça y Dépor empataron. A dos, sufrimos en el Helmántico mientras el Betis goleaba. En la última jornada, vencimos al Racing gracias a un gol de rebote de Gudelj, tras penalti fallado por Ortega. Al mismo tiempo, el Betis empataba en Tenerife. Un gol de Juanele nos dio, indirectamente, el título. "El Villarreal era campeón de Liga. Contra todo pronóstico, contra todo sentido común." Epílogo: una cuenta pendienteNo he querido arriesgar más noches de insomnio frente al ordenador. Quizá vuelva algún día a enfrentarme al Anorthosis de turno. Quizá espere a una nueva versión del PC Fútbol. Puede que mi novia decida que no quiere seguir compartiéndome con el Villarreal. Puede que acabe llamando a Hablar por Hablar en busca de una táctica ganadora. Pero solo sé una cosa:
  7. Os presento como candidato el Reto Multiverso Carletto, inspirado en la brillante carrera de Carlo Ancelotti y en homenaje a la historia escrita por Viggo, una de las mejores narrativas que hemos tenido el privilegio de disfrutar en FMSite. Esta propuesta no pretende sino rendir tributo a su excelente trabajo y animar a la comunidad a revivir una aventura tan apasionante como exigente. Objetivo principalEmular la prolífica y diversa trayectoria de Carlo Ancelotti, ganando las cinco grandes ligas europeas (Italia, España, Inglaterra, Alemania y Francia), además de firmar una carrera legendaria en la Champions League. Todo ello en un plazo máximo de 28 temporadas. Creación del entrenadorNombre: Libre elección (se sugiere italiano). Edad: 38 años al inicio de la partida. Nacionalidad: Italiana. Idiomas: Italiano, inglés y castellano. Experiencia: Licencia de entrenador continental Pro y experiencia como futbolista profesional (reputación nacional, no internacional). Personalidad: Trato sereno, elegante y diplomático, con carácter adaptable pero firme cuando la situación lo requiera. Estilo de juegoEnfoque: Flexible y pragmático, con preferencia por estilos ofensivos. Formaciones habituales: 4-4-2 y 4-3-3, adaptándose siempre al material humano disponible. Condiciones inicialesEquipo inicial: Un club italiano recién descendido a Serie B, con objetivo realista de ascenso, ubicado en la región natal elegida. Ascenso: Obligatorio lograr el ascenso a Serie A en la primera temporada (incluidos playoffs si fuera necesario). Palmarés obligatorioLigas nacionales: Ganar al menos una liga en cada una de las cinco grandes ligas europeas. Champions League: Ganar la Champions al menos cinco veces, con un mínimo de dos clubes distintos. Finales de Champions: Disputar al menos cinco finales. Victorias: Alcanzar las 700 victorias a lo largo de la carrera. Champions League: Dirigir al menos 100 partidos de Champions antes de cumplir 49 años. Reglas de la partidaInicio en Serie B: Obligatorio conseguir el ascenso en la primera temporada. Si no se logra, finaliza el reto. Primer título: Se debe ganar la primera liga nacional en los primeros nueve años de carrera. Primera Champions: Se debe conquistar la primera Champions en los primeros diez años y con un equipo italiano. Desempleo: No se puede permanecer más de seis meses sin equipo. Cambio de club: No solicitar empleos; solo se aceptarán ofertas recibidas. No cambiar de equipo dentro de Italia sin haber ganado un título doméstico (Liga o Copa) o sin haber logrado tres clasificaciones consecutivas para la Champions League. No emigrar a otro país sin haber ganado previamente una Champions League con un club italiano. No firmar con un club que haya ganado la liga nacional en la temporada inmediatamente anterior. Normas de mercadoDirección deportiva: Siempre trabajar en conjunto con un Director Deportivo. Política de fichajes: Basarse en las recomendaciones del staff o el scouting interno. No se permitirán fichajes directos "manuales", salvo excepciones muy justificadas. Notas finalesEste reto no solo persigue replicar uno de los caminos más exitosos de la historia del fútbol, sino también rendir homenaje a Viggo, cuya historia basada en Ancelotti elevó la narrativa de Football Manager en castellano a un nivel excepcional. ¡Anímate a tomar el relevo y a construir tu propio legado Carletto!
  8. Al final no me he podido ir de vacaciones en semana santa y eso unido al clima ha hecho que FM se haya convertido en mi compañero de vacaciones. Ultimamente era mas espectador de series de FM de reconstrucciones en YouTube. Así qué todo esto ha sido posible gracias a esta nueva FMAPP. Que me ha dado una motivación extra para jugar que hacia tiempo no encontraba, y además me entretiene un montón curioseando las carreras de otros en el foro. Muchas gracias por el curro @Black_River
  9. Hola! Estoy usando la app recientemente y me está encantando. Quería comentar un detalle por si puede mejorarse o simplemente he cometido algún error al subir los datos. He dimitido de mi anterior equipo al finalizar la temporada y, durante el verano, he aceptado una oferta del Cork City, en Irlanda. Allí tienen la exótica costumbre de disputar las ligas en año natural, y tomo el mando del equipo a finales de julio, con la liga ya bastante avanzada y el equipo en la parte baja de la tabla. Al subir los datos a la app, aparece como si yo hubiera dirigido todos los partidos de liga jugados hasta el momento, cuando en realidad me incorporé a mitad de temporada. No sé si es algo que se puede corregir o si es una limitación de la herramienta, pero quería dejar constancia por si resulta útil o se puede ajustar en futuras versiones. Gracias por el trabajo. Un saludo.
  10. Ariete ha respondido a Viggo en un topic de Historias de Recuerdo
    Me está encantando tu historia con Landinotti. En los últimos días no he encendido el eBook... ¡por tu culpa! Seguro que está celoso. Todo está narrado con mucho realismo y credibilidad, se nota el mimo que le estás poniendo. Confieso que yo me habría ido al Porto… pero claro, Ancelotti no lo haría. Así que seguiré pendiente de sus aventuras. ¡Un saludo y enhorabuena por el trabajo!
