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CAPÍTULO 12: GLORIA Y CENIZAS 2 de Junio. Enrique Roca. El pitido final. El estadio ruge. 33.045 gargantas —récord histórico, dicen— gritan al unísono. Veo a hombres adultos llorando en la grada. Veo bengalas, veo abrazos, veo el caos absoluto. Yo me quedo sentado en el banquillo un segundo más. No siento euforia. Siento que me acaban de quitar una losa de cien kilos del pecho. Hemos ganado. Somos Campeones. Somos equipo de Segunda División. La temporada ha terminado como empezó: al límite. El Nàstic (86 puntos) no parpadeó. Ganaron y ganaron, esperando nuestro fallo. Pero nosotros, este grupo de mercenarios, lisiados y mentirosos, sumamos 88 puntos. LA VENGANZA SE SIRVE FRÍA Si tengo que quedarme con una imagen de este tramo final, no es el trofeo. Es el viaje a Cartagena. Jornada 34. Cartagonova. Ellos nos echaron de la Copa. Ellos se rieron en enero. Esta vez, fuimos nosotros los que robamos la cartera. 0-1. Gol de Pedro Benito. No fue bonito. Fue un atraco a mano armada en territorio hostil. Ese día supe que ascenderíamos. Ese día, el equipo demostró que también sabe ganar siendo el villano. EL PLAYOFF DE LOS BORRACHOS (VS TENERIFE) Ya éramos campeones. El partido contra el Tenerife era una formalidad para decidir el "Campeón Absoluto" de la categoría. Un título de cartón piedra que a nadie le importa. Pero la ida en casa (3-2) fue una fiesta. Récord de asistencia. Otro festival de goles. La vuelta en la isla (4-2) la perdimos en la prórroga. ¿Me importa? Nada. Mis jugadores estaban pensando más en la resaca del día siguiente que en el partido. Que se queden ellos con la copa bonita; nosotros nos quedamos con el billete al fútbol profesional. LA MENTIRA TIENE LAS PATAS CORTAS Mientras el vestuario se duchaba en champán barato, Ekain se acercó a mí. Es el máximo goleador. El héroe. 16 goles. El hombre que nos ha dado el título. Me miró con cara de pocos amigos. — Míster, seguimos sin fichar centrales jóvenes. Prometiste que reforzarías la defensa. Me bebí el resto de mi cerveza y sonreí. — Ekain, hijo. Estamos en Segunda. ¿Crees que me importa una promesa de enero ahora mismo? Está descontento. Se quiere ir. Es poético. He exprimido hasta la última gota de su talento a base de mentiras, y ahora que hemos llegado a la orilla, el barco se rompe. "Gracias por los servicios prestados, soldado". EL FUTURO: LA GUERRA DE VERDAD Me llega el informe de la directiva para la próxima temporada. Presupuesto de Sueldos: 4,54 Millones. Presupuesto de Fichajes: 653.000 €. Suena a mucho dinero para quien no conoce este negocio. Para la Segunda División, es calderilla. Vamos a ser el pez chico en una piscina llena de tiburones blancos (Zaragoza, Oviedo, Sporting...). Dicen que viene una "Buena Hornada" de juveniles. 4.5 estrellas. Quizás el futuro del Murcia no esté en fichar mercenarios, sino en fabricar soldados en casa. Salgo al campo vacío. El confeti se pega a mis zapatos. Me llamaban "El Galgo". Decían que estaba acabado. Hoy, Murcia es mía. Mañana, empieza el infierno.
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CAPÍTULO 11: CAMINANDO SOBRE MINAS 31 de Marzo. Vestuario del Enrique Roca. Acabamos de destrozar al Hércules. 5-1. Miro a los chicos celebrar. Se abrazan, gritan, golpean las taquillas. Son una manada de lobos eufóricos. Pero entonces, Ekain cruza su mirada con la mía. No sonríe igual que los demás. En sus ojos leo la pregunta que lleva haciéndome dos meses: "¿Y los refuerzos, Míster?". Le sostengo la mirada y asiento levemente. Es mi mejor farol. No hay refuerzos. No hay dinero. Solo hay una promesa rota y un plan suicida: marcar un gol más que el rival antes de que nos desangremos. Estamos caminando sobre un campo de minas, pero bailamos tan bien que nadie mira hacia el suelo. LA MONTAÑA RUSA (FEBRERO Y EL MIEDO) Febrero fue el mes donde la mentira casi se nos cae encima. Empezamos bien contra el Algeciras, pero el CE Europa (1-2) nos bajó a la tierra. Un equipo de barrio nos pintó la cara. Mi defensa parecía una puerta giratoria. Y luego... Antequera. Minuto 90. Empate a dos. El estadio murmuraba. El fantasma del fracaso asomaba la cabeza. Entonces apareció él. El rebelde. Ekain marcó el 3-2 en el 90+5. El estadio se vino abajo. Yo no celebré. Me sequé el sudor frío de la frente. Ese gol no nos dio tres puntos; nos dio oxígeno para no asfixiarnos en nuestra propia ansiedad. EL TOURMALET: MATAR O MORIR Marzo llegó con el cuchillo entre los dientes. Teníamos que visitar al Nàstic (2º) y recibir al Hércules (3º). Era el momento de la verdad. Si mi sistema "Kamikaze" era un fraude, aquí es donde nos iban a descubrir. Jornada 30: Nàstic 2 - 3 Real Murcia Nou Estadi Costa Daurada. Fue la guerra. Ellos golpearon primero. Nosotros respondimos. Alberto González, mi capitán, se puso la capa de superhéroe. Marcó dos veces. Ganamos en el campo del rival directo. Sin defender. A pecho descubierto. Al acabar el partido, supe que este equipo está loco, pero es mi locura. Jornada 31: Real Murcia 5 - 1 Hércules Nueva Condomina. Y hoy... hoy ha sido la carnicería. El Hércules venía a recortar distancias y se ha llevado un saco. Lo más irónico de todo: Esteban Saveljich, uno de esos defensas que supuestamente "no dan el nivel" según mi propia plantilla, ha marcado dos goles. El fútbol tiene un sentido del humor retorcido. EL RÉCORD DE LOS SUICIDAS Ha salido en la prensa. Récord histórico de goles en 1ª RFEF: 76 goles. Hemos superado al Castellón. Somos el equipo más divertido de ver de España... si no eres el entrenador y tienes problemas de corazón. Mis delanteros (Ekain, Bustos, Cadorini) son tiburones. Huelen sangre y entran en frenesí. Pero miro la columna de "Goles en Contra": 34. Somos un Ferrari con el motor trucado y los frenos cortados. SITUACIÓN: LÍDERES EN EL ALAMBRE Clasificación: Real Murcia (69 pts) Nàstic (68 pts) Hércules (62 pts) Un punto. Esa es la distancia entre la gloria y el infierno. El Nàstic es una lapa. No se despegan. Han ganado 22 partidos, uno más que nosotros. Nosotros dependemos de nuestra pegada. Si un día se nos moja la pólvora, estamos muertos, porque atrás no paramos ni un taxi. Faltan 7 jornadas. La plantilla sigue esperando "mejoras en defensa". Yo sigo esperando que no se den cuenta de que la única defensa que tenemos es atacar hasta que el árbitro pite el final.
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CAPÍTULO 10: MOTÍN A BORDO 31 de Enero. Despacho de Dirección. 23:55 PM. El mercado de fichajes cierra en cinco minutos. El fax no suena. El teléfono está mudo. Solo se oye el zumbido de la estufa eléctrica intentando calentar este despacho helado. Enero ha sido un mes de cuchillos largos. No hemos luchado contra rivales; hemos luchado contra nosotros mismos, contra nuestra economía de guerra y contra el destino. Tengo a la plantilla pidiendo refuerzos en la defensa. Tengo a la directiva pidiendo el ascenso. Y tengo en la cuenta bancaria lo mismo que cuesta un coche de segunda mano. Les he mentido a todos. Les he dicho que estamos trabajando en ello. Pero la realidad es que el único refuerzo que vamos a tener es el orgullo. LA GRAN HERIDA (COPA DEL REY) 10 de Enero. Cartagonova. FC Cartagena 1 - 0 Real Murcia Hay derrotas que duelen y derrotas que matan. Esta fue de las segundas. Fuimos al territorio enemigo. Fuimos mejores. Las estadísticas dicen que disparamos 14 veces. Ellos, 5. Pero el fútbol no entiende de justicia, entiende de errores. En el minuto 28, Cadete, mi central, el hombre que recuperé para la causa, cometió un error infantil. Ortuño no perdonó. El resto del partido fue un quiero y no puedo. Nos estrellamos contra un muro. Caer en Copa ante el eterno rival no es solo perder un partido; es perder el crédito con la afición para los próximos seis meses. El viaje de vuelta en el autobús fue tan silencioso que se podía escuchar el chirrido de mis dientes. EL KARMA TIENE NOMBRE: PEDRO LEÓN Durante todo el mes intenté colocarlo. Llamé a Arabia, a la MLS, a equipos de barrio. Nadie quería asumir su ficha. Era un jarrón chino carísimo en un piso de estudiantes. Y entonces, ocurrió. 19 de Enero. Enfermería. El informe médico cayó sobre mi mesa con un golpe seco. "Pedro León: Rotura en el abdomen. Baja estimada: 3 meses". Me serví un whisky barato. Es la ironía suprema. Justo cuando más me estorbaba, su cuerpo decide romperse. No puedo venderlo lesionado. Nos comemos su sueldo hasta final de temporada. Pero, por otro lado... el vestuario será mío. Sin su sombra planeando sobre el césped, sin sus malas caras en el banquillo. Se acabó el debate. El "Rey" ha abdicado por la fuerza. LA LIGA: SOBREVIVIENDO AL INVIERNO Mientras los despachos ardían, en el césped intentábamos no congelarnos. Real Murcia 1-1 UD Ibiza: Un tropiezo en casa. El Ibiza vino a no jugar y lo consiguió. Sevilla Atlético 0-3 Real Murcia: Pagamos la frustración de la Copa con los chavales del Sevilla. Fue una paliza. Cristo Romero y Moyita estuvieron imperiales. Cuando queremos, somos una apisonadora. Atlético Madrid B 1-1 Real Murcia: El Cerro del Espino es una trampa. Íbamos perdiendo. El equipo estaba espeso, cansado. Y tuvo que aparecer Ekain en el 83' para rescatar un punto. LA REBELIÓN DE LOS CORONELES Ese gol de Ekain tiene doble lectura. Él es quien lidera la revuelta. Entró en mi despacho hace una semana. — Míster, necesitamos defensas. Nos llegan mucho. Si queremos ascender, hay que fichar atrás. Tiene razón. Lo sé yo, lo sabe él y lo sabe el portero del edificio. Pero miré el presupuesto: 18.000 €. Le miré a los ojos y usé mi mejor cara de póker: — Tranquilo, Ekain. Estamos peinando el mercado. Mentira. No hay mercado para nosotros. He tenido que calmar a las fieras con promesas vacías. La plantilla está inquieta ("Apoyo al mánager: Normal"). Saben que caminamos sobre el alambre. SITUACIÓN: LA RESISTENCIA Clasificación: Seguimos 2º con 48 puntos. El Nàstic (50) no afloja. El Hércules (48) nos iguala. Es una carrera de resistencia y a nosotros nos faltan pulmones (y defensas). Lo único positivo es que somos una familia disfuncional, pero unida en el campo. El ambiente es "Muy bueno", dicen. Claro, es bueno porque ganamos. El día que dejemos de ganar, las mentiras que les he contado sobre los fichajes me estallarán en la cara. Febrero viene corto, pero se me va a hacer muy largo.