  11. Ariete añadió una carrera en Carreras FM
    Desde el Peñón hasta las IslasLa historia de Danny Higginbotham como entrenador ________________________________________ Índice Prólogo – Desde el Peñón hasta las Islas Capítulo I – Bajo el sol de la Roca Capítulo II – La gloria que rozamos Capítulo III – Cork no se rinde Capítulo IV – La decisión Capítulo V – La rueda empieza a girar Capítulo VI – El regreso de los Bairns Capítulo VII – El eco de los grandes Capítulo VIII – Una temporada para aprender a respirar Capítulo IX – El salto definitivo. Capitulo IX ½ - El instante antes del salto. Capítulo X – La fatiga del alma Capítulo XI – El peso de la continuidad Capítulo XII – El Silencio de Londres Prólogo – Desde el Peñón hasta las Islas La historia de Danny Higginbotham como entrenador Citar Dicen que no elegimos de dónde venimos, pero sí hacia dónde vamos. Danny Higginbotham nació en Manchester, creció en las entrañas del Manchester United y jugó en la élite del fútbol inglés. Pero cuando el telón bajaba sobre su carrera como futbolista, eligió mirar al sur. Muy al sur. Gibraltar le dio una nueva camiseta, una nueva identidad y una última oportunidad para representar algo más que a sí mismo. Fue internacional cuando ya pocos esperaban volver a verlo en un campo. Pero ahora, vuelve a empezar. Y lo hace desde la base. Desde el banquillo. Desde el Manchester 62 FC, un modesto club gibraltareño cuyo nombre no es casualidad. Nacido en Manchester. Renacido en Gibraltar. No hay estrellas. No hay focos. Solo un técnico novato, un club semiprofesional y un país del tamaño de un barrio. Pero el sueño está intacto: recorrer, paso a paso, el mapa del fútbol británico sin atajos, sin trampas y sin saltos incoherentes. Capítulo I – Bajo el sol de la Roca Cuando Danny Higginbotham aceptó el reto de entrenar en Gibraltar, no pocos alzaron una ceja. ¿Un técnico con experiencia internacional dejándolo todo por un pequeño club como el Manchester 62? Pero él lo sabía: a veces, el destino no llama con estruendo, sino con una brisa cálida desde el sur. La primera vuelta fue una grata sorpresa. Mientras otros se tambaleaban entre dudas y presión, los de Higginbotham se mantuvieron firmes, sólidos como las murallas de la Roca. Sin grandes nombres, pero con mucho oficio, el Manchester 62 se fue asentando entre los puestos nobles, coqueteando con la segunda plaza durante toda la fase regular. Lincoln, el ogro local, estaba en otra liga, sí, pero eso no impidió que Danny plantara bandera en el podio. La segunda fase, ese grupo selecto de seis que luchan por el título, fue otra historia. La presión, las expectativas y quizás el vértigo de verse tan arriba hicieron tambalear al equipo. Partidos espesos, errores impropios… parecía que la gesta se iba por el desagüe. Pero el fútbol, como la vida, a veces se resume en una noche. Y fue en la última jornada, cuando ya casi nadie creía, cuando el equipo de Higginbotham sacó carácter, venció y recuperó una segunda plaza que supo a gloria. Europa estaba a sus pies: Conference League, un pasaje continental ganado con sudor. Ahora, con la Roca a sus espaldas y la mirada en el horizonte, Danny recibe una llamada desde Inglaterra. Un recién descendido de la Vanarama, una promesa de redención en las profundidades del fútbol inglés. Es el dilema de todo aventurero: ¿seguir construyendo el sueño en tierras lejanas o volver a casa para levantar a un recién caído? Capítulo II – La gloria que rozamos Pudo ser Londres, pero no lo fue. Con algunos ahorros en el bolsillo y el respaldo de una primera temporada sólida, Danny Higginbotham decidió quedarse en Gibraltar. Rechazó el frío de una ciudad gris en las afueras de la capital británica para seguir construyendo algo en el Manchester 62. La posibilidad de debutar en Europa como técnico pesó más que cualquier retorno emocional a las islas. El sorteo de la UEFA Conference League no fue benévolo: FK Sarajevo, un rival curtido y con internacionales en sus filas. Aun así, el Manchester 62 viajó a Bosnia sin complejo alguno. El 2-1 adverso dejó la eliminatoria abierta. En la vuelta, los gibraltareños comenzaron ganando con un gol tempranero, pero un doblete del venezolano Adalberto Peñaranda parecía sentenciar la eliminatoria. Sin embargo, el equipo no bajó los brazos y logró empatar el partido. Aunque no sirvió para avanzar, fue un momento inolvidable para la afición, que lo celebró como si hubiesen alzado un título. La pretemporada se cerró con dos amistosos ganados con solvencia. El equipo arrancó la liga con optimismo, pero pronto quedó claro que la estructura semiprofesional del club podía volverse en su contra. Varios jugadores clave abandonaron el equipo tras comenzar la temporada. La situación fue especialmente crítica en la portería: de los tres guardametas, dos se marcharon. Dominique Youfeigane dejó una venta histórica rumbo al Sochaux y Nando se fue gratis al Illescas. El club quedó con un solo portero disponible hasta el mercado de enero. La temporada empezó mal. El equipo perdió la Copa Pepe Reyes ante el Lincoln, que había hecho doblete la temporada anterior. Hasta noviembre, el Manchester 62 apenas sumaba victorias y caía hasta la penúltima posición. Consciente del riesgo, Higginbotham intervino: abandonó el juego más elaborado y apostó por un estilo más directo, buscando transiciones rápidas y verticalidad. El cambio funcionó. El equipo reaccionó. En la segunda fase, ya estaban en quinta posición con sensaciones positivas. Pero el punto de inflexión real llegó con la Copa del Peñón. Ronda a ronda, el equipo avanzó sufriendo, muchas veces en prórrogas. En semifinales, un drama. En la final, un agónico triunfo ante Europa FC. Primer título como técnico. Y, de nuevo, pasaje europeo. La temporada cerró con una inesperada cuarta posición. Habían estado hundidos en la tabla meses antes. Fue un cierre brillante. Sin embargo, Danny rechazó dos reuniones para renovar. No era descontento. Era algo más profundo. Nostalgia. Ganas de volver. La Roca le había dado mucho. Pero también le recordaba lo que extrañaba. Capítulo III – Cork no se rinde Higginbotham sabía que podía quedarse en Gibraltar. Su equipo era más sólido, con opciones reales de pelear el título. Pero también sabía que el techo del proyecto era bajo. Europa era un espejismo recurrente. Lo que quería era otra cosa. Dimitió con serenidad y buscó nuevas aventuras. Se postuló para banquillos con sentido: Montrose, East Fife, Notts County. Todos le dieron la espalda. La puerta británica parecía cerrada. Entonces, Irlanda. De vacaciones en el sur, asistió a un partido del Cork City FC. El equipo, rezagado en liga, generaba más que lo que convertía. Su presencia en el Turner's Cross despertó el interés del presidente. En cuestión de días, fue nombrado entrenador. El único objetivo: evitar el descenso. Cork, más que una ciudad Cork no es solo la segunda ciudad más grande de Irlanda; es un latido distinto al de Dublín. Con su puerto histórico, su ambiente universitario y su carácter artístico, Cork tiene una identidad marcada, orgullosa, viva. Sus habitantes bromean con ser la “verdadera capital” del país. En lo deportivo, domina el hurling y el