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CAPÍTULO 9: RULETA RUSA 20 de Diciembre. Túnel de vestuarios. Medianoche. Diciembre no es un mes; es una resaca mal curada. Huele a polvorones rancios, a falsas promesas de año nuevo y, en nuestro caso, a miedo. Miedo a despertar del sueño. Miro mis manos. Tiemblan. No es por el frío inexistente de la capital del Segura. Es por la adrenalina de saber que estamos jugando a la ruleta rusa con cinco balas en el tambor. Hemos llegado al ecuador de la temporada con la lengua fuera. El equipo es un coche de rally al que se le están cayendo las piezas en plena curva, pero que sigue marcando los mejores tiempos. Somos el mejor ataque de la liga. Somos el espectáculo. Pero en el retrovisor, veo las grietas. Este mes ha sido la definición perfecta de mi Real Murcia: capaces de dispararnos en el pie contra un equipo de barrio y, tres días después, tumbar a un primera en la prórroga. LA CRÓNICA: HÉROES Y VILLANOS El mes comenzó con un aviso. El Eldense (1-1) vino a encerrarse y nosotros nos olvidamos de cómo se usa la llave. Alberto González, mi capitán —el de verdad, el que lleva el brazalete porque se lo ha ganado, no por decreto real— nos salvó los muebles. Empatamos en casa contra el colista. En la grada hubo murmullos. Yo solo vi fatiga. Luego viajamos a Tarazona (2-3). Fue un tiroteo en un callejón. Ellos golpeaban, nosotros devolvíamos el golpe más fuerte. Ekain y Luiz Henrique entendieron el mensaje: si no defendemos bien, tendremos que marcar uno más que ellos. Fue feo, sucio y maravilloso. Tres puntos de oro extraídos del fango. Pero entonces... llegó el día. EL CRIMEN DE TORREMOLINOS 17 de Diciembre. El Pozuelo. Si alguien quiere saber por qué Lucas Guerra bebe, que ponga el vídeo de este partido. Perdimos 2-1 contra el Torremolinos. Un equipo de mitad de tabla. Pero no duele la derrota; duele la traición. Íbamos perdiendo 1-0. Minuto 45+2. Penalti a favor. Una oportunidad de oro para irnos al descanso con el empate y la moral alta. Pedro León cogió el balón. Nadie se atrevió a quitárselo. Es la leyenda, ¿verdad? Es el especialista. Me crucé de brazos en la banda. Sabía lo que iba a pasar. Lo vi en sus ojos: no miraba a la red, miraba a la grada, buscando el aplauso antes de tiempo. Falló. Su 6.1 de valoración final no es un número; es un insulto a los chavales que se dejan la piel. Ese penalti fallado fue el clavo en el ataúd del partido. El gol de Cadorini en el 90 solo sirvió para maquillar el cadáver. Pedro León nos costó tres puntos. Y mi paciencia se ha terminado. LA REDENCIÓN (COPA DEL REY) 20 de Diciembre. Real Murcia 2 - 1 Elche CF. Tres días después del desastre, vino el "hermano mayor". El Elche. Primera división. Presupuesto millonario. Les dije a los chicos: "El domingo fuisteis una vergüenza. Hoy podéis ser inmortales". Y ocurrió lo imprevisible. Fuimos a la prórroga. El estadio se caía. Y en el minuto 102, apareció Isi. Sí, Isi. El jugador que no estaba contando mucho por el gran rendimiento de Moyita, el que estaba empezando a pedirme minutos. Cazó un balón y reventó la red. Eliminamos al Elche. Estamos en la siguiente ronda. La ciudad arde de euforia. Yo solo pienso que ese partido extra le ha costado a mis jugadores un año de vida. SITUACIÓN: AL FILO DE LA NAVAJA Clasificación: Segundos. 43 Puntos. A un solo punto del Nàstic (44). El Hércules nos respira en la nuca (42). Es una carrera de tres caballos y el nuestro va dopado de fe, pero cojo de una pata. Estadísticas: El informe de Cristian Bello, mi analista, parece un chiste: Goles por partido: 3.38 (Líderes absolutos). Disparos por partido: 19.12. Somos una ametralladora. Pero una que se encasquilla cuando más la necesitas. Enfermería: Flakus Bosilj: Le quedan días. Mi soldado favorito vuelve. Cristo Romero y Cadete: De vuelta. Por fin recupero mi banda izquierda. Economía: Miro la cuenta y me echo a reír por no llorar. Presupuesto de fichajes: 18.845 €. ¿Qué se ficha con 18 mil euros? ¿Un utillero nuevo? ¿Café para la máquina? Asier Goiria me ha dicho que no espere regalos de Reyes. Si quiero fichar, tengo que vender. Y todos sabemos quién tiene la ficha más alta y el rendimiento más bajo. Se acerca Enero. Se abre el mercado. Va a haber sangre.
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CAPÍTULO 8: EL DERBI DE LA SANGRE30 de Noviembre. Vestuario Visitante de Teruel. Me tiemblan las manos mientras me desato los cordones. No es por miedo, es por la adrenalina. Acabamos de vivir el mes más esquizofrénico de mi vida. Hemos pasado del hospital a la gloria, y de la gloria al barro, todo en treinta días. Noviembre debía ser el mes de la supervivencia, "La Trinchera". Sin portero titular y sin delanteros, mi plan era resistir. Pero este equipo no sabe especular. Este equipo es un animal salvaje que, cuando huele la sangre, muerde hasta el hueso. EL ALTO EL FUEGO (Betis y Alcorcón)Empezamos el mes con la enfermería llena. No tuve elección. Tuve que mirar al fondo del banquillo y sacar a los desterrados. Tuve que poner a Pedro León. Y aquí es donde el fútbol se ríe de ti. Murcia 4-1 Betis Deportivo: Un trámite. Los chavales del Betis no aguantaron el ritmo. Alcorcón 1-4 Murcia: Aquí vino la bofetada a mi orgullo. Pedro León jugó. Y no solo jugó; dio un recital. Dos asistencias, 8.5 de valoración, MVP. La prensa decía: "Guerra recupera al hijo pródigo". Yo miraba las estadísticas: "No causó muchos problemas a los defensas", decía el informe. Jugó bien porque el ritmo fue lento. Pero tengo que ser justo: cuando tiene el balón parado, es un guante. Me tocó callar y apuntar el tanto en mi libreta. LA NOCHE DE LOS CUCHILLOS LARGOS (EL DERBI)Pero todo eso eran teloneros. El 19 de Noviembre estaba marcado en rojo en el calendario de toda la ciudad. Venía el FC Cartagena. El eterno rival. La semana previa no se habló de táctica, se habló de odio. De historia. De orgullo. 22.500 espectadores, todo un record para un partido de 1ªREF. Les dije a los chicos: "Hoy no jugáis por tres puntos. Hoy jugáis para que la panadera, el taxista y el camarero que os sirven el café vayan mañana a trabajar con una sonrisa. Si perdemos hoy, no salgáis a la calle". Y salieron como leones. REAL MURCIA 4-1 FC CARTAGENA Fue una carnicería. Una humillación histórica. Moyita se disfrazó de Zidane (2 goles). Álvaro Bustos y Ekain destrozaron su defensa. En el minuto 70, la Nueva Condomina cantaba "¡A Segunda, oé!". Miré al banquillo del Cartagena. Estaban hundidos. Esa noche dormí mejor que en los últimos veinte años. Murcia es nuestra. LA TRAMPA DE TERUEL (Y EL KARMA)Y como siempre, después de la fiesta viene la resaca. Viajamos a Teruel, colistas, con el pecho hinchado por el derbi. Y nos llevamos una hostia de realidad. Descanso: Teruel 2 - 0 Murcia. Estábamos haciendo el ridículo. Caminando por el campo. Entré al vestuario en el descanso y cerré la puerta de una patada. No hablé de táctica. No hablé de espacios. Grité. Les dije que eran una vergüenza para el escudo que acababan de defender en el derbi. Vi cómo Alberto González, mi capitán, apretaba la mandíbula. El mensaje caló. Salieron a la segunda parte y le dieron la vuelta al mundo. Final: 2-4. Matheus Cadorini, el parche que puse por las lesiones, marcó. Ekain marcó. Y Pedro León, que había entrado para lanzar los balones parados, marcó un penalti decisivo para el 2-2. Parecía que el "viejo" iba a ser el héroe de nuevo. Parecía que iba a tener que tragarme mis palabras otra vez. Y entonces, en el minuto 74... CRACK. Una entrada a destiempo. Pedro al suelo. Mano al tobillo. Los fisios me miraron y negaron con la cabeza. Esguince. 2 semanas de baja. El fútbol es caprichoso. Justo cuando empezaba a entrar en la dinámica, justo cuando su calidad a balón parado nos estaba dando puntos... su cuerpo dice "basta". El informe de los preparadores ya avisaba de un "Deterioro físico" en el último mes. Su aceleración ha bajado a 8. No es mala suerte. Es la naturaleza. Su carrocería ya no aguanta este motor. CONCLUSIÓNCerramos noviembre con 4 victorias de 4. Líderes sólidos. Hemos humillado al Cartagena y hemos sobrevivido a las trampas. Pero el precio sigue subiendo. La enfermería tiene puerta giratoria: sale Gazzaniga, entra Pedro León. Sale Flakus, entra Cristo. Somos un ejército de tullidos que no para de ganar. No sé cuánto durará la gasolina, pero mientras dure, vamos a quemar la carretera. ¡Muerte al Efesé! (Y larga vida al Murcia).
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CAPÍTULO 7: PARTE DE GUERRA31 de Octubre. Sala de Espera del Hospital Virgen de La Arrixaca. El olor a desinfectante se me ha metido en la nariz y no sale. Ya no paso las mañanas en el campo de entrenamiento; las paso aquí, mirando radiografías y escuchando diagnósticos que suenan a sentencia. Sabía que mi sistema era arriesgado. Sabía que pedirle a un motor de Segunda B que corriera como un Fórmula 1 tenía un precio. Pero no esperaba que la factura llegara tan pronto y fuera tan cara. Octubre no ha sido un mes de fútbol. Ha sido Vietnam. EL HOSPITAL DE CAMPAÑAMiro mi libreta. Hay más nombres tachados en rojo que disponibles. La "Máquina del Caos" ha empezado a escupir piezas rotas. Caídos en combate David Flakus Bosilj (El Goleador): Esguince de ligamentos. 6-7 semanas. Mi mejor soldado, el chico que corría por tres, ha caído en combate. Gianfranco Gazzaniga (El Muro): Mano rota. 5 semanas. Se rompió parando un balón en Villarreal. Alex Schalk: Tobillo. 4 semanas. Cristo Romero (El Pulmón): Esguince. 2 semanas. Hemos perdido la columna vertebral. Sin portero titular, sin delantero referencia y sin nuestro mejor carrilero. Lo que queda en el vestuario no es una plantilla; son los supervivientes de un naufragio. LA PRIMERA MANCHA (Sabadell 3-1 Murcia)Tenía que pasar. La racha de imbatibilidad no podía ser eterna. Pero lo que me duele no es perder; es cómo perdimos. En la Nova Creu Alta fuimos una sombra. El equipo estaba cansado, espeso. Íbamos perdiendo y, a la desesperada, miré al banquillo. Allí estaba él. Pedro León. Me tragué mi orgullo. "Sal ahí y arréglalo", le dije con la mirada. ¿Y qué hizo mi capitán, mi líder, la estrella mejor pagada? Minuto 81: Tarjeta Roja. Se autoexpulsó. Nos dejó con diez cuando intentábamos remontar. Mientras salía del campo, ni siquiera me miró. Yo tampoco a él. No hacía falta. Esa tarjeta roja ha dicho más que cien ruedas de prensa. Él no está aquí para salvarnos; está aquí para hundirnos. HÉROES CON MULETASY sin embargo... resistimos. Con el equipo cosido con alfileres, hemos sacado el orgullo. La Victoria Pírrica (Murcia 5-2 Marbella): Ganamos, sí. Pero fue el día que caímos como moscas. El Duelo en la Cumbre (Murcia 3-2 Nàstic): Jugamos contra el líder sin delanteros sanos. Tuvimos que inventar goles de la nada. Fue una victoria de la fe. La Locura (Hércules 3-3 Murcia): Un derbi salvaje. Nos marcaron, empatamos, nos volvieron a marcar. Acabamos pidiendo la hora, con Cristo Romero saliendo cojeando del campo. LA CLASIFICACIÓN 2º Clasificados. 27 Puntos. A solo un punto del Nàstic. Cualquiera que vea la tabla dirá que estamos viviendo un sueño. Yo digo que estamos sobreviviendo a una pesadilla. Hemos llegado a noviembre, pero el ejército está diezmado. Tengo que jugar el próximo mes con juveniles, con parches y con un portero suplente que no ha jugado en un año. La prensa sigue hablando de ascenso. Yo solo rezo para que no se rompa nadie más. Mi rodilla me duele más que nunca. Y no es por la lluvia. Es por el miedo.
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CAPÍTULO 6: LA MÁQUINA DEL CAOS1 de Octubre. Despacho del Mánager. Miro la clasificación colgada en el corcho y pienso que alguien me está gastando una broma pesada. O eso, o el universo ha decidido compensarme por veinte años de desgracias de golpe. Llevo dos meses esperando que el cielo se caiga sobre nuestras cabezas. Llevo dos meses durmiendo mal, esperando que la falta de presupuesto, la guerra civil en el vestuario con Pedro León y mi rodilla rota nos pasen factura. Esperaba un inicio titubeante, pitos en la grada y ultimátums en la prensa. Pero miro los números y son incontestables, casi obscenos: 7 Partidos. 5 Victorias. 0 Derrotas. 27 Goles a favor. No somos un equipo de fútbol; somos una trituradora industrial de carne. La ciudad ha perdido la cabeza. Me paran por la calle Trapería para invitarme a cerveza, los niños llevan la camiseta con el nombre de fichajes que hace un mes no conocía nadie. La prensa me llama "El Mago". Qué fácil es engañar a todo el mundo cuando la pelota entra. EL PLANO DEL DELITO (LA TÁCTICA)Muchos periodistas me han preguntado en rueda de prensa qué demonios les damos de desayunar a estos chicos. "¿Es la preparación física?", preguntan. No. Es pura geometría del caos. He diseñado un sistema que no está hecho para controlar el partido, sino para romperlo. EL 4-2-3-1 "KAMIKAZE" Línea Defensiva: La situamos casi en el medio del campo. Vivimos al límite del fuera de juego. Si el rival pasa el balón en largo, estamos muertos. Pero mi apuesta es que no tendrán tiempo ni de levantar la cabeza para dar el pase. La Obsesión: Recuperación tras pérdida en menos de 5 segundos. Es un enjambre. Cuando perdemos el balón, no reculamos; mordemos. Los Roles: He prohibido a mis atacantes que se queden quietos. Flakus Bosilj, Ekain y Bustos tienen libertad para intercambiar posiciones. Es imposible marcarlos porque ni ellos mismos saben dónde van a estar dos segundos después. CRÓNICA DE UN MES SALVAJEEL ESTALLIDO (Murcia 4-0 Sevilla At.) Llegamos al debut con miedo. El Sevilla Atlético eran "chavales con talento", futuros jugadores de Primera. Nosotros éramos una incógnita. Pero cuando el árbitro pitó, se desató la tormenta. En el minuto 23 ya ganábamos. No fue fútbol, fue un asedio. Saveljich, un central, abrió la lata. Eso define mi equipo: atacan todos. Lo más importante de ese día no fue el 4-0. Fue la alineación. Pedro León no fue titular. Aposté por la velocidad de los extremos. El resultado fue un mensaje a navegantes: "Nadie es imprescindible". LA APISONADORA (Ibiza, Sanluqueño, Atlético B) Lo que vino después fue surrealista. 5-1 al Atlético B. 5-1 al Sanluqueño. 2-4 en Ibiza. Hubo momentos en el partido contra el Ibiza donde miraba al banquillo rival y veía la cara de terror de su entrenador. No sabían por dónde les venían los golpes. David Flakus Bosilj y Ekain se han convertido en asesinos en serie. No buscan el gol bonito, buscan sangre. Y Álvaro Bustos... lo de Bustos es un escándalo (Media de 7.60). Juega como si le debiera dinero a la mafia y tuviera que pagarlo con asistencias. LA MANCHA EN EL EXPEDIENTEPero no todo es oro. Tengo una lupa puesta sobre los fallos. Y he encontrado un patrón inquietante en nuestros dos únicos tropiezos. 1-1 en Algeciras. 1-1 en Antequera. Me encerré en la sala de vídeo a analizar esos dos empates. ¿Por qué nos atascamos? ¿Por qué dejamos de ser letales? La respuesta lleva el dorsal 14. En ambos partidos, Pedro León tuvo minutos importantes. Miro las hojas de estadísticas: vs Algeciras: Calificación 6.4. vs Antequera: Calificación 6.4. No es casualidad. Es causalidad. Cuando él entra, el equipo cambia. Pedro pide el balón al pie. Pedro se para para levantar la cabeza. Pedro no presiona la salida del rival. Es como poner a un violinista clásico en medio de una rave de música techno. Tiene mucha calidad, sí, pero nos corta el ritmo. Es la prueba empírica de mi teoría: Con él somos un equipo normal de Primera RFEF. Sin él, somos una apisonadora. Él lo sabe. Y su silencio en el banquillo, viendo cómo sus compañeros golean sin él, es cada vez más ruidoso. PROGRESOSegundos con un partido menos. 17 Puntos. Hemos batido el récord de imbatibilidad histórico del club. Felipe Moreno bajó al vestuario tras la victoria contra el Sanluqueño. Me abrazó. "Te lo dije, Lucas, te lo dije". Me entregaron una placa. Mánager del Mes. Sostengo el trofeo en mi despacho. Pesa poco. Es de plástico dorado brillante. La gente está eufórica, reservando plaza en La Redonda para celebrar el ascenso en mayo. Son unos insensatos. Esto acaba de empezar. Los rivales ya tienen nuestros vídeos. Ya saben que presionamos arriba. Ya saben que dejamos espacios atrás. El factor sorpresa ha muerto. Ahora empieza la verdadera liga. Y yo sigo mirando de reojo a mi izquierda, al banquillo, donde una leyenda del club espera pacientemente mi primer error real para recuperar su trono. Disfrutad de las marineras y la cerveza fría, murcianistas. Yo vuelvo a la cueva a trabajar. El invierno viene de camino.
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CAPÍTULO 5: GUERRA FRÍA22 de Agosto. Oficinas de la Nueva Condomina. El fax no suena. El teléfono no suena. Solo se escucha el zumbido de una mosca golpeando el cristal de la ventana, intentando escapar de este despacho. Yo sé exactamente cómo se siente esa mosca. Han pasado dos semanas desde que colgué el cartel de "Se Vende" sobre Pedro León. Asier Goiria, mi Director Deportivo, ha llamado a todas las puertas. Segunda División, Primera RFEF, ligas extranjeras... — Nada, Lucas —me dice Asier, con ojeras de no haber dormido—. Nadie quiere asumir esa ficha. El mercado ha hablado y su veredicto es cruel: estamos atrapados. Tengo al jugador mejor pagado de la categoría, al líder del vestuario, a un tipo que odia mi sistema de presión y me desprecia a mí... y se va a quedar. Es como vivir en un piso pequeño con tu ex-mujer porque ninguno de los dos tiene dinero para pagar el alquiler por separado. EL CARA A CARANo soy de los que se esconden. Si se queda, tiene que saber las reglas. Lo cité en mi despacho. Entró sin llamar, con esa arrogancia del que se sabe intocable porque tiene un contrato blindado. La conversación fue breve y violenta, aunque no levantamos la voz. — ¿Por qué me has ofrecido a medio mundo? —preguntó, cruzándose de brazos—. Si quieres librarte de mí, dímelo a la cara. — No es personal, Pedro —mentí. Sí que empezaba a serlo—. Es dinero. Tu sueldo nos ahoga. Y tácticamente, no encajas. Quiero aviones, no quiero... — ¿No quieres qué? —me cortó, acercándose a la mesa—. ¿No quieres fútbol? Soy el mejor jugador de esta plantilla, Lucas. Y tú eres un entrenador novato con una rodilla rota. Ten cuidado. Enfado P.León Salió del despacho dando un portazo. La notificación en mi móvil no tardó en llegar: "El descontento de Pedro León ha subido a un nivel extremo". En su ficha personal, bajo mi nombre, ahora reza una sola palabra: RIVAL. El cáncer se está extendiendo. EL GOLPE DE ESTADOY entonces, esta mañana, ha llegado el correo de Pedrín García, mi segundo entrenador. Un trámite burocrático que hoy parece una sentencia de muerte. "Tienes que decidir quién será capitán". En la foto aparece Pedro León. Es el capitán actual. Lo lógico, lo diplomático, lo "políticamente correcto" sería dejarle el brazalete. Intentar firmar una tregua. Agachar la cabeza. Pero yo puedo perder partidos; lo que no voy a perder es mi dignidad. Si él manda más que yo, estoy muerto. Cojo el bolígrafo rojo. Tacho el nombre de Pedro León. Escribo el nuevo nombre: ALBERTO GONZÁLEZ. Un central. Un tipo serio. Un profesional que no hace ruido. Llamé a Pedro de nuevo. Esperaba la explosión. Esperaba que gritara, que montara un motín, que llamara a la prensa. Me ajusté el reloj, listo para la batalla. — Te quito la capitanía, Pedro —dije—. Alberto llevará el brazalete. Y entonces ocurrió lo que más miedo me da. Decisión Pedro me miró a los ojos con una frialdad absoluta. No había ira en su rostro; había cálculo. — Perfecto, Míster —dijo, con una calma aterradora—. Si crees que es lo mejor para el equipo, lo acepto. Estoy aquí para sumar. "Complacido", dice el informe. "Una trampa", dice mi instinto. Ha decidido no darme motivos para apartarlo. Ha decidido jugar a ser el "mártir", el profesional perfecto de cara a la galería, mientras espera sentado en el banquillo a que yo fracase para decir "os lo dije". Es una Guerra Fría. Y él tiene mucha más paciencia que yo. LA GRAN MENTIRA (PRETEMPORADA)Mientras en los despachos nos apuñalábamos por la espalda, en el césped ocurría algo surrealista. Hemos ganado todos los partidos. Y no solo ganado; hemos abusado. Pretemporada Miro la hoja de resultados y me da la risa floja. 21-0 contra el Abarán. 9-1 contra el Cabezo de Torres. 8-0 contra el Totana. La ciudad está eufórica. "La Máquina de Guerra", dicen los periódicos locales. "Este año ascendemos en febrero", dicen en los bares. Son unos ilusos. He programado esta pretemporada contra rivales muy débiles a propósito. Quería subir la moral, quería que los delanteros se emborracharan de gol. Pero esto ha sido excesivo. Hemos jugado contra chavales que mañana tienen que madrugar para ir a trabajar a la obra. Lo bueno: El equipo tiene gol. Lo malo: Es todo mentira. No nos han atacado. No sé si mi defensa sirve, porque el portero se ha pasado el mes de agosto espantando moscas. Llegamos al debut con la pólvora seca, sí. Pero también llegamos engañados. Nos creemos el Bayern de Múnich, y el domingo viene el Sevilla Atlético. Y esos chicos no son fontaneros; son las futuras estrellas del Sánchez-Pizjuán. CONCLUSIÓNEl calendario no espera a nadie. Tengo el once decidido. Tengo la táctica grabada a fuego. Y tengo a mi peor enemigo durmiendo en la taquilla de al lado, esperando mi cadáver. Se acabó la tregua. Empieza el fuego real.
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CAPÍTULO 4: LA AUTOPSIADespacho de Dirección Deportiva. 08:30 AM. El café de máquina sabe a plástico quemado y derrota. Estoy sentado frente a Asier Goiria, el Director Deportivo. Él tamborilea con un bolígrafo sobre la mesa, nervioso. Yo miro los papeles que me acaba de entregar como si fueran el resultado de una biopsia terminal. Felipe Moreno me vendió la idea de un "gigante dormido". Lo que tengo delante de mis ojos no es un gigante; es un enfermo en la UCI conectado a un respirador artificial que estamos pagando a plazos. — Los números no cuadran, Lucas —dice Asier, evitando mi mirada. Economía Paso el dedo por la cifra en rojo. Presupuesto de Sueldos: 3.021.886 €. Gasto Actual: 3.173.677 €. — Estamos 150.000 euros por encima del límite —murmuro, sintiendo cómo me palpita la sien—. Cada vez que abrimos la persiana, perdemos dinero. — Tenemos contratos heredados. Jugadores con fichas de Segunda División en una categoría que no da dinero. — Pues habrá que amputar —digo, cerrando la carpeta de golpe—. No puedo fichar a nadie si no echamos lastre. Y no hablo de echar a los chavales del filial. Hablo de los peces gordos. Asier deja de tamborilear. Me mira con miedo. Sabe exactamente de quién estoy hablando. EL SILENCIO DE LOS CORDEROSSalgo del despacho y camino hacia el vestuario. El pasillo de la Ciudad Deportiva debería oler a linimento y testosterona. En su lugar, huele a silencio. Abro la puerta. Veintidós cabezas se giran. No veo un equipo. No veo miradas de complicidad, ni bromas, ni ese caos ruidoso típico de un grupo unido. Lo que veo son islas. Pequeños grupos cerrados que se miran de reojo. Cohesión El informe de los analistas lo confirma: "Cohesión: Pésima". Es un vestuario roto. Un grupo de mercenarios que comparten camiseta pero no destino. Y en medio de ese vacío de poder, hay un tótem. Una figura que proyecta una sombra demasiado larga sobre mi autoridad. Miro la pizarra jerárquica colgada en mi mente: Jerarquía Ahí está él. Pedro León. El hijo pródigo. El ex del Real Madrid. La leyenda. Está sentado en su taquilla, atándose las botas con una calma exasperante. Los demás orbitan a su alrededor. Si él se ríe, todos se ríen. Si él frunce el ceño, el vestuario se nubla. Tengo un dilema que podría acabar con mi carrera antes de empezar: El jugador que más cobra (y que nos arruina económicamente) es también el líder espiritual del grupo. Y, para colmo de males, es una pieza que no encaja en el puzle táctico que quiero montar. Es el rey del vestuario. Y yo he venido a destronarlo. LA SENTENCIAEl entrenamiento ha sido revelador. He ordenado presión alta. He pedido que corran hasta que les sepa la boca a sangre. He visto a Pedro León resoplar a los diez minutos. Tiene una calidad técnica insultante, sí; pone el balón donde quiere. Pero el fútbol moderno no se juega al pie. Se juega al espacio. Y Pedro ya no llega. He vuelto al despacho y he escrito tres nombres en la pizarra. 1. PEDRO LEÓN (Extremo Derecho) El Diagnóstico: Es un Ferrari con el motor de un tractor. Su ficha nos ahoga y su inmovilidad mata mi presión. La Decisión: TRANSFERIBLE. El Riesgo: Suicidio social. La grada lo adora. El vestuario lo sigue. Si lo echo, me convierto en el villano de la película desde el día uno. Nota personal: Prefiero morir con mis ideas que vivir secuestrado por una leyenda que camina. Pedro León 2. JUAN CARLOS Y ANTONIO DAVID El Diagnóstico: Jugadores de "buen trato de balón" que desaparecen cuando hay que meter la pierna en el barro. Un mediocentro con velocidad de un solo dígito en Primera RFEF es una autopista para el rival. La Decisión: Venta inmediata. Necesito su salario para traer soldados, no artistas. LOS SUPERVIVIENTESEntre la mediocridad física y la apatía general, he visto destellos. Ojos que brillan con hambre. CRISTO ROMERO (Carrilero Izquierdo) Mientras los veteranos se quejaban del calor, él pedía más. Es un animal. Un atleta de élite perdido en la tercera categoría del fútbol español. Mi plan: Todo el juego ofensivo pasará por su banda. Él será mi estilete. C.Romero MOYITA Y CADETE En un vestuario donde nadie confía en nadie, ellos han agachado la cabeza y han trabajado. Cadete es rápido, crucial para mi defensa adelantada. Moyita tiene el criterio que le falta al resto. Serán mis lugartenientes en el campo de batalla. LA SOGA AL CUELLOAntes de irme a casa, con la camisa pegada al cuerpo por el sudor y el estrés, he mirado una última vez el cuadro de objetivos que la directiva ha colgado en la pared. Objetivos "Llegar a los Playoffs: NECESARIO". No dice "intentarlo". No dice "competir". Dice NECESARIO. Felipe Moreno me ha dado un equipo en bancarrota, un vestuario dividido, una estrella que tengo que echar... y me exige ascender. Me subo al Peugeot. La rodilla me punza con fuerza. Mañana comunicaré a la plantilla que su capitán está en venta. Mañana estallará la guerra civil. Enciendo la radio para no pensar. Suena una canción antigua. Sonrío con ironía. Esto va a ser divertido.