fútbol gaélico, pero el Cork City FC, fundado en 1984, es el emblema del fútbol moderno del sur. La liga irlandesa le pareció una locura hermosa: cualquiera podía ganarle a cualquiera. Y aunque el Cork City estaba mal, no estaba muerto. Tras un empate y una derrota, llegaron las victorias. El equipo creyó. Y creció. La salvación se convirtió en posibilidad real. Keating, viejo guerrero de la Vanarama, se erigió como estandarte. Marcó, lideró y fue elegido en el equipo del año como máximo goleador de la liga. Además, el Cork se coló en la final de la FAI Cup, sin hacer mucho ruido, pero con determinación. La liga se cerró en séptima posición. Más que suficiente. Pero la historia no terminaba ahí. La final en Dublín El Aviva Stadium de Dublín acogía la final. Imponente. Casi vacío fuera de los fondos ocupados por las aficiones. El fútbol irlandés aún lucha por hacerse querer. El rival, St. Patrick’s Athletic, fue superior… hasta que dejó de serlo. El Cork empató en el minuto 89. En la prórroga, dominó, golpeó y aguantó. El 4-3 final selló la gesta. Campeones. Y con ello, clasificación europea. ¿Y ahora qué? El club quiere que siga. La ciudad lo ha acogido. Pero el calendario de año natural y la condición semiprofesional del club plantean dudas. La Europa League no llegará hasta agosto. Cambiar de equipo en mitad de temporada es complejo. Higginbotham está contento. Pero no convencido. El futuro es incierto. Pero el legado ya está ahí: una salvación, una copa, un ídolo llamado Keating y una ciudad que canta su nombre entre guitarras y pintas. Capítulo IV – La decisión Seis meses son muchos días sin un vestuario que te reclame. Dimití del Cork City por convicción, no por comodidad. No imaginé que el vacío entre un club y otro se sentiría tan profundo. Y entonces, Escocia. Primero fue Arbroath, el recién descendido de la Premiership, un puerto castigado por el viento del mar del Norte, con un club que todavía se lamía las heridas de un curso cruel. Después aparecieron Raith y Partick Thistle, con sus urgencias particulares, con sus llamadas llenas de promesas y poca pausa. El Partick, desde Glasgow, fue el que más insistió. Me ofrecían calor, estructura, un banquillo con historia y ambición. Estuve cerca. Muy cerca. Pero entonces… apareció Falkirk. Falkirk no es una ciudad de luces. Sitiada entre Edimburgo y Glasgow, es discreta, trabajadora, casi introspectiva. Su símbolo, la Rueda de Falkirk, es una metáfora perfecta del club: estructura, continuidad, sentido. Una maquinaria que espera girar con precisión. El Falkirk Stadium, moderno pero íntimo, se levanta al borde del canal como un recordatorio de que aquí también se sueña. El equipo venía de quedar quinto en la Championship. Ni drama ni euforia. Simplemente, trabajo pendiente. No prometían milagros. Me ofrecían algo mejor: una base. En un mundo lleno de fuegos artificiales, el Falkirk era una luz tenue pero constante. No fue la opción más ruidosa. Ni la más evidente. Pero fue la correcta. O, al menos, la que más se parecía a mí. Falkirk será casa. Que empiece la reconstrucción. Capítulo V – La rueda empieza a girar El mercado veraniego trajo consigo decisiones importantes. Sentía que debíamos reforzar el ataque, y de inmediato pensé en Keating. Me parecía el perfil ideal. Pero me llevé una sorpresa: Keating había decidido que ya había tenido suficiente fútbol en Gran Bretaña. Prefería quedarse en Irlanda, en el Cork City. Así que cambié el enfoque… y miré dentro del propio Cork. Allí encontré a Daire McDonald, un joven atacante con desparpajo, verticalidad y margen de crecimiento. No fue barato, pero aceptó venir conmigo. A él se sumó un joven inglés que los ojeadores del club me pusieron sobre la mesa: Kerr, formado en la cantera del TNS galés. También lo incorporamos. Creía que serían buenos complementos para MacIver… pero me equivoqué: fueron mucho más que eso. Además, necesitábamos con urgencia un central zurdo. Entre las opciones que me ofrecieron los ojeadores, me decidí por Jacob Bedeau, que había quedado libre tras su salida del Notts County. Con estas piezas, la Rueda estaba lista. Solo faltaba hacerla girar. El estallido El Falkirk no prometía fuegos artificiales. Y, sin embargo, el arranque fue pura pólvora. En la Viaplay Cup, el equipo despachó con autoridad a Brora Rangers, Cove Rangers y East Fife. Solo el Dundee United nos frenó en el debut. Pero la gran campanada llegó en cuartos: un 2-0 al Celtic que dejó atónito a todo el país. No era solo una victoria: era una advertencia. En la Cinch Championship, el equipo también salió disparado. Para septiembre, ya se hablaba de nosotros como un serio candidato al ascenso. Fútbol directo, transiciones rápidas, una identidad clara. Inverness, Queen of the South, Queen’s Park… todos cayeron. La caída en la semifinal de la Viaplay ante el Rangers (1-2) dolió, sí. Pero también fue reveladora: el Falkirk ya podía medirse con los grandes. El peaje del otoño El otoño, sin embargo, trajo su peaje. La eliminación en el Trust Trophy y una racha de resultados tibios en liga encendieron las alarmas. El vértigo del calendario nos pasó factura. Pero el equipo supo rehacerse. Diciembre fue el mes de la redención. Enero, el de la estabilidad. Y con él llegó una nueva cara —o más bien, una vieja conocida para mí de los días en Cork—: Stuart Kelly, que vino a reforzar la banda derecha. En febrero, el Falkirk arrasó. Cuatro victorias consecutivas, otra ronda superada en la Copa de Escocia, y un equipo que recuperaba su mejor versión justo cuando más lo necesitaba. Un final con sabor a casi La liga se cerró con solidez. Siempre entre los primeros puestos. Con una idea firme: el Falkirk no solo soñaba con volver a la Premiership. Estaba preparado para hacerlo. En los playoffs de ascenso, vencimos con temple al Queen’s Park. La final, ante el St Mirren, era el último escalón. En la ida, en el Falkirk Stadium, caímos 0-1 pese a haber hecho más. En la vuelta, en el St Mirren Park, lo intentamos todo. Logramos marcar, peleamos hasta el final, pero el 2-1 en contra selló un global de 3-1 para los de Premiership. No hubo ascenso. Pero sí hubo algo más valioso: Una identidad recuperada, una afición que volvió a creer, y un club que volvió a latir. Capítulo VI – El regreso de los Bairns Subimos. El Falkirk FC cerró la temporada 2027/28 cumpliendo un sueño que había parecido inalcanzable durante casi dos décadas: el regreso a la Premiership escocesa. Todo comenzó en verano, entre amistosos que sirvieron más para construir grupo que para buscar resultados. La Viaplay Cup nos dejó buenas sensaciones, aunque la eliminación ante Rangers en segunda ronda fue un pequeño recordatorio de todo lo que aún nos separaba de los gigantes. Agosto fue duro. Muy duro. Las nuevas incorporaciones rompieron el equilibrio que habíamos conseguido y encadenamos derrotas inesperadas que minaron la moral del vestuario. Recuerdo especialmente aquella tarde tras perder, cuando reuní al grupo en el vestuario vacío y les hablé con el corazón. No eran solo palabras: era la necesidad de reconducir lo que habíamos empezado a construir. Salimos de esa charla diferentes. Más fuertes. Desde octubre tomamos el liderato