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Muchas gracias por pasar y comentar! Sí, tiene bastante potencial, a ver que historia sacamos de aqui y si conseguimos ponerlo en el mapa del futbol europeo. Gracias por comentar! No te preocupes, las rivalidades hacen que las historias crezcan, le dan vidilla y esto no se sabe como puede acabar, quizás en algun momento el personaje cruce el Puerto de La Cadena y no te quede más remedio que animarlo
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PRÓLOGO: EL CHASQUIDO14 de Octubre de 2001. Estadio de La Condomina. El sonido no fue fuerte. No fue un estruendo, ni un disparo. Fue un chasquido seco, ridículo, como quien parte una rama de pino muerta en mitad de un bosque en silencio. Pero yo lo escuché por encima de los gritos de quince mil gargantas. Lo escuché retumbar dentro de mi propio cráneo. Corría la banda derecha, minuto 88, con el pulmón ardiendo y la gloria al alcance de la mano. Iba a ser el héroe del ascenso. Iba a ser el hijo pródigo. Y entonces, el suelo desapareció bajo mis pies. Recuerdo el olor a tierra seca del césped pegado a mi mejilla. Recuerdo el cielo de Murcia, de un azul insultante, girando sobre mí. Y recuerdo el dolor. No el físico, ese vino después. Fue el dolor de saber, en ese preciso instante —mientras me sacaban en camilla entre aplausos que sonaban a despedida— que mi vida acababa de terminar a los 19 años. Me llamaban "El Galgo". Desde esa tarde, solo fui el chico que cojeaba por la Plaza de las Flores. CAPÍTULO 1: TIERRA SECA22 Años después. El calor en Murcia no es un fenómeno meteorológico; es un animal pesado que se te sienta en el pecho y no te deja respirar. Son las cuatro de la tarde y la ciudad parece un escenario postapocalíptico, vacía y vibrante bajo el sol de justicia. El volante de mi viejo Peugeot quema al tacto. Aprovecho un semáforo en rojo en la Avenida Juan de Borbón para mirarme en el retrovisor. La imagen que me devuelve el espejo tiene poco que ver con aquel chaval de las fotos viejas. A mis 40 años, el rostro se me ha vuelto anguloso, casi afilado. Tengo la piel curtida por el sol de mil entrenamientos en Tercera División y unas ojeras profundas, oscuras, cráteres dejados por noches de insomnio devorando cintas de vídeo. Ya no hay rastro del atleta que fui. Mi constitución es ahora delgada, nervuda. He perdido músculo, pero he ganado tensión. Visto una camiseta barata remangada y unos pantalones chinos oscuros. No hay trajes caros en mi armario; eso es para los que venden humo, no para los que picamos piedra. El semáforo cambia a verde. Acelero hacia la silueta del estadio que crece en el horizonte. La Nueva Condomina. Un gigante de hormigón plantado en medio de la nada, rodeado de descampados de tierra ocre. Un estadio de Champions League para un equipo que se desangra en el barro de la Primera RFEF. Apago el motor. El Peugeot tose un par de veces antes de callar. La rodilla me punza al salir del coche. En el norte dicen que las viejas lesiones avisan de la lluvia, pero aquí eso no sirve de nada. En Murcia nunca llueve. Mi dolor es seco, árido, constante. Es mi recordatorio perpetuo. CAPÍTULO 2: EL DESPACHOEl despacho de Felipe Moreno huele a papel viejo y a tensión acumulada. El aire acondicionado zumba con un traqueteo agónico, incapaz de vencer al verano murciano. El presidente no me mira cuando entro. Felipe me escanea de reojo mientras toma asiento. Probablemente, esperaba un entrenador de nombre exótico o una vieja gloria en decadencia. Se encuentra con un tipo con un reloj Casio de diez euros en la muñeca y mirada de no haber dormido bien desde 2005. — Siéntate, Lucas —dice finalmente. La silla de cuero cruje bajo mi peso. — ¿Sabes por qué estás aquí? —pregunta, quitándose las gafas y frotándose los ojos con cansancio. — Porque nadie más quiere coger este hierro ardiendo por lo que pagáis —respondo. Mi voz suena ronca, seca. — Cínico. Siempre fuiste un cínico. — Realista, Presi. — Mira, Lucas. La situación es crítica. La prensa afila los cuchillos y la afición está cansada de promesas, de proyectos faraónicos y de mentiras. El club es un polvorín. Se levanta y camina hacia la ventana, mirando hacia el césped vacío e inmaculado. — Necesito a alguien que conozca el dolor de esta casa. No quiero a un mercenario que venga a hacer currículum y se marche en enero. Quiero a alguien que tenga algo que demostrar. Alguien que tenga tanta hambre... o tanta rabia, que contagie a los jugadores. Se gira y me clava la mirada. — Dicen que eras el mejor de tu generación hasta que te rompiste. Dicen que llevas veinte años obsesionado con el fútbol. — No es una obsesión —le corrijo, apretando el puño sobre mi rodilla mala hasta que los nudillos se ponen blancos—. Es lo único que sé hacer. — Bien. Porque no hay dinero. No hay margen de error. Si fallas, te hundes con el barco. Y esta vez, no habrá camilla para sacarte. — No la necesito. CAPÍTULO 3: CAOS ORGANIZADOSalgo al campo. El sol me golpea la cara. Las gradas están vacías, pero puedo escuchar el eco de lo que fueron y de lo que, quizás, vuelvan a ser. Me paro en el área técnica. No puedo correr por ellos. Mi pierna es un recuerdo de lo frágil que es el éxito; un mapa de carreteras del fracaso. Pero mi mente va más rápido que cualquiera de sus piernas. Mi fútbol no será bonito. No hemos venido a pintar cuadros. Hemos venido a la guerra. Si yo no puedo respirar tranquilo, el rival tampoco lo hará. Presión alta. Asfixia. Quiero ver el pánico en los ojos de los centrales contrarios cuando reciban el balón. Quiero un equipo que muerda, que corra con la desesperación de quien huye de un incendio. Ritmo vertiginoso. Caos organizado. Se acabó el victimismo. Se acabó el "pobres de nosotros", "es que el árbitro", "es que no tenemos presupuesto". El Real Murcia ha dormido demasiado tiempo. Soy Lucas Guerra. El fútbol me debe una vida. Y he venido a cobrármela.
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"Wir leben dich"
Diario de Tomasz Hajto: Entrada 1 - La Última CaladaMe llamaron. Sí, a mí. Supongo que todos los candidatos con un historial limpio y un PowerPoint lleno de gráficos bonitos dijeron que no. O quizás, solo quizás, en la directiva del Schalke 04 queda alguien con memoria. Alguien que recuerda que para salir de un pozo no necesitas un estratega con un máster en finanzas, sino a un tipo que sepa usar una pala. Y yo, créanme, he cavado muchos hoyos en mi vida, tanto dentro como fuera del campo. Busquen mi nombre en internet, adelante, no me ofendo. Verán "homicidio involuntario" al lado de una foto mía con cara de idiota. Verán "contrabando de cigarrillos". Mi vida ha sido una colección de malas decisiones y peores titulares. Pero aquí estoy, de vuelta en Gelsenkirchen, el único lugar del mundo donde la gente te juzga por cuánto sudas, no por los fantasmas que te persiguen. Esta no es una oportunidad de trabajo; es la última calada de un cigarrillo que se apaga, mi redención personal. Miro la plantilla que he heredado y veo el reflejo de mis propios errores: jugadores blandos, con sobrepeso de ego y faltos de carácter. Viven del escudo, pero no entienden el carbón que lo forjó. Pues se acabó. La filosofía a partir de ahora es simple, tan simple que hasta el más tonto de los delanteros modernos puede entenderla: se corre. Se corre hasta que los pulmones ardan, y luego se corre un poco más para que el de al lado no te llame cobarde. El único contrabando que voy a permitir en este vestuario es el de carácter y cojones. Llamadlo "Malocherfußball", llamadlo como os dé la gana. Para mí, es fútbol de verdad. La Knappenschmiede, nuestra cantera, será nuestra mina. Dejaremos de buscar diamantes pulidos fuera y empezaremos a picar nuestra propia piedra hasta sacar acero. ¿Los objetivos? Son tan claros como el vodka polaco. Primero, salimos de este lodazal llamado 2. Bundesliga. Segundo, nos asentamos en la élite para que nadie vuelva a reírse de nosotros. Y tercero, el único objetivo que realmente me quita el sueño: borrar esa sonrisa de superioridad de la cara de los payasos de amarillo y negro de Dortmund. Quiero que cada vez que jueguen contra nosotros, sus jugadores pidan el cambio en el minuto 60. Mi redención no consiste en convertirme en un buen hombre, eso es para las películas. Consiste en hacer del Schalke 04 el equipo más bastardo y difícil de enfrentar de toda Alemania. Pónganse cómodos. Esto no va a ser bonito. Diario de Tomasz Hajto: Entrada 2. Fin de la Temporada 1Se acabó. La temporada ha terminado. Los jugadores celebran en el vestuario, se echan champán barato por encima y se hacen fotos para sus estúpidas redes sociales. Les dejo cinco minutos de gloria. Es todo lo que tendrán. Yo estoy en mi despacho, con la puerta cerrada, una botella de Zubrówka a medio empezar y el cenicero lleno. Miro por la ventana y no veo una ciudad celebrando, veo el próximo campo de batalla. Hemos ascendido. Campeones de la 2. Bundesliga. 81 puntos. 18 de ventaja sobre el segundo. Enhorabuena. Hemos hecho exactamente lo que nos pagaban por hacer, nada más. ¿Quieren una medalla por cumplir con su trabajo? Que se la compren. La afición está feliz, la directiva me da palmaditas en la espalda... sonrisas falsas. No se dan cuenta de que esto no ha sido una victoria, ha sido una huida. Hemos escapado de un pozo de segunda división, solo para darnos cuenta de que estamos al pie de una montaña llamada Bundesliga, y no tenemos ni cuerdas ni oxígeno. Nuestro presupuesto para fichajes era de un millón de euros. Nuestra deuda neta es de 191 millones. ¡CIENTO NOVENTA Y UN MILLONES! Ascender no era una opción, era la única forma de que este club no acabara vendido por piezas como un coche robado. Miro el calendario y no recuerdo las goleadas. Recuerdo el 0-3 contra el Werder Bremen en la Copa, una lección de humildad que nos vino de perlas. Recuerdo las derrotas por 1-0 contra Hannover y Dresden, partidos que demostraron que un mal día nos convierte en un equipo vulgar. Y sobre todo, recuerdo la última jornada, perdiendo 1-0 contra el Darmstadt cuando ya éramos campeones. ¿Relajación? Odio esa palabra. Es un veneno. Les demuestra que no están listos. La Bundesliga huele esa sangre y te devora. Tuvimos suerte de que esta liga estuviera llena de equipos mediocres. El año que viene no tendremos esa suerte. No todo ha sido un desastre, claro. Hubo soldados. Bryan Lasme, con 25 goles, hizo su trabajo: meter la pelota en la red. Es un animal, una bestia que entendió que su primera tarea era presionar como un loco. Nikola Katić, con 14 goles siendo central, ha sido el verdadero capitán de este equipo; un puto general en el área rival y en la nuestra. Anton Donkor, con 14 asistencias, ha sido un puñal incansable. Y el motor del centro del campo, Schallenberg y Bachmann, han corrido hasta quedarse sin aliento, como les pedí. El chico argentino, Sena, llegó en invierno y probó el barro alemán. Un gol y dos asistencias. No está mal. Ha aprendido más sobre lo que es el fútbol en estos seis meses que en toda su vida en Argentina. Aún es blando, pero tiene la mirada correcta. Tiene futuro, si sobrevive a mis entrenamientos. Pero seamos honestos. La cruda realidad está en los números que no salen en los titulares. Loris Karius, nuestro portero estrella, ha encajado 33 goles y sus estadísticas (xGP de -3.65) confirman lo que mis ojos veían: nos ha costado goles. Ha parado menos de lo que un portero decente debería. Con ese sueldo y ese rendimiento, ir a la Bundesliga con él como titular es un suicidio. Es mi primer problema a resolver. Este ascenso no es el final de un libro; es el puto prólogo. El trabajo de verdad, la batalla por la supervivencia, empieza ahora. Se acabaron las celebraciones. Mañana, a las 8 en punto, quiero ver a mis ojeadores. La guerra por no volver a este infierno acaba de comenzar. Diario de Tomasz Hajto: Entrada 3. Fin de la Temporada 2 - El Sabor del "Casi"La última botella de Zubrówka está vacía. El cenicero, a rebosar. Miro por la ventana de mi despacho y la ciudad duerme. No hay celebraciones. No hay cánticos. Solo el silencio pesado de una oportunidad perdida, de un sueño que se nos ha escapado entre los dedos como arena. Miro la clasificación final y me río. Una risa amarga, seca. Quintos. Europa League. Y se siente como una puta derrota. Quintos. 61 puntos. Cualquiera diría que es un éxito. Un recién ascendido, con un presupuesto de mierda, clasificándose para Europa. La prensa habla de hazaña. El nuevo presidente, Fleger, me sonríe y me da palmaditas en la espalda, hablando de "un paso en la dirección correcta". Idiotas. Todos. ¿No lo ven? Estuvimos ahí. Tocamos la Champions con la punta de los dedos. A falta de unas pocas jornadas, éramos cuartos, por delante del puto Dortmund y del Leverkusen. Y nos caímos. Nos pudo el vértigo. Miro el calendario y veo la historia de dos temporadas. Una primera vuelta de ensueño, donde éramos segundos, corriendo como lobos, defendiendo como si cada partido fuera el último. Ganamos 4-1 al Bayern en casa. ¡4-1! Ese día, por un momento, creí que éramos invencibles. Que el espíritu de la mina podía conquistar el mundo. Pero luego llegó el invierno. El parón. Y algo se rompió. La segunda vuelta ha sido una sangría. Derrota tras derrota contra los de arriba: Union, Stuttgart, Bremen, Frankfurt, Bayern, Leverkusen, Leipzig... Nos tomaron la medida. Descubrieron que si nos presionaban arriba, nuestro castillo de naipes se venía abajo. El 1-6 contra el Eintracht fue una humillación que no olvidaré. Me demostró que aún somos un equipo de segunda con un traje de primera. Los héroes de la primera vuelta se convirtieron en hombres. Bryan Lasme ha terminado con 23 goles, el segundo máximo goleador de la liga. Un animal. Ha demostrado que tiene nivel para esto. Pero ha estado demasiado solo. Marius Müller ha sido el mejor fichaje que he hecho en mi vida. Un muro. Un líder. Ha evitado goleadas que nos habrían hundido en la miseria. Tristan Osmani, el niño, ha explotado: 6 goles y 11 asistencias. Ha sido la única luz en la oscuridad de la segunda vuelta. Se ha echado el equipo a la espalda con 20 años. Tiene el carácter que exijo. El resto... han cumplido. Han corrido. Han luchado. Pero les ha faltado calidad. Nos ha faltado fondo de armario. Cuando los titulares se cansaban, los que salían del banquillo no mantenían el nivel. Y ahora, Europa. La directiva está contenta. "Más ingresos", dicen. No entienden nada. No estamos preparados. Jugar jueves y domingo con esta plantilla es un suicidio. Es la receta perfecta para luchar por el descenso en la liga y hacer el ridículo en Europa. Y esa deuda, esos 192 millones, sigue ahí, como un ancla atada a nuestro cuello. El objetivo era la salvación. Lo hemos conseguido con creces. Pero el sabor de boca es amargo. Hemos probado el caviar y ahora tenemos que volver al pan duro. He demostrado que puedo construir un equipo competitivo de la nada. Ahora tengo que demostrar que puedo gestionar las expectativas, el cansancio y la presión de ser un equipo europeo. El trabajo de este verano será el más difícil de mi carrera. Necesito más soldados. Necesito más profundidad. Necesito que los niños como Osmani se conviertan en generales. No hay tiempo para descansar. La próxima temporada empieza hoy. Y será, si cabe, un infierno aún mayor. Diario de Tomasz Hajto: Entrada 4. Fin de la temporada 3 - El Eco de BerlínLa temporada ha muerto. Larga vida a la temporada. En la ciudad hay un murmullo de satisfacción. Sextos en la liga. Otra vez en Europa. La directiva me da palmaditas en la espalda, esta vez con un poco más de convicción. Hablan de "crecimiento sostenible" y "consolidación del proyecto". Palabras. Palabras vacías que se dicen en despachos con aire acondicionado. Yo prefiero el lenguaje del barro y la sangre. Sextos. 55 puntos. Ser sexto es como ser el invitado más guapo en la boda de otro. Nadie te recordará. Solo significa que el año que viene tendremos que volver a luchar en dos frentes, con el mismo cansancio y el doble de expectativas. Esta temporada no se define por ese sexto puesto. Esta temporada se define por dos noches. Una de vergüenza y otra de un orgullo amargo, casi doloroso. La vergüenza tiene nombre búlgaro: Ludogorets. Fuimos a su pocilga en la Europa League y nos creímos los reyes de la Bundesliga. Nos metieron cuatro. Cuatro. Fue una lección de humildad que algunos necesitaban. Les ganamos en casa, claro, cuando la presión ya se había ido, pero fue tarde. Nos enseñaron que en Europa, si te relajas un segundo, te desnudan y se ríen de ti delante de todo el continente. Lección aprendida. A golpes, como debe ser. Luego está el orgullo. La DFB-Pokal. La Copa. Ese camino sí fue nuestro. Eliminamos a rivales, sudamos en prórrogas, luchamos como perros hasta llegar a la final. A Berlín. El Olympiastadion. Un mar de azul y blanco. Por un momento, solo por un momento, el fantasma de la gloria pasada de este club pareció volver. Pero al otro lado estaba el Bayern. Y la realidad es una puta apisonadora. 0-2. Luchamos, pero no fue suficiente. Ver a esos millonarios de Múnich levantar el trofeo mientras mis jugadores miraban con el alma en los pies... ese es el combustible que necesito para el año que viene. Ese dolor es más útil que cualquier medalla. Miro los números que importan. Bryan Lasme. 26 goles. Un animal. Una bestia a la que solo le tienes que señalar la portería. Su trabajo no es jugar bonito, es ejecutar. Y ha sido nuestro verdugo. Marius Müller. Qué portero. Los listillos de los datos dicen que nos ha salvado casi 9 goles más de lo esperado. Yo digo que nos ha salvado el culo una y otra vez. Es el único hombre tranquilo en un tiroteo. Un muro. Los niños siguen creciendo. Tristan Osmani, con 8 goles y 12 asistencias, ya no es una promesa, es una realidad. Le falta mala leche, pero la aprenderá. El argentino, Fabricio Sena, con 11 goles y 10 asistencias, ha demostrado que el frío alemán no solo curte, sino que también afila. Y en las bandas, Sead Hakšabanović ha sido un puñal silencioso con 14 asistencias. No hace ruido, solo hace daño. ¿Lo mejor de todo? Miro el informe financiero. Cuando llegué, este club debía 191 millones. El año pasado, 120. Ahora, la deuda neta es de menos de 60 millones. ¡SESENTA! Los contables deben estar teniendo orgasmos en sus hojas de cálculo. Para mí, solo significa una cosa: el ancla que nos ahogaba ahora es solo una cadena. Seguimos sin ser libres, pero al menos podemos nadar. Pero no todo es vodka y sonrisas. Recuerdo marzo. Una bofetada de 6-1 contra el Bayern. Una derrota en casa, en nuestro Revierderby, contra esos payasos de amarillo y negro. Una derrota contra el Union Berlin. Tres partidos que nos enseñaron cuál es nuestro sitio. Todavía no estamos listos para sentarnos en la mesa de los mayores. Somos el pariente pobre al que invitan por compromiso. Se acabó. El eco de la final perdida en Berlín resonará en el vestuario cuando volvamos. Lo usaré como un látigo. La próxima temporada no vamos a Berlín como turistas. La próxima temporada, vamos a la guerra. Y esta vez, pienso ganarla. Diario de Tomasz Hajto: Entrada 5. Fin de la Temporada 4 - Los Cimientos de un Nuevo DomEl último sorbo de Stauder, la cerveza de nuestra tierra, sabe a metal y a tierra. Amargo. Como esta temporada. El despacho está en silencio, solo se oye el zumbido de la ciudad ahí fuera, una ciudad que duerme satisfecha. Idiotas. Se conforman con tan poco. Levanto la vista y veo el resumen del año en la pantalla. Quinto puesto. La misma puta marca en la pared de la mina que el año pasado. Hemos picado y picado durante meses para acabar exactamente en el mismo nivel, sin ver la luz del sol. Atrapados en el purgatorio de la Europa League. La temporada ha terminado y el sentimiento no es de alegría, es de impaciencia. De una rabia sorda. Cualquiera que mire la clasificación dirá que hemos cumplido. Quintos. Nos hemos asentado. Pero yo no vine aquí para asentarme. Yo vine para conquistar. Miro el calendario y es la historia de un equipo con dos caras. Un Dr. Jekyll que juega en casa y un puto Mr. Hyde que se arrastra por el barro ajeno. En nuestro Veltins, con el rugido de nuestra gente, hemos sido gigantes. Le ganamos al Bayern. Sí, 2-0. Vieron lo que es el Malocherfußball de verdad. Le ganamos al Dortmund, nuestro Revierderby. 2-1. Esa noche, la ciudad olía a victoria y a Currywurst, y por un momento, todo pareció tener sentido. Y luego está Europa. Echamos a la Juventus. A la Vecchia Signora. Le ganamos en Turín y le ganamos en casa. Demostramos que este escudo todavía pesa en el continente. Les recordamos lo que es Schalke. Pero esa es la cara bonita. La que sale en las postales. La otra cara es la que me revuelve el estómago. La del 1-4 en Dortmund, una herida que todavía supura. La del 1-5 contra el Leipzig, o la del 1-5 en St. Pauli. Humillaciones. Partidos donde nos desnudaron y nos recordaron que todavía somos un equipo en construcción, un gigante con pies de barro. Y la Copa... caer en segunda ronda contra el Stuttgart. Una Blamage. Inaceptable. Una mancha en nuestro honor. Y la eliminación contra el Niza en Europa... 180 minutos para no meter un solo puto gol. Impotencia. Frustración. Entonces, ¿qué hemos ganado este año? Miro otro informe. La deuda. 63 millones de euros. Cuando llegué, este club era un moribundo con 191 millones de deudas. Ahora... ahora respiramos. Ya no llevamos el ancla atada al cuello, solo una cadena. Y con esa cadena hemos aprendido a nadar. Y entonces llega la noticia. La que lo cambia todo. El presidente Fleger quiere construir un nuevo estadio. Un nuevo hogar. Un nuevo Dom para nuestro pueblo. De repente, todo este sufrimiento, cada punto perdido, cada entrada a ras de suelo en el barro, cobra un nuevo significado. No estábamos solo luchando por sobrevivir. Estábamos poniendo los cimientos. El Veltins-Arena es historia, es nuestro hogar. Pero el futuro exige más. Y nosotros, con nuestro sudor y nuestra sangre, le hemos dado a este club la oportunidad de soñar con un futuro. Hemos pasado de ser un club en venta a uno que se atreve a construir un nuevo coliseo. Este quinto puesto ya no me sabe a fracaso. Sabe a trabajo a medio hacer. Sabe al último turno en la mina antes de empezar a construir algo nuevo en la superficie. El año que viene, no jugamos solo por la Champions. Jugamos por merecer las llaves de nuestra nueva casa. Glück auf. Diario de Tomasz Hajto: Entrada 6. Fin de la Temporada 5 - El Peso del AceroDejo el vaso sobre la mesa, el líquido ámbar apenas se mueve. El despacho está en silencio, solo roto por el zumbido lejano de una ciudad que celebra. Una celebración que no comparto. No todavía. En la vitrina, dos nuevas piezas de metal reflejan la luz de la lámpara. La DFB-Pokal y la Europa League. Pesan. Huelen a esfuerzo. A trabajo hecho. Miro los titulares de los periódicos esparcidos sobre la madera. "Doblete histórico". "El renacer del Schalke". "Hajto, arquitecto de un campeón". Palabras. Bonitas, pero vacías. Prefiero la fría honestidad de los números y de los recuerdos. Lo conseguimos. Hemos traído dos trofeos a Gelsenkirchen. La Copa Alemana, ganada con una autoridad aplastante en Berlín. 