de la Championship. Y no lo soltamos. Cada partido era una batalla, cada viaje fuera de casa un desafío superado. Inverness, Partick Thistle, Queen's Park... Íbamos ganando respeto, pero sobre todo, íbamos ganando fe. La sensación era real: podíamos lograrlo. Debíamos lograrlo. En noviembre llegaron tentaciones. Millwall, Luton Town... ofertas de Inglaterra que habrían ilusionado a cualquiera. Pero no a mí. Este proyecto era mío también. Lo había elegido. Lo había defendido. Rechacé las reuniones. Y el club respondió con un gesto de gratitud que todavía me emociona: la renovación por dos años. Firmé sin dudarlo. Diciembre trajo turbulencias. Tropiezos que dolieron, heridas que picaban. Pero enero fue bálsamo. Volvimos a ganar. Volvimos a ser nosotros. Y fue entonces, en pleno invierno, cuando llegó un golpe inesperado: Bradley Kerr. El Linfield puso una oferta sobre la mesa que no pudimos rechazar. Nos aseguramos 750 mil euros y un 50% de su futura venta, pero dolió. Tuvimos que reaccionar rápido. Adam Brooks, joven promesa del Queen of the South, llegó para tapar la herida antes de que sangrara más. No fueron solo nombres propios. Fue un grupo. Robbie Mutch, nuestro guardián bajo palos, siempre fiable, siempre presente. Tom Lang y Jacob Bedeau, el muro donde se estrellaban los sueños rivales. Un vestuario que entendió que la fuerza no estaba en el talento individual, sino en el compromiso colectivo. En abril, lo sellamos. Campeones. Ascendidos. El Falkirk FC 2027/28 ya es parte de la historia del club. No solo por el trofeo alzado. Sino por devolver a una ciudad su orgullo. Por recordar que los sueños, a veces, solo necesitan tiempo, fe y un grupo de hombres dispuestos a luchar hasta el final. Ahora nos espera la Scottish Premiership. Y esta vez, no vamos como invitados. Esta vez, vamos como campeones. Capítulo VII – El eco de los grandes La Premiership no perdona. Ni espera. Y el Falkirk, de regreso tras casi veinte años de ausencia, lo sabía. Julio fue un espejismo de verano. Goleadas en amistosos, victorias contundentes en la Viaplay Cup ante Brora y Cove Rangers, y una clasificación solvente. Pero en cuanto el telón se alzó de verdad, en Ibrox, el Rangers fue claro: 3-0 y bienvenidos a la realidad. La respuesta, sin embargo, fue rápida y firme. En casa, ante Hibernian y Dundee United, el Falkirk se hizo fuerte. Vencer al Hearts en Edimburgo fue algo más: fue una declaración. Este equipo no venía a sobrevivir. Venía a competir. Agosto y septiembre fueron un vendaval de puntos, con Brooks como revelación, McDonald aportando desborde y un mediocampo que combinaba fuego y hielo. Solo un empate ante Dundee y un 0-0 ante Kilmarnock empañaron una racha que ilusionó a propios y extraños. Pero octubre recordó que la Premiership es cruel. Tres semanas sin ganar, una eliminación dolorosa en cuartos de la Viaplay Cup ante Hearts, y derrotas ante Celtic y Rangers. Dolieron. Pero también enseñaron. Noviembre trajo luz: victorias importantes ante Hearts y un valioso punto ante Dundee. Diciembre fue irregular, pero cerró con un triunfo vital en Kilmarnock y otra victoria ante Ross County. El cambio de año, sin embargo, fue un mazazo. El 4-1 encajado ante Rangers recordó que el techo seguía lejos. Pero enero se salvó con otra victoria ante Hearts y el pase de ronda en Copa de Escocia. Febrero fue negro. Tres derrotas consecutivas en liga y una sensación de desgaste. El equipo estaba fundido. Pero marzo fue primavera: victoria agónica ante Aberdeen en Copa y empate ante Celtic que volvió a ponerlos en el mapa. Abril fue de reconstrucción. El triunfo en semifinales de Copa ante Hibernian abrió otra posibilidad de gloria. Pero hubo más: gracias a la clasificación liguera, el Falkirk aseguró su presencia en la 2ª ronda de la ruta liga de la Conference League. En el club, la noticia cayó como un regalo anticipado: la posibilidad de disputar una fase de grupos europea ilusiona tanto como cualquier trofeo. Poder competir en Europa, medirse a otros estilos, a otros contextos... es un premio y un nuevo desafío. Y aunque en liga el Grupo Campeonato fue desigual, el equipo mantuvo el pulso. Y entonces, la final. Hampden Park. Celtic. Un duelo que tuvo de todo: intensidad, emociones, goles, prórroga. El Falkirk empató dos veces. Peleó cada balón como si fuese el último. Y cuando el sueño parecía rozable... los penaltis lo arrancaron de sus manos. Celtic se llevó la copa. Pero el Falkirk se llevó algo más. Respeto. Identidad. Y una sensación firme: han vuelto para quedarse. Y si bien los trofeos colectivos son siempre el objetivo máximo, hay reconocimientos que reconfortan. Al término de la temporada, el cuerpo técnico recibió un triple homenaje inesperado: tres premios al mejor entrenador del año. Uno otorgado por los propios colegas de profesión, otro concedido por la prensa especializada, y un tercero votado por los propios futbolistas. No es común ese nivel de consenso. Y aunque la Scottish Cup se escapó por un suspiro, sentir ese respaldo y respeto generalizado fue un premio en sí mismo. La Rueda gira. Y ya no hay marcha atrás. Capítulo VIII – Una temporada para aprender a respirar El verano de 2029 arrancó como suelen hacerlo los veranos en Falkirk: con ilusión y un punto de incertidumbre. Los amistosos fueron un carrusel de goles, con empates ante Carlisle (2-2) y Fleetwood (4-4), victorias sufridas y algún golpe duro como el 0-5 ante el Fulham. El equipo todavía se buscaba, aún calibraba qué lugar ocupar en una Premiership que no perdona. Y entonces, Europa. Un regalo inesperado en mitad de julio. Ante el modesto Turan Tovuz, el Falkirk vivió noches de pura locura: 5-4 en casa y un sólido 0-1 en Azerbaiyán. No estaba en los planes ni siquiera pasar de ronda, pero el equipo empezaba a saborear algo distinto. Un paso más ante Pogoń Szczecin (1-4 y 3-0) y otro ante Nordsjælland (5-2 y 0-2) terminaron de confirmarlo: los Bairns jugarían la fase de liga de la Conference League. Un territorio nuevo, un aire que nunca antes habían respirado. Agosto y septiembre: bienvenida a la realidad La liga comenzó sin concesiones: derrota en Celtic Park (1-3), tropiezo en St Johnstone (1-3)… pero también victorias importantes en casa, como el 2-1 al Greenock Morton en Copa. Entre semana, Europa obligaba a aprender rápido; los viajes, las rotaciones y el peso de las noches continentales se mezclaban con la crudeza de la Premiership. En septiembre, un empate en Dundee y un triunfo de carácter ante Hibernian (3-2) devolvieron confianza. La Rueda giraba con esfuerzo, pero giraba. Otoño: cuando todo aprieta Octubre y noviembre trajeron los contrastes de un club en crecimiento. Empates con sabor amargo ante Dundee United (2-2) y un 0-0 frente al Morton, derrotas ante Celtic y Rangers, pero también la emoción de pelear en Europa. Hubo empate ante el Stuttgart (2-2), un triunfo memorable contra el Panathinaikos (4-3) y una victoria sufrida en Dinamarca contra el Randers (4-3). Mientras tanto, en liga, el equipo resistía el desgaste, sumando puntos vitales que lo mantenían en la zona media-alta. La Viaplay Cup nos recordó los límites: derrota en cuartos de final contra St Johnstone (2-4) y