4-0. Un trabajo limpio, una obligación cumplida. Y la Europa League. La conquistamos en el lugar más improbable, en el corazón del territorio enemigo, en el Westfalenstadion. Un 2-0 contra el Newcastle. Sentir el silencio de ese estadio mientras levantábamos una copa europea... ese recuerdo vale más que el propio metal. Y en la liga, segundos. Directos a la Champions League. A la mesa de los hombres, donde se cena con cuchillo y tenedor, no con las manos. La prensa me da premios. Los jugadores me dan premios. He alcanzado los 200 partidos en este banquillo. Dicen que es un hito. Yo digo que son 200 batallas, algunas ganadas, otras perdidas, todas sufridas. Reviso el rendimiento de mis soldados, especialmente el de los nuevos reclutas que llegaron este verano para cambiarlo todo. Maximiliano Gómez: El pistolero. Futbolista del Año en Alemania. 36 goles. No hay más que decir. Se le fichó para ser un asesino, y ha sido un verdugo. Gerard Rebollo: El niño de la Knappenschmiede. Mejor Jugador de la Europa League con 18 años. Anotó 12 goles. Le dimos la oportunidad y ha demostrado que el futuro de este club está en nuestra propia mina. Ya no es una promesa, es un líder. Alidu Seidu, Alexandro Bernabéi, Ruslan Litvinov, Nihad Mujakić: La nueva muralla. La defensa ha sido una fortaleza. Han traído la solidez y la mala leche que nos faltaba. Se acabaron los regalos. Santiago Ascacíbar y Matvey Kislyak: Sangre y cerebro para la medular. El argentino ha sido el perro de presa que esperábamos, y el joven ruso ha demostrado tener la visión de un veterano. Han sido el equilibrio perfecto. Enzo Kana-Biyik y Pablo Solari: Pólvora fresca para el ataque. Han sido revulsivos de lujo, cuchillos afilados que han cambiado partidos desde el banquillo. Han entendido su rol y han esperado su momento. Pero la memoria es una amante cruel, y yo no la olvido. No olvido el 1-4 en Múnich. No olvido el 1-4 en Dortmund en liga. No olvido el 1-5 en casa contra el Leipzig. Noches oscuras donde nos recordaron que, aunque tengamos copas en la vitrina, ellos siguen teniendo la corona. Ganar batallas no te convierte en rey. Y la guerra por el Meisterschale la hemos vuelto a perder. Este doblete no es un destino, es una estación de paso. Es la prueba de que el método funciona, de que el acero que forjamos es real. Pero la cima de la montaña sigue ahí, dominada por los mismos de siempre. Y nosotros seguimos abajo, mirándola. La celebración ha terminado. La próxima temporada no empieza en agosto. Empieza ahora. La Champions League nos espera, y el Bayern sigue en el trono, sonriendo con suficiencia. El año que viene, no vamos a defender nuestros títulos. Vamos a arrebatarles el suyo. Diario de Tomasz Hajto: Entrada 7. Fin de la Temporada 6 - El Sabor Agridulce de BerlínHay un trofeo nuevo en la vitrina. Uno que ya conocemos, pero que sabe diferente. Más pesado. Más real. La DFB-Pokal. Otra vez nuestra. Miro los recortes de prensa. "Hajto forja su leyenda". "El Schalke vuelve a reinar en Berlín". Palabras. Solo palabras que intentan describir una noche de locura. Yo prefiero los hechos. Y el hecho es que el trofeo está aquí, frío y brillante. Lo hemos hecho. Otra vez. Hemos vuelto de Berlín con la DFB-Pokal bajo el brazo. Pero esta vez ha sido diferente. Esta vez no ha sido un paseo. Ha sido arrancada de las fauces del puto dragón. 4-3 en la prórroga contra el Bayern de Múnich. Una batalla épica. Un partido de hombres. Ver a mis soldados levantar esa copa, exhaustos, sangrando, con la mirada de los que han ido al infierno y han vuelto con el tridente del diablo... ese momento. Ese puto momento lo justifica todo. Pero la resaca de Berlín es amarga. Miro la clasificación de la liga. Cuartos. Un puesto de Champions League. La directiva está contenta, el objetivo está cumplido. Para mí, es un fracaso. Un fracaso de 19 puntos. Esa es la distancia que nos separa del Bayern. Hemos sido los mejores del resto. Un título para los mediocres. Hemos perdido partidos estúpidos, como ese 0-1 en casa contra el propio Bayern, o el 2-3 contra el Leipzig. Ahí se nos fue la liga. No hemos tenido la consistencia. No hemos tenido el hambre para aguantar 34 jornadas. Y Europa... la Champions League. El baile de los reyes. Hemos llegado, hemos visto y nos han pintado la cara. Nos eliminó el Manchester City en octavos. Les ganamos en su casa 2-1, una noche de orgullo, pero la derrota en nuestro Veltins-Arena nos condenó. Nos enseñaron que en esa mesa no se puede ir de farol. O tienes la mejor mano, o te despluman. Y a nosotros nos desplumaron. La temporada ha tenido héroes, por supuesto.Bertuğ Yıldırım. El turco. La millonada que pagamos por él. Y los ha devuelto. 27 goles. Torschützenkönig. El máximo goleador de la Bundesliga. Ha sido nuestro martillo, nuestro cañón. Ha demostrado que el dinero, a veces, si lo gastas en un guerrero y no en una estrella de porcelana, merece la pena. El resto... han cumplido. Han sudado. Han luchado. Pero no ha sido suficiente. Así que aquí estamos. Con un pie en el cielo, celebrando una Copa heroica, y el otro en el barro, lamentando una liga que ni siquiera hemos disputado. Con un billete para volver a la Champions, sabiendo que todavía no somos reyes, solo invitados con una buena armadura. La celebración se ha acabado. El sabor de la victoria en Berlín ya se desvanece. Solo queda el regusto amargo de la distancia que nos separa del trono. El trabajo para la próxima temporada empieza ahora. Y esta vez, no quiero ser el mejor del resto. Quiero ser el puto rey. Diario de Tomasz Hajto: Entrada 8. Fin de la Temporada 7 - El Último Baile en el Trono de CarbónLevanto la vista. Sobre la mesa, reflejando la luz tenue de la lámpara, descansa el Meisterschale. Es más pesado de lo que imaginaba. Pesa más que el metal del que está hecho. Pesa 66 años de sequía, de esperas, de "casi". No lo miro con alegría. Lo miro con el respeto que se le tiene a un enemigo formidable al que, por fin, has vencido. La ciudad celebra ahí fuera. Que lo hagan. Se lo han ganado. Yo, esta noche, solo necesito el silencio y el frío contacto con este escudo de plata. Y la certeza de que el final de mi camino aquí está cerca.Lo hemos hecho. Esas tres palabras resuenan con un eco extraño. Campeones de la Bundesliga. Hemos derribado al gigante de Baviera. Hemos devuelto este escudo a la cima de Alemania. La prensa habla de hazaña, de un cuento de hadas, del primer título desde 1958. Cuentos. Esto no ha sido magia. Ha sido la consecuencia inevitable del sudor, la sangre y la disciplina. Ha sido picar piedra, día tras día, hasta que la montaña se vino abajo Miro la clasificación final. 83 puntos. Por encima del Bayern, por encima del Dortmund, por encima de todos. Recuerdo las batallas, no los paseos. El 4-0 a esos payasos de amarillo y negro en nuestro Revierderby. El 6-1 al Leipzig. El 8-4 al Gladbach. Noches en las que este equipo no jugó al fútbol, desató una puta tormenta. Llevo 300 partidos en este banquillo. 300 noches de insomnio, de dudas, de rabia. Dicen que he hecho historia, que soy de los mejores entrenadores polacos. Chorradas de periodistas que nunca han olido el barro de un vestuario. Mi único legado está en el campo. Y en el campo, mis soldados han sido gigantes: Bertuğ Yıldırım. El turco. El cañón por el que pagamos una fortuna. 37 goles. Torschützenkönig. Ha devuelto cada céntimo con intereses de sangre y sudor. No es una estrella, es un martillo pilón. Tristan Osmani. El maestro. A sus 25 años, ha dejado de ser el niño prodigio para convertirse en el cerebro de la operación. 14 asistencias, 8 goles. Cuando él tiene el balón, el equipo respira. Patrick Wimmer. El "Perfeccionista". Pagamos 36 millones por él, y ha demostrado por qué. Un puñal incansable, un dolor de muelas para cada defensa que se ha cruzado en su camino. Luís Maximiano. El muro portugués. Llegó para darnos seguridad y nos ha dado un título. Sus paradas nos han mantenido vivos cuando la lógica decía que estábamos muertos. Ha sido el general que necesitábamos en la retaguardia. Pero la memoria, esa vieja puta, no me deja disfrutar del todo. Me susurra al oído nuestros fracasos. La Supercopa, perdida contra el Bayern. La Copa, eliminados en tercera ronda por el mismo verdugo. Y la Champions League... ah, la Champions. Llegamos a cuartos, sí. Y el Inter de Milán nos metió cinco en nuestro propio estadio. Un 0-5. Nos enseñaron, con una crueldad exquisita, que para cenar en la mesa de los reyes de Europa, no basta con llevar una corona de cartón. Hay que tener un trono de acero. Así que aquí estoy. Rey de Alemania, pero un plebeyo en Europa. Con el trofeo más deseado en mis manos, pero con el sabor amargo de la humillación europea todavía en la boca. Y siento el peso de estos años. Siento el cansancio en los huesos. Vine aquí buscando una redención, no la inmortalidad. Y la he encontrado. He devuelto a este club a la cima. Mi trabajo, mi promesa, está casi cumplida. La temporada que viene será, casi con toda seguridad, mi último baile. Un último turno en la mina. Defender el trono de la Bundesliga y un último asalto a esa puta corona europea. Dejaré a este club en la cima, o moriré en el intento. Pero después... después, necesitaré silencio. Necesitaré un lugar donde el único eco sea el del viento, no el de 60.000 gargantas coreando mi nombre.Esta victoria no es un final. Es una advertencia. Ahora somos la presa. Ahora todos querrán nuestra cabeza. La celebración se ha acabado. El trabajo, el último trabajo, empieza ahora. Diario de Tomasz Hajto: Entrada 9. Fin de la Temporada 8 - El Sabor Agridulce de BerlínSe acabó. Mi última temporada. Mi último turno en la mina. Y nos vamos con una última cicatriz... y una última venganza. Hemos ganado la DFB-Pokal. Sí. En Berlín. Contra ellos. Contra los payasos de amarillo y negro. Y no ha sido una victoria. Ha sido una puta humillación. Un 4-0. Ver sus caras descompuestas, ver a sus aficionados abandonar el estadio en el minuto 70... ese momento. Ese momento en el Olympiastadion, con nuestra gente rugiendo, ha lavado muchas de las heridas de este año. Es la despedida perfecta. Pero la resaca de Berlín es amarga.Porque esa copa no esconde la verdad. La Bundesliga se nos ha escapado. Segundos. A un puto punto del Dortmund. Nos han robado la corona por un suspiro, por un mal partido, por un gol encajado en el último minuto en algún campo de mierda. Y duele. Duele como un puñal en las costillas. Y la Champions League. La Orejona. La olimos. Semifinales. Contra el PSG. Empatamos en casa, y caímos en París. 2-1. A un solo gol de la final. A un puto palmo de la gloria eterna. El "casi" más doloroso de mi carrera.Miro a los soldados que han luchado esta última guerra. Bertuğ Yıldırım: El Sultán. 25 goles. Nos ha llevado en volandas hasta donde hemos llegado. Un guerrero. Osmani y Rebollo: Los cerebros. 14 y 15 asistencias. La magia que ha alimentado a la bestia. Tom Rothe y El Chadaille Bitshiabu: Mis nuevos generales. Han convertido la defensa en un muro. Han valido cada céntimo. He dirigido mi partido número 300. He traído títulos a este club. Pero me voy con la sensación del trabajo inacabado. Dejo un equipo campeón de Copa, sí. Un equipo que ha asustado a los reyes de Europa. Pero dejo un equipo subcampeón de Alemania. El despacho está casi vacío. Solo quedan los fantasmas de ese punto que nos faltó. Es hora de irse. Dejo las llaves y dos trofeos sobre la mesa: la Supercopa que ganamos en agosto y esta última Pokal. Un buen botín. Pero no es el que yo quería. Mi tiempo aquí ha terminado. El silencio, por fin. Glück auf, mein Schalke.