eliminación dolorosa. El Falkirk aprendía a vivir en varios frentes. Invierno: tentaciones y convicciones Diciembre fue irregular, con empates que dejaban dudas y una goleada salvadora al Aberdeen (6-1) para cerrar el año con aire en los pulmones. En enero, además de goles, llegaron tentaciones desde Inglaterra: clubes de Premier y Championship tantearon a Danny. La oferta más dura de rechazar vino del Sunderland, el club donde había jugado. Hubiera sido un retorno cargado de nostalgia, pero Higginbotham se mantuvo firme en un principio inquebrantable: no dejar un proyecto a mitad de temporada si depende de él. La brújula apuntó de nuevo al Falkirk. Primavera: Europa como espejo, Escocia como examen En febrero, el Falkirk eliminó al Genk con un empate épico en Bélgica (2-2) y un 3-1 en Escocia que hizo estallar al Falkirk Stadium. En marzo, los octavos contra el Brighton devolvieron a la tierra: un 3-2 de orgullo en casa y un 1-4 de realidad en la vuelta. Europa se escapaba, pero nadie olvidaría que el club había llegado mucho más allá de lo previsto. En liga, mientras tanto, los altibajos fueron constantes: victorias sufridas ante Hibernian (4-3) y Hearts (3-2), empates ante Ross County y Dundee United, derrotas ante Rangers y Celtic. El Falkirk no siempre ganó, pero siempre compitió. Y cuando en abril y mayo se abrió el Grupo Campeonato, el club estaba allí, entre los seis mejores del país, midiéndose sin complejos a los gigantes. El cierre fue áspero —derrotas ante Kilmarnock y Celtic, victoria final contra el Hearts—, pero el mensaje estaba claro: Falkirk había llegado para quedarse. El nombre propio: Daire McDonald Si la temporada fue de aprendizajes colectivos, tuvo un protagonista individual indiscutible: Daire McDonald. El delantero llegó con promesa de desborde y juventud, pero terminó convertido en bandera. Fue máximo goleador de la Premiership y tercero en la Conference League, cargando al equipo en las noches más duras. Su instinto lo llevó también a ser finalista al premio de Mejor Jugador de la liga y, como si fuese un guiño del destino, acabó siendo el único futbolista del once ideal de la Premiership que no vestía las camisetas del Celtic o del Rangers. En una liga monopolizada por gigantes, McDonald fue el intruso orgulloso que rompió el molde. Los premios que cuentan En Hampden, el trofeo al Manager del Año fue para el técnico del Kilmarnock, justo reconocimiento a una campaña admirable de los suyos. Pero el eco del vestuario y de los despachos fue otro: por segundo año consecutivo, Higginbotham fue elegido Mejor Entrenador por la prensa y por los propios jugadores. El premio oficial no llevaba su nombre, pero el respeto, dentro y fuera del campo, sí. No hubo títulos, ni falta que hicieron. Hubo noches europeas que parecían imposibles, rachas en liga que pusieron a prueba la fe, un delantero convertido en ídolo inesperado y la certeza de que el Falkirk volvió para quedarse. Desde la Conference hasta la Premiership, desde las tentaciones de Inglaterra hasta la fidelidad a un club que le abrió las puertas, la temporada 2029/30 quedará como la del gran aprendizaje. La Rueda de Falkirk dio otra vuelta. Y Danny, firme en su convicción, sigue empujando. Capítulo IX – El salto definitivo No fue una temporada cualquiera. La 2030/31 fue, para Danny Higginbotham, un viaje con retorno incluido: un regreso al pasado, una confirmación en presente y una herida con forma de lágrima europea. El Falkirk comenzó julio como siempre: con trabajo. Tres victorias en los amistosos iniciales -Huntly, Bromley, Tranmere- y una derrota ante Colchester que sirvió como advertencia. Pero el verdadero inicio no fue en casa, ni en liga. Fue en Budapest. Allí, ante el MTK, el Falkirk inició su andadura en la Conference League con un empate que olía a poco (2-2). Pero en la vuelta, la Rueda giró con fuerza: 3-0, superioridad clara, clasificación. Le siguieron Saburtalo y Estrella Roja. Y, aunque el viaje a Belgrado se complicó (0-2), el 5-1 en casa bastó. El Falkirk, contra todo pronóstico, alcanzaba la fase de liga. La Premiership, sin embargo, arrancó más espesa. Derrotas ante Rangers, Hibernian y Kilmarnock, empates frustrantes... Pero mientras los puntos se escapaban, el equipo creaba una identidad. Y cuando se asentó, llegaron los frutos: victorias ante Ross County, St. Johnstone, Hibernian, Motherwell. Un estilo directo, valiente, con transiciones veloces y énfasis en los costados. En Europa, la fase de liga fue una sucesión de pruebas superadas. Solo Sevilla y Basel lograron doblegar a los Bairns. El resto -Cardiff Met, Craiova, Rijeka, Mezőkövesd- cayeron ante un equipo que ya no jugaba como debutante. Clasificados a octavos, el sorteo quiso algo más que fútbol: les tocaba Cork City. Para Danny, no era solo un cruce continental. Era un regreso emocional. Turner's Cross había sido su casa. Allí había logrado una copa, una salvación, una identidad. Y cuando pisó de nuevo ese césped, el silencio habló por él. Fue un empate sin goles, contenido. En la vuelta, Falkirk selló el pase (2-0), pero Danny no celebró. Hay regresos que no admiten fuegos artificiales. El mercado invernal trajo un nombre: Martin Ward. Joven, versátil, con llegada desde segunda línea pero también capaz de rendir como central, Ward ofreció a Higginbotham una pieza con la que redibujar sistemas. Procedente del Stoke City, su fichaje por 4,2 millones de euros fue una declaración de intenciones. Higginbotham había seguido su evolución en silencio desde una sesión de selección juvenil. En enero, lo trajo. Y Ward no tardó en dejar huella. Su irrupción dio oxígeno a un equipo que lo necesitaba. Pero entonces, Sevilla. Otra vez. Los octavos. Un nuevo muro. Esta vez, no hubo milagro: 1-3 en casa, 0-3 en el Pizjuán. Fin del sueño continental. En liga, el Falkirk entró en el Grupo Campeonato con ritmo irregular, pero todo cambió en el sprint final. Nadie lo vio venir, ni a principio de temporada ni siquiera diez jornadas antes del cierre: el Falkirk encadenó victorias clave ante Celtic (2-1), Rangers (2-1), y un empate ante Dundee United que consolidó una tercera plaza histórica. Solo por detrás de Celtic y Rangers, el club firmaba su mejor posición en la era moderna de la Premiership. Otro año más, Danny Higginbotham volvió a ser elegido como Mejor Entrenador por los jugadores y, esta vez, también se llevó el trofeo oficial al Manager del Año.Y Danny también. De Budapest a Cork. De la derrota a la fe. De Martin Ward al futuro. La temporada 30/31 no fue la del título, ni la del milagro. Fue la del reconocimiento. La de un Falkirk que se mira al espejo y, esta vez, se ve entre los grandes. Y la de un técnico que, tras tantas vueltas, por fin empieza a parecerse a lo que siempre quiso ser. Danny ha rechazado ya en dos ocasiones la renovación de su contrato. No es una ruptura. No hay tensión ni portazos. Solo la conciencia de que toda etapa, incluso las más intensas y exitosas, tienen un final natural. El Falkirk y Danny Higginbotham han crecido juntos. Se han dado mucho. Y quizás, por eso mismo, saben que también es legítimo cerrar el ciclo con dignidad. El club lo respeta. La afición lo entiende. Y Danny, con la