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El Secreto de Abegondo
Las luces de Riazor ya no brillan en las noches europeas y el eco del "Súper Dépor" se ha convertido en un susurro melancólico. El gigante gallego, aquel equipo que tuteó a los más grandes y conquistó una Liga contra todo pronóstico, se encuentra perdido, lejos de los focos y con el peso de una historia demasiado grande para sus hombros actuales. En una era dominada por los petrodólares y los fichajes galácticos, el Deportivo de la Coruña ha sido relegado al olvido, atrapado en la dura realidad de la Segunda División y con las arcas vacías. El camino de vuelta a la cima parece imposible, una quimera inalcanzable. Pero la respuesta nunca estuvo en el dinero. La clave para despertar al gigante dormido no se encuentra en el mercado, sino en casa, en los campos de entrenamiento de la Ciudad Deportiva de Abegondo. Para desvelar ese secreto, regresa el eterno capitán, José Ramón. Un hombre que ya una vez lideró al equipo desde la oscuridad hasta la gloria y que ahora vuelve al banquillo no con una chequera, sino con un plan. Basado en la analítica de datos, el ojeo minucioso y una fe inquebrantable en la cantera, su misión es iniciar una reconquista silenciosa. Este no es el relato de un ascenso; es la forja de una identidad, la construcción de un club sostenible que demuestre al mundo que el mayor tesoro del Dépor siempre ha sido su gente. El secreto de Abegondo está a punto de ser revelado. Objetivos: Situar al equipo entre los habituales en Europa con un proyecto sostenido con la cantera y método moneyball Temporada 1 Cuando el eterno capitán José Ramón regresó al banquillo, más de uno en Coruña pensó que se había equivocado de década. Su plan, bautizado como "El Secreto de Abegondo", sonaba a poción mágica de un druida gallego más que a un proyecto de fútbol moderno. Con veteranos que se negaban a hacer las maletas y un vestuario que parecía una cumbre de la ONU, con más cedidos que jugadores en propiedad, el objetivo del ascenso parecía una quimera. La directiva pedía luchar por subir; la afición soñaba con ello. Nadie, absolutamente nadie en su sano juicio, se imaginó que este equipo, construido con retales, canteranos con acné y un delantero italiano prestado, acabaría descorchando el champán como campeón de LaLiga Hypermotion. El "Tsunami Blanquiazul" fue menos una táctica y más un estado de ánimo. Riazor vio a un equipo que presionaba como si le debieran dinero y atacaba con la alegría de un adolescente en su primer festival. Samuele Mulattieri, un bombardero llegado de Italia, se hinchó a marcar goles (28, nada menos) con la contundencia de un centurión romano, mientras un chaval inglés llamado Charlie Patiño impartía clases de fútbol en el mediocampo con la flema de un Lord. A su alrededor, los niños de Abegondo, como David Mella y Rubén López, corrían más que los caballos de Padrón, demostrando que el secreto de la casa era, simplemente, tener más hambre que nadie. Por supuesto, no todo fue un camino de rosas, y la humillante eliminación copera contra el Pontevedra sirvió como cura de humildad y, probablemente, para centrarse en lo que de verdad importaba: hacer historia en la liga. Y así, contra todo pronóstico, se obró el milagro. El Deportivo de La Coruña no solo ha vuelto a Primera División, sino que lo ha hecho por la puerta grande, levantando un título que sabe a gloria bendita. Los mismos que arqueaban la ceja en agosto ahora corean el nombre de un José Ramón que ha pasado de leyenda en el césped a arquitecto de sueños en la banda. El Secreto de Abegondo ha dejado de ser un susurro para convertirse en un grito que resuena en toda España. El gigante ha despertado. Ahora empieza lo divertido: el año que viene nos tocan el Madrid y el Barça. Que vayan preparando las raciones extra de pulpo, porque este equipo tiene un hambre voraz. Temporada 2 El retorno del Dépor a Primera fue recibido con el cariño que se le tiene a un abuelo que vuelve a casa por Navidad: mucha nostalgia, palmaditas en la espalda y la certeza de que no aguantaría el ritmo de los jóvenes. Los expertos nos daban por desahuciados antes de empezar, augurando una lucha encarnizada por no volver al pozo de Segunda. La directiva, con un optimismo conmovedor, pedía "combatir con valentía contra el descenso". Lo que nadie se esperaba es que el "Secreto de Abegondo" de José Ramón no era una receta para sobrevivir, sino un manual para conquistar. Con un delantero ucraniano de nombre impronunciable (Kukharevych) y un portero alemán (Mantl) fichados con la calderilla del sofá, este equipo ha convertido cada partido en Riazor en una fiesta de pulpo y goles. La temporada ha sido una montaña rusa de emociones que haría vomitar a un astronauta. Empezamos dubitativos, pero la maquinaria del "Tsunami Blanquiazul" se engrasó con victorias épicas en casa, como el 2-0 a un Barça que todavía busca el balón o el 6-1 a un Valencia que se fue de Riazor necesitando terapia. Kukharevych se ha destapado como un depredador del área, metiendo 22 goles que han valido su peso en oro. A su lado, los de siempre: Villares corriendo como si le persiguiera la Santa Compaña y Patiño poniendo pases que deberían ser expuestos en el Prado. Por supuesto, no todo fueron alegrías. La eliminación en Copa contra Osasuna nos recordó nuestra condición de mortales, y las palizas contra el Madrid y el Barça nos enseñaron lo que cuesta el pan en la panadería de los ricos. Al final, con el corazón en un puño, el Dépor no solo se ha salvado con una holgura insultante, sino que ha pescado un billete para la Conference League en la última jornada. ¡Europa, allá vamos! Séptimos en LaLiga, por delante de equipos con presupuestos de superproducción de Hollywood. José Ramón ha pasado de ser una leyenda a ser un santo al que ponerle una vela. Los mismos que nos daban por muertos, ahora se preguntan cuál es el secreto de este equipo. Y el secreto, señores, sigue guardado bajo llave en los campos de Abegondo. Que se prepare el continente, porque la verbena gallega está a punto de empezar una gira europea. Temporada 3 Nadie daba un duro por nosotros. La idea de jugar en Europa era vista en Coruña como una excusa para que la afición cogiera vuelos baratos y probara cervezas raras. El plan original era la Conference League, una especie de Interrail futbolístico para coger experiencia. Pero entonces, la UEFA, en un acto de generosidad que aún se estudia en Cuarto Milenio, nos regaló un billete para la Europa League. La directiva, fiel a su política de fichar con lo que encuentra en los cojines del sofá, nos trajo un delantero serbio de 20 años (Zivkovic) por lo que cuesta un piso en Arteixo y un extremo croata (Murić) que llegó más gratis que el aire que respiramos. Los gurús del fútbol nos daban por eliminados en la fase de grupos. Pobres ilusos. La temporada en Liga ha sido un electrocardiograma de un hombre a punto de ver al Dépor en una final. Capaces de recibir un sonrojante 1-5 del Sevilla en casa que nos hizo replantearnos la vida, y a la semana siguiente endosarle un 6-1 al Betis como si tal cosa. A los grandes les perdimos el respeto. Fuimos al Camp Nou y le ganamos 1-2 a un Barça que todavía debe estar buscando a David Mella por las ramblas. El "Tsunami Blanquiazul" no avisaba, simplemente arrasaba. Y los nombres propios... ¡qué espectáculo! El imberbe Zivkovic ha metido 26 goles, convirtiéndose en el terror de los defensas de media Europa. A su lado, Diego Villares, nuestro Forrest Gump particular, ha decidido que además de correr por tres, ahora marca goles como si no hubiera un mañana (¡17!). Y Charlie Patiño sigue dando pases con escuadra y cartabón que deberían cotizar en bolsa. Mención especial para Murić, un señor que llegó a coste cero y ha repartido 16 asistencias. El mejor chollo desde las rebajas de enero. Pero la verdadera verbena, la orquesta Panorama de nuestra temporada, fue Europa. Tras una fase de grupos en la que parecíamos un turista con chanclas y calcetines, llegaron las eliminatorias. Y el Dépor se puso el frac. Despachamos al Gladbach con un 6-0 global que aún escuece en Alemania. Nos vengamos del Sporting de Portugal con una autoridad pasmosa. Y llegó la semifinal contra el Anderlecht. Perdimos 2-0 allí. La prensa ya escribía nuestro obituario. Pero se olvidaron de que la vuelta era en Riazor. Aquella noche mágica, con un 4-1 épico, nos colamos en una final europea. La final contra el Atalanta fue el equivalente a quedarte sin batería en el móvil cuando estás a punto de ganar el Wordle. Un 1-0 doloroso que nos dejó con cara de tontos, pero con el orgullo de un pavo real. Al final, entre goleada y susto, el equipo no solo ha repetido la gesta europea, sino que la ha superado con creces. Cuartos en Liga. ¡CUARTOS! La temporada que viene, el himno de la Champions sonará en Riazor. Que vayan preparando los desfibriladores en la ciudad. El "Tsunami Blanquiazul" ha subido de categoría: ahora es un maremoto con ganas de conquistar Europa. Temporada 4 La pretemporada fue un paseo militar contra equipos cuyos nombres parecían sacados de un generador aleatorio. Goleadas de escándalo para coger moral antes de que empezara lo serio. Y lo serio empezó pronto: debut en Champions con un 6-1 al Dinamo de Kiev y paliza a domicilio por 0-4 al Ajax. Media Europa se atragantó con el café. El "Tsunami Blanquiazul" no había venido a la Champions de turismo, había venido a llevarse la vajilla. En Liga, la historia fue la de Sísifo con una camiseta del Dépor. Empujábamos la roca hasta la cima, pero siempre se nos acababa cayendo. Hemos tuteado a los dos gigantes: ganamos 2-0 en el Metropolitano al Atleti y empatamos 1-1 en el Bernabéu. Pero en Riazor nos pintaron la cara tanto el Barça como el Madrid. Nos hemos convertido en ese hermano mediano respondón que le roba el bocadillo a los mayores de vez en cuando, pero que todavía duerme con una luz encendida. Al final, un meritorio 3er puesto, volviendo a sellar el pasaporte para la Champions. Ya no somos una sorpresa, somos una puñetera realidad. Si hay un equipo que tiene nuestro número de teléfono, ese es el Atleti del Cholo. En la Supercopa de España, nos eliminaron en semifinales en un partido loco que acabó 4-3 en la prórroga. En la Copa del Rey, más de lo mismo: semifinales y para casa. Parece que Simeone tiene un muñeco de vudú con la cara de nuestro escudo. A pesar de todo, llegar a semifinales en ambas competiciones es un éxito rotundo. Nuestra primera aventura en la máxima competición ha sido para enmarcar. La fase de grupos fue una montaña rusa. Capaces de golear al Ajax fuera y al Leipzig en casa, pero también de recibir un sonrojante 5-0 del Inter en Milán que nos recordó que en Europa hay señores muy serios que no están para bromas. Pasamos la fase previa contra el AC Milan con una victoria épica en San Siro por 2-3, y el sorteo de octavos nos deparó el coco: el FC Barcelona. La ida en Riazor fue una de esas noches mágicas, un 2-1 con el estadio rugiendo como en los viejos tiempos. Por un momento, creímos que el "Súper Dépor" había vuelto. Pero la vuelta en el Camp Nou fue un baño de realidad. Un 4-1 que nos mandó a casa con la cabeza alta, pero eliminados. Morimos matando, eso sí. Este año, la responsabilidad se ha repartido. Kukharevych y Zivkovic se han turnado para ser los pistoleros, con 6 y 13 goles en Liga respectivamente. Pero la verdadera estrella ha sido Christián Herc, nuestro hombre para todo. El eslovaco ha sido el mejor del equipo en Champions y Copa, apareciendo en los momentos clave con goles y asistencias. Y qué decir de los de siempre: Murić sigue siendo un francotirador desde la banda y la conexión gallega de Mella y Yeremay ha puesto en aprietos a las mejores defensas de Europa. Temporada 5 Llegamos a esta quinta temporada con la mochila cargada de lecciones. Ya no éramos los advenedizos que pedían permiso