serenidad del trabajo cumplido, empieza a mirar más allá del Falkirk Stadium. Queda una última decisión. La más importante. Veremos cuál es. Capítulo IX½ – El instante antes del salto Hay etapas que terminan sin estruendo. Sin cicatrices ni portazos. Solo con un abrazo sincero y la certeza compartida de que ya no hay más por crecer juntos. Eso fue Falkirk. Y eso fue lo que Danny Higginbotham sintió al cerrar la puerta de su despacho por última vez. Allí vivió lo mejor de su carrera como entrenador. Allí construyó un equipo a su imagen, con identidad clara y fútbol reconocible. Allí maduró, sufrió, celebró. Pero también supo, con una claridad extraña, que el techo estaba alcanzado. Que todo lo que podía dar y recibir de ese club ya estaba entregado. La directiva lo intentó. Hasta tres veces. Le ofrecieron la renovación con respeto y afecto, sin presionar, sin rodeos. Pero no había ilusión ya. No por desamor, sino por realismo. Cuando uno ha dado todo, lo que queda es agradecer, no forzar. Y eso hicieron: un apretón de manos, un silencio compartido y una despedida limpia. Las puertas que se abren No tardaron en llegar las llamadas. Inglaterra estaba al tanto. Danny había metido al Falkirk en Europa y le había plantado cara al Sevilla. Eso no pasaba desapercibido. Dos nombres destacaron rápido: – Leeds United, en Championship, buscaba resurgir. – Leicester City, recién salvado, necesitaba rearmarse. Higginbotham acudió a ambas entrevistas con cabeza fría. En Leicester, la conexión fue inmediata. Proyecto, recursos, ambición. Salió convencido de que podía ser su nuevo destino. Pero no lo fue. Otro nombre se llevó el puesto. Mientras tanto, Leeds esperaba respuesta. Club histórico, sí. Pero Championship. Y tras jugar en Europa, costaba imaginarse bajando un escalón. Aun así, el reto tenía un sabor distinto. Ilusionaba, aunque con matices. Entonces, la llamada inesperada. Watford El Watford se había salvado con sufrimiento, acabando un puesto por encima del Leicester. Y ahora, precisamente por la marcha de aquel que le había quitado el puesto en el King Power, se abría una vacante. No era el club más glamuroso. No tenía historia centenaria, ni un plantel deslumbrante. Pero era Premier League. Watford, la ciudad, es un rincón discreto del norte del Gran Londres. A medio camino entre metrópoli y suburbio, combina la tranquilidad residencial con la cercanía de la capital. No es un lugar de grandes titulares, pero respira fútbol desde hace décadas. El club, fundado en 1881, ha vivido a menudo entre dos mundos: demasiado sólido para desaparecer, demasiado modesto para instalarse en la élite. Su momento de gloria llegó en los 80, con Graham Taylor y Elton John impulsándolo hasta un subcampeonato de liga y una final de FA Cup. Desde entonces, altibajos, ascensos, descensos, permanencias sufridas. Y el estadio, Vicarage Road, es un reflejo perfecto del club: compacto, intenso, íntimo. Cuatro gradas muy pegadas al césped, ruido sincero, afición que no exige milagros pero no tolera apatía. Un lugar donde el fútbol se siente cerca, sin filtros ni focos artificiales. La decisión Danny lo sabía: no era el equipo ideal. La plantilla no lo convencía del todo. Sabía que habría que reconstruir. Pero también sabía que los sueños, a veces, llegan disfrazados de reto. Así que, cansado de esperar, dejó su decisión al azar. El primer club que pusiera un contrato real sobre la mesa, tendría su firma. Y fue Watford. Sin épica. Sin grandes titulares. Pero con el pulso firme y la mirada hacia arriba, Danny Higginbotham se convirtió en nuevo entrenador del Watford Football Club. Por fin, estaba en la Premier League. Capítulo X – La fatiga del alma El verano inglés es engañoso. Parece liviano, casi amable, pero trae consigo la carga del futuro. En esos días largos, cuando el césped aún huele a promesa y las camisetas pesan poco, uno cree que todo está por construirse. Ganamos en Brujas y sonreímos como si el pasado ya no doliera. Pero las heridas que no se curan en junio supuran en octubre. Anderlecht, Udinese, Sevilla… nombres que debían ser medida y acabaron siendo aviso. El homenaje a Ngakia fue hermoso, aunque también una trampa: nos aferramos tanto a los símbolos que olvidamos ajustar las tuercas. El balón corría, pero no hería. La defensa reculaba, sin resistir. Algo se nos escapaba, y aún no sabíamos el precio. El arranque liguero fue una ráfaga. Victoria limpia ante el West Ham, tres puntos en Southampton que supieron a pan recién hecho. Pero la derrota en Brentford y el descalabro ante el City nos colocaron frente al espejo. Caímos en la Copa de la Liga sin ruido, sin épica. Un martes cualquiera, sin testigos. En esos partidos mueren los discursos. El primer parón de selecciones se llevó la inercia. Vi marchar a los internacionales y, con ellos, al hambre. A la vuelta, el Ipswich nos quitó la alfombra. Brighton nos pasó por encima con una naturalidad dolorosa. En casa salvábamos los muebles; fuera, éramos frágiles. Un equipo que no sabía sufrir ni imponer. Un equipo a la deriva. La noche del 1-6 ante el United fue una bisagra. No solo por el marcador, sino por lo que quebró. Aquel lunes, en el entrenamiento, noté otra mirada: ya no buscaban respuestas, sino distancia. Como si no quisieran más dolor. Yo tampoco. Pero era el responsable del dolor ajeno. Después vino Stamford Bridge y la tabla empezó a hablarnos sin compasión. Con noviembre llegó la lluvia. Esos días de cielo plomizo donde todo pesa más. Empatamos con el Everton sin disparar a puerta. Cinco goles en el Emirates. Un gol solitario al Fulham. En Anfield, orden sin recompensa. Y el zumbido de siempre en los medios: ¿Se ha agotado el mensaje de Higginbotham? La Navidad trajo tregua. Tres victorias —Palace, Bournemouth, Forest— nos devolvieron algo de oxígeno. Sonrisas, gestos de complicidad. Pero duró poco. Las fiestas confunden: partidos cada tres días, piernas cansadas, cabeza nublada. Perdimos en Newcastle, nos deshicimos en Leicester. Fin de la primera vuelta: décimos, más goles en contra que a favor, y la sensación de que la FA Cup era un refugio, no un objetivo. El mercado invernal pasó sin milagros. Algún ajuste, ninguna solución. Enero fue supervivencia: Cardiff y Derby nos mantuvieron en copa, en liga flotamos. Empates grises, derrotas inevitables. El desastre en Villa Park —seis goles— nos devolvió al abismo. Febrero fue eco y repetición. Brighton, United, Everton. Caídas sin ruido, igual de letales. Solo la FA Cup nos ofrecía respiro. El 4-0 al Bristol Rovers fue alivio infantil: breve, necesario. Y entonces llegó marzo, como a veces sucede en este juego, sin avisar. Victoria ante el Arsenal, clasificación ante Oxford, tres partidos sin encajar. No era el fútbol total, pero sí la dignidad. El equipo volvió a creer. Poco a poco. En abril tocamos hueso. Liverpool, Tottenham, Palace… exigencia pura. Sumamos sin brillo, pero no nos rompimos. En la semifinal de Wembley ante Newcastle, el Watford volvió a ser reconocible: solidez, ambición, carácter. Ganamos 2-0, con seriedad. Aquella noche, en el hotel, no pensé en el futuro. Solo en una idea: estos chicos todavía tienen algo dentro. Mayo fue un sprint emocional. La goleada al Forest nos impulsó; la derrota en Newcastle nos recordó. Y ante Leicester, un gol tardío encendió algo. El día 22, Wembley. Crystal Palace. Final de FA Cup. Wembley. Todo lo que habíamos sufrido, todo lo que habíamos tragado sin hacer ruido, estaba ahí. En ese césped perfecto y cruel, bajo un cielo plomizo que parecía contener la historia. Fue un partido áspero, espeso, como la temporada. Dos equipos que no estaban allí por casualidad, pero tampoco por costumbre. Nadie regaló nada. Cada pase, cada duelo, era una trinchera. Y entonces, en el minuto 71, cuando el partido ya no respondía a las pizarras sino a los instintos, llegó. Una jugada desordenada, nacida del barro. El balón dividido, la presión al borde del reglamento. Y entre todo ese caos, claridad: Hinshelwood, imperial toda la tarde, levantó la cabeza y filtró un pase imposible. Colombo lo leyó medio segundo antes que todos. Colombo. El delantero al que muchos ya daban por descartado. El que había peleado cada minuto en silencio. El que no pestañeó cuando el balón le llegó en el área. Control seco, latido contenido, y definición seca, certera, definitiva. Gol. No lo celebramos como se celebra un gol. Lo rugimos como se reclama una deuda con la historia. Wembley rugió. Y nosotros, por primera vez en mucho tiempo, no dudamos. Defendimos ese gol como quien protege algo sagrado. Pitido final. FA Cup. Otra vez. Pero esta vez, la primera mía. Mi primer gran título. En Inglaterra. En Wembley. Y con este grupo. Los jugadores corrieron hacia la grada, se abrazaron como si el tiempo se hubiera detenido. Algunos lloraban. Otros reían sin saber muy bien por qué. Yo me quedé quieto. De pie. En silencio. Mirando. A los míos. A Colombo, derrumbado en el césped. A Hinshelwood, con los brazos en alto como si sujetara el cielo. Al escudo en mi pecho. A la copa. La FA Cup. Nuestra FA Cup. Ganamos una copa. Pero más que eso, ganamos tiempo. Y en este oficio, el tiempo es la única victoria que no se gasta. Capítulo XI – El peso de la continuidad El verano volvió, y con él, esa falsa sensación de liviandad que tanto confunde en Inglaterra. Los entrenamientos al sol, las sonrisas de los recién llegados, la esperanza vestida de corto. Pero esta vez no era igual. No empezábamos desde el barro, sino desde el pedestal. Campeones de FA Cup. Había que sostener. Había que resistir. La Community Shield ante Chelsea fue una bofetada sin ceremonia. Derrota clara. Como si el fútbol se apresurara en recordarnos que la cima no es refugio, sino intemperie. El inicio liguero fue dulce, incluso festivo: 3-0 a Sheffield, 5-1 a Norwich, autoridad en Burnley y Bournemouth. Pero sabíamos —yo lo sabía— que el calendario tiene memoria, y que lo más difícil no es ganar, sino mantenerse. En Europa, empezamos fuertes. Zagreb, Basel, Feyenoord… buenos partidos, buenos síntomas. Pero la Europa League no se juega solo con talento: exige rotaciones, resiliencia, un estómago a prueba de miércoles. A veces brillábamos, a veces sobrevivíamos. Clasificamos, sí, pero no sin grietas. En la FA Cup, como campeones, salimos con orgullo. Sheffield, Leicester, Cardiff… partidos donde impusimos jerarquía. Pero cuando llegó el City, se acabaron las metáforas. Cinco goles que nos bajaron a tierra. En una eliminatoria, no hay margen para la poesía. Y la Premier… la Premier fue el espejo. Un año de contrastes. De secuencias brillantes y pozos oscuros. De noches contra el Arsenal o el Chelsea que supieron a épica, y de derrotas ante Newcastle, Villa o Brighton que nos vaciaron. Perdimos más veces de las que queríamos. Pero no nos rompimos. Enero y febrero fueron un reto físico. Partidos cada tres días, piernas de plomo, rivales con hambre. El equipo empezó a arrastrar dudas. Pero cuando el calendario se volvió cruel, respondimos con coraje. En Europa, nos crecimos ante Bodø/Glimt y dimos una lección táctica al Sporting en octavos. Contra Aston Villa, en cuartos, la eliminatoria fue un acto de fe: derrota dura en la ida, remontada quirúrgica en casa. El grupo creía. Yo también. La semifinal no llegó. El guion no era de cuento esta vez. Pero nos habíamos hecho presentes. Europa ya no era una excursión. Era parte del mapa. En la liga, cerramos con orgullo: victorias ante Southampton, West Ham y un Newcastle que aún dolía. No peleamos por Europa, pero tampoco por evitar el descenso. Estuvimos donde queríamos: en tierra firme. La temporada terminó sin celebraciones, sin lágrimas. Solo un aplauso lento en Vicarage Road, y la sensación íntima de haber dado un paso. Uno pequeño. Uno necesario. Colombo, Clare y el once que fue ley Lorenzo Colombo volvió a ser central en nuestra narrativa. Ya no era solo el héroe de Wembley. Fue el mejor jugador de la Europa League, su máximo goleador, y el delantero que convirtió cada partido continental en una cuestión personal. 12 goles en 11 partidos, uno tras otro, como si llevara cuentas pendientes con el continente. Su nombre ya se escucha en despachos de media Europa. Cuatro clubes interesados. Declarado transferible. No por castigo. Por contexto. En la otra banda, Fabian Clare, a sus 22 años, se consolidó como el jugador más desequilibrante de la plantilla. No siempre regular, no siempre entendible, pero con ese don de los especiales: alterar el partido desde el caos. El Chelsea vino con una oferta. Dura. Jugosa. La rechazamos. Clare lo entendió. Hablamos. 142 millones será la cifra. Si llega, lo sabremos los dos: ese será el final de este capítulo. El sistema ya era nuestro viejo abrigo: 4-2-4 estructurado, contragolpe puro. Clare y Augustine por fuera, Colombo y Steacy arriba, y el dúo Gibbs-Hinshelwood como motores. En la zaga, Cirkin, Carey, Cresswell y Weiβ. Más guerra que poesía. Pero funcionó. Casi siempre. Una temporada sin título, pero con palabra En Europa hicimos ruido. Eliminamos a Bodø/Glimt con contundencia y remontamos al Sporting de Lisboa con una mezcla de fe y orden táctico. La caída ante Aston Villa en cuartos no dolió por cobardía, sino por hambre. Porque queríamos más. En FA Cup, el City nos despertó de golpe. En Carabao, caímos en semis ante el United. Sin lamentos. Sin épica, pero con dignidad. Y eso vale más de lo que parece. La Premier League fue el verdadero termómetro: 11º con 49 puntos, más goles en contra que a favor, pero sin angustias. Por delante de Everton, Leicester, Fulham. Muy lejos del descenso. Y, sobre todo, con una idea. Epílogo de piel gruesa En este oficio, sobrevivir es ganar. No siempre hay trofeos. A veces, el premio es simplemente poder seguir. No sé qué traerá el próximo año. Algunos se irán. Otros vendrán. El calendario volverá a girar, indiferente. Pero esta vez no partimos desde la urgencia. Tenemos tiempo. Tenemos equipo. Y, lo más importante, tenemos historia reciente. Ahora, toca construir memoria. Capítulo XII – El Silencio de Londres Aquella tarde de julio, el Emirates se llenó para un homenaje a Bukayo Saka. Las gradas se rindieron a un hijo del club, pero nadie hablaba de él. Los susurros, en los pasillos, hablaban de otro hombre. Uno que llegaba sin pancartas, sin canciones, sin legado… pero con una libreta bajo el brazo y una sombra en la mirada: Higginbotham. Era el 16 de julio de 2033. El rival, el Lille. El resultado, 5-0. Pero eso no era lo importante. Lo importante era que en la banda, por primera vez, un entrenador sin apellido de leyenda ni acento de documental de Amazon tomaba las riendas de un equipo que se había hecho especialista en rozar las vitrinas sin tocarlas. La pretemporada no fue una preparación. Fue una declaración. Fueron victorias con aroma a promesa: Marseille, Panathinaikos, Fenerbahçe. Había organización, verticalidad y una sonrisa mal disimulada en algunos veteranos. Como si alguien hubiera abierto las ventanas del vestuario tras años de aire viciado. Luego llegó la competición. El ruido volvió con la Community Shield. 4-5 contra el City, en un partido que se escapó como agua entre los dedos. A cambio, se alzó la Supercopa de Europa ante el Eintracht. No era un trofeo mayor, pero en la mirada de Higginbotham, tras ese 3-1 en la prórroga, se leía una verdad antigua: "la única victoria que importa es la próxima". La Premier comenzó con el cuchillo entre los dientes. Victoria por la mínima ante Liverpool, golpe de autoridad en Old Trafford ante el United, y una sinfonía de goles ante el Fulham. Para cuando septiembre cerraba sus puertas, el Arsenal se había permitido golear al Real Madrid (3-0) y al Valencia (4-0) en Champions, aunque cayó con honor ante el City en liga. Había algo reconocible. Una mezcla de solvencia y poesía. Como si Higginbotham no estuviese entrenando, sino escribiendo algo. Octubre y noviembre fueron meses de reafirmación. El equipo ganó, gustó y goleó. Los jóvenes respondían. Los veteranos obedecían. La palabra "equipo" empezó a sonar como una oración. Incluso cuando el Dortmund arrancó un empate o cuando el Brighton eliminó a los gunners de la EFL Cup, nadie dudaba. Había una línea narrativa. Y por una vez, no era trágica. Pero Londres nunca perdona el confort. Diciembre trajo un tropiezo ante el Tottenham. La afición, tan rápida para amar como para sospechar, volvió a fruncir el ceño. El equipo respondió como sabe hacerlo Higginbotham: con un 8-1 al Nottingham Forest y una racha de victorias que dejó a media Inglaterra mirando hacia arriba. Aquel Arsenal no era el mejor equipo del país, pero era el que mejor contaba su historia. Enero trajo la primera bofetada. Una derrota 0-6 ante el Manchester City. Ni las goleadas anteriores, ni la autoridad mostrada en FA Cup, ni el buen andar europeo sirvieron para silenciar la crítica. Londres volvió a rugir. Pero Higginbotham no se inmutó. Ni una palabra fuera de lugar. Solo entrenar. Solo competir. Y ganar. En Europa, el Milan cayó con estrépito. Un 2-1 en San Siro, un 3-0 en casa, y la clasificación a cuartos de final de la Champions. La narrativa se apretaba. Era el primer gran momento. Y el destino, como siempre, citó al Real Madrid. La ida fue una cumbre emocional: 2-1 en el Emirates. Pero en la vuelta, la historia se partió: 4-1 en el Bernabéu. Eliminados. Aplausos. Lamentos. Silencio. Higginbotham no habló. La Premier no se gana. Se sobrevive. Mientras la hinchada digería la caída europea, la Premier League llegaba a su último suspiro. Y con ella, un viejo fantasma: depender del resultado ajeno. El Emirates se preparó para un último asalto. El Chelsea era el rival. Un empate sin goles fue el reflejo de la ansiedad, del miedo, de los 91 puntos que sabían a poco. En el vestuario, los jugadores miraban sus móviles, pero el silencio de Higginbotham era más fuerte que cualquier notificación. En Birmingham, el City ganaba. Hasta el minuto 95. Un gol de Ben Seghir, sin contexto, sin belleza, sin épica... salvo para los hinchas del Arsenal. Porque ese tanto significaba que había empate a puntos. Y la diferencia de goles, caprichosa y mínima, coronaba al Arsenal campeón. Las calles de Londres se llenaron de gritos. Las redes se incendiaron. Pero en el túnel de vestuarios, Higginbotham caminaba hacia el interior del estadio sin mirar atrás. Había ganado la liga. Pero no la guerra. Y Wembley fue el epílogo Tres días después, la final de FA Cup. El rival: Everton. El escenario: Wembley. El resultado: 2-1. El doblete era real. Pero el protagonista no alzó los brazos. No posó con la copa. Higginbotham solo caminó hasta el círculo central, miró al cielo de Londres, y por primera vez en meses, cerró los ojos. Ahora tocaba construir su propio Arsenal.
  12. Estoy comenzando la temporada 24/25 y me genera especial "ilusión" ver como funciona el nuevo formato de las competiciones de la UEFA. En mi caso jugaré la Champions con el Athletic Club. A ver que tal funciona el nuevo formato y que me depara la competición!
  13. Nada. Últimos de grupo con 6 puntos. En el mismo Grupo que Bayern que juega la final de la Champions, Benfica y Chelsea que jugará la final de la Europa League. Ganamos a Benfica y Bayern en casa. Yo creo que viendo el grupo y ganando dos partidos no hicimos mal papel. La directiva piensa que no hemos sido suficientemente competitivos.
  14. Segundo año consecutivo clasificado para la Champions League con el Athletic Club. En la primera temporada 4º y Nico Williams mejor jugador de la Liga En la segunda temporada 3º y Villalibre Pitxitxi con 38 goles. No va mal!
  15. Un año mas aquí! El juego es básicamente el mismo del año pasado con pequeños retoques. No obstante salvo alguna versión un poco mas rompedora viene siendo asi desde sus inicios. Si comparamos alguna de sus primeras versiones con esta última nos daríamos cuenta del alto nivel del juego que tenemos. Mis frustraciones con el juego van mas con algunos de sus errores endémicos que con la falta de novedades. Cuando hablo de sus errores endémicos a mi lo primero que me viene a la cabeza siempre es la gestión de los filiales en España. No me refiero solo a la manera en la que podemos o no jugar con los filiales sino a ver, especialmente cuando empieza a avanzar el juego, jugadores "senior" en los filiales o que tercer y segundo filial se puedan cruzar los papeles. Y es que yo en este tipo de juegos, los valoro por base de datos y por simular lo mas fielmente posible la realidad. Cuando veo ese tipo de errores, me chirrían tanto que me veo obligado a dejar las partidas. Me fastidia, aunque en parte comprendo, lo desnivelado que está el juego si juegas en las ligas de las islas británicas o si lo haces en el resto del mundo. Por último, no sé hasta que punto es consciente el señor Miles Jacobson de que muchos jugadores del FM no jugaríamos ni medio minuto al juego sin el fantástico trabajo desinteresado de este foro y otros foros internacionales con las diferentes piezas que completan el deseado puzzle. Un saludo.
  16. Pues no llevo mucho con el... pero diría que en general sigue la linea de siempre y para los que rozamos la enfermedad con este juego eso es mas que suficiente. Como contra, el de siempre. No logro entender que sea tan difícil encajar correctamente los filiales españoles en la dinámica del juego. Ahora incluso con parche de filiales el entrenador del filial me alinea a jugadores "grises". Una pena... y me frustra bastante.
  17. No sabia que fuese viable generar esas segunda nacionalidades! Excelente!

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