para sentarse en la mesa de los grandes; éramos el equipo que les quitaba la silla. La directiva, que antes hablaba de "ser competitivos", ahora exigía resultados en la "zona alta". El plan de José Ramón, "El Secreto de Abegondo", había dejado de ser un proyecto para convertirse en una máquina de ganar, y España entera se preguntaba hasta dónde podía llegar este Dépor construido con fe, datos y talento de casa. La temporada ha sido una sinfonía de fútbol total, una demostración de autoridad que ha silenciado a los escépticos. La Liga no ha sido una carrera, ha sido una coronación. Nos hemos proclamado CAMPEONES DE LALIGA con una superioridad insultante, sumando 93 puntos y dejando al Real Madrid y al Barcelona peleando por las migajas. Riazor se convirtió en una fortaleza inexpugnable donde cayeron todos, incluido un Barça al que le endosamos un 4-0 que todavía escuece en la Ciudad Condal. Pero la verdadera consagración llegó en enero. En la Supercopa de España, escribimos una de las páginas más gloriosas de nuestra historia reciente. Primero, nos vengamos del Barça en semifinales con un 3-2 épico. Y en la final, contra esa bestia negra llamada Atlético de Madrid, el equipo sacó un carácter de leyenda para ganarles por 3-2 y levantar el primer gran título de la era José Ramón. Aquella noche, el grito del deportivismo se escuchó en toda la península. El gigante no solo había despertado; ahora llevaba corona. Sin embargo, Europa sigue siendo nuestra asignatura pendiente, esa cima que se nos resiste. En la Champions, volvimos a demostrar que podemos bailar con cualquiera. Goleamos al Molde, empatamos en Marsella y, en una noche para el recuerdo, tumbamos al Real Madrid por 1-0 en Riazor. Pero la fortuna, esa vieja caprichosa, nos cruzó en el playoff con el ogro alemán, el Bayern de Múnich. En una eliminatoria de infarto, donde llegamos a ganar 4-3 en la ida, caímos cruelmente en la tanda de penaltis en el Allianz Arena. Morimos en la orilla, sí, pero lo hicimos plantando cara al campeón, demostrando que este Dépor ya no tiene miedo a nadie. Al final de la temporada, la sensación es de un éxito abrumador. Hemos conquistado el reino de España, levantando una Liga y una Supercopa que saben a gloria. Hemos visto a nuestros canteranos, como David Mella y Yeremay, convertirse en estrellas mundiales, y a fichajes "Moneyball" como Igor Silva o Kukharevych rendir como auténticos galácticos. La eliminación europea duele, sí, pero solo sirve de combustible. El Secreto de Abegondo ya no es un secreto, es una advertencia. Hemos conquistado España; ahora, volvemos a por Europa. Y esta vez, no pediremos permiso. Temporada 6 Que alguien pare el mundo, que nos queremos bajar. O mejor no, que este viaje es demasiado bueno. La temporada 2028/29 ha terminado y la sensación que nos queda en el cuerpo es la de haber corrido una maratón a sprint, haber celebrado una boda y haber ido a un funeral, todo en el mismo día. Porque sí, amigos, en LaLiga hemos quedado terceros, a una distancia indecente del Barça que da hasta vergüenza ponerla en letra impresa. Pero que le pregunten a los culés quién les metió un 4-0 en Riazor. Spoiler: fuimos nosotros. La competición doméstica ha sido el peaje que hemos pagado por soñar. El desgaste de las noches europeas nos ha convertido en un equipo de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Capaces de golear 5-0 al Girona para, a la vuelta de la esquina, perder 0-3 contra ellos mismos. Una bipolaridad que nos ha alejado del título, pero que nos ha vuelto a meter en Champions por la puerta grande. ¿Terceros? Un mal menor para un equipo que tenía la cabeza en otra parte. Y esa otra parte, amigos, era Europa. ¡Bendita Europa! Lo de este equipo en la Champions League no ha sido una campaña, ha sido una epopeya, un cantar de gesta que los bardos recitarán en las tabernas de la Calle de la Estrella durante generaciones. La fase de grupos fue un aperitivo: 4-0 al Legia, 2-1 al Barça, 1-0 al Real Madrid... Los gigantes venían a Riazor y salían con la cartera vacía y un par de goles en la maleta. Luego, las eliminatorias. ¡Ay, las eliminatorias! Despachamos al Porto como quien se quita una pelusa. Y entonces, Anfield. Fuimos a ese estadio donde dicen que nunca caminarás solo, y salimos no solo caminando, sino bailando una muiñeira tras eliminar al Liverpool. A continuación, el Manchester City de Guardiola, con sus millones y su tiki-taka de diseño. Pues bien, se llevaron un 3-3 en su casa y una lección de coraje gallego. En semifinales, el destino nos puso delante al fantasma, al ogro, al Bayern de Múnich. Y esta vez, la historia fue nuestra. Les ganamos en Alemania y aguantamos en Riazor para meternos en la final. ¡LA FINAL DE LA CHAMPIONS! Que alguien pellizque a la Torre de Hércules, porque esto no podía ser verdad. La final en París contra el PSG fue una daga en el corazón. Un solitario gol nos dejó con la cara de tontos y la medalla de plata, que brilla, sí, pero pesa como una losa. Perdimos, qué se le va a hacer. Pero perdimos tras haber conquistado Europa. Y en medio de esta locura, la fábrica de Abegondo ha seguido produciendo a pleno rendimiento. A los ya consagrados Mella y Yeremay, se han sumado dos balas salidas de la cantera. Chechu, con la desfachatez de un juvenil, ha sido el pulmón de repuesto en el lateral. Y José, saliendo desde el banquillo, se ha hinchado a marcar goles (¡13!) con la frescura de quien no sabe lo que es el miedo. Así que sí, somos terceros en Liga. Somos subcampeones de Europa y de la Supercopa. Y qué. Hemos vuelto a poner a Coruña en el mapa. Hemos hecho temblar a los más grandes. Y hemos demostrado que, a veces, los sueños, aunque terminen con una lágrima en París, merecen la pena ser vividos. Que se preparen, porque el año que viene, volvemos a por lo que es nuestro. Y esta vez, no perdonaremos. Temporada 7 Afrontábamos la temporada con el doloroso recuerdo de la final aún en la retina y el cuchillo entre los dientes. La directiva, en un alarde de ambición (o de haberse tomado un par de licor cafés de más), nos pedía "Clasificar para la UEFA Europa League". Nosotros, teníamos la mira puesta en cotas más altas. El problema es que, este año, hemos descubierto que ser el segundo es el primer perdedor, y hemos sacado un máster en ello. En Liga, hemos sido la sombra de un Barça imperial que ha sumado 100 puntos. Quedar cuartos con 76 puntos sabe a poco después de haber sido campeones, pero nos devuelve a la Champions, que es lo mínimo que se le despacha a este equipo. La temporada ha sido un quiero y no puedo, un quiero ganar al Madrid (3-0 en casa, ¡qué gozada!) y un no puedo evitar perder puntos tontos contra equipos que deberían estar luchando por no bajar a Segunda a pescar con dinamita. En las copas, la historia se ha teñido de un azulgrana que ya empieza a ser indigesto. En la Supercopa de España, eliminados en semifinales por el Barça en los penaltis. En la Copa del Rey, más de lo mismo: semifinales y para casa contra el mismo verdugo. Parece que a Flick le hemos debido de quitar la plaza de aparcamiento en algún sitio, porque nos tiene tomada la matrícula. El único consuelo ha sido ver al chaval Bruno Fernández, nuestro fichaje para el mediocampo, erigirse como la estrella del torneo con una media de 7.72. Tenemos un nuevo mago en la ciudad. Pero la verdadera epopeya, y la mayor de las decepciones, ha vuelto a ser la Champions League. Hemos recorrido Europa como Atila, dejando un rastro de destrucción. Goleadas al Leipzig, al Athletic, al Beşiktaş... Eliminamos al Porto, al Barcelona (¡venganza!) en octavos, y al Manchester City de Guardiola en unos cuartos de final de infarto (¡8-4 en el global!). Llegamos a semifinales contra el Milan y, tras una exhibición en San Siro (4-4), nos plantamos en nuestra ¡SEGUNDA FINAL DE CHAMPIONS CONSECUTIVA! Y de nuevo, París. Y de nuevo, el PSG. Y de nuevo, la misma pesadilla. Un 2-0 que nos ha vuelto a dejar con la miel en los labios. Dos años seguidos siendo el novio plantado en el altar. Es para arrancarse el pelo a tiras. Hemos demostrado que somos uno de los mejores equipos del mundo, pero nos falta ese último paso, esa pizca de suerte o de mala leche para levantar la "Orejona". Volveremos, vaya si volveremos. Porque a cabezones no nos gana nadie. Temporada 8 Afrontábamos esta octava temporada con la resaca de dos finales de Champions. El objetivo, casi por inercia, era volver a pelear por todo. Nadie en Coruña, ni el más agorero de los druidas, podía imaginar que estábamos a punto de vivir una de las campañas más decepcionantes de la era José Ramón. El "Tsunami Blanquiazul" ha perdido fuerza y nos ha dejado varados en una orilla muy incómoda. Lo de este año en la competición doméstica ha sido un batacazo en toda regla. Hemos caído del trono a un desolador 5º puesto, fuera de los puestos de Champions League y clasificados por los pelos para la Europa League. La regularidad que nos hizo campeones se ha esfumado. Hemos sufrido derrotas sonrojantes contra los tres de arriba (0-2 vs Madrid, 1-2 vs Barça, 0-3 vs Atleti en casa) y hemos sido incapaces de dominar a equipos de la zona media. La sangría de puntos ha sido constante, un goteo lento que nos ha descolgado de la pelea por el título antes de Navidad. Ni siquiera los 13 goles de Zivkovic han podido maquillar una campaña liguera para el olvido. Por si el descalabro liguero fuera poco, en las copas hemos vuelto a chocar contra nuestros fantasmas. En la Supercopa, el Barça nos mandó a casa en semifinales. En la Copa del Rey, fue la UD Las Palmas quien nos humilló en cuarta ronda. Una eliminación tempranera e inaceptable que evidenció la falta de tensión competitiva del equipo en los torneos del KO. Solo en Europa este equipo ha recordado quién es. Hicimos una fase de grupos muy sólida, con victorias de prestigio como el 2-0 al Manchester United en Riazor. Superamos al Benfica en el playoff y nos plantamos en octavos de final de nuevo contra el United. Y ahí, en Old Trafford, se acabó el sueño. Caímos 3-1. A pesar de la eliminación, el rendimiento de los nuestros en Europa ha sido lo único salvable de la temporada. Chechu, con una media de 7,32, fue nuestro mejor hombre en la competición, y el joven Bruno Fernández, con 4 asistencias, demostró tener la calidad para estas grandes noches. La temporada nos deja varias lecturas preocupantes. El bloque que nos hizo campeones muestra síntomas de agotamiento. Jugadores clave han bajado su rendimiento y el equipo ha perdido esa chispa de invencibilidad. Sin embargo, en medio del desierto, han crecido flores. La consolidación de los canteranos Chechu y José como jugadores importantes y el impacto inmediato del fichaje Bruno Fernández son las únicas noticias a las que aferrarse. Han sido los jóvenes quienes han tirado del carro cuando los veteranos flaqueaban. En resumen, Míster, ha sido un año de cura de humildad. Hemos vuelto a la tierra de golpe. La caída en Liga es un aviso muy serio: o reaccionamos, o nuestro imperio puede desmoronarse. Toca hacer autocrítica, tomar decisiones difíciles y reconstruir la ambición de un equipo que parece haber perdido el hambre.
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"Contra Todo y Contra Todos: La Conquista de Estambul"
En el corazón vibrante de Estambul, donde el Bósforo separa dos continentes pero une una pasión inquebrantable, una leyenda regresa a casa. En el corazón vibrante de Estambul, donde el Bósforo separa dos continentes pero une una pasión inquebrantable, una leyenda regresa a casa. José María Gutiérrez "Guti" Hernández, el genio de la '14', vuelve al Vodafone Park, no para deleitar con su magia en el campo, sino para comandar desde el banquillo. Esta es la crónica de "El Retorno del Águila Negra", un proyecto forjado en el alma rebelde de Çarşı y en la ambición de un club nacido para atacar. El objetivo es claro y no admite medias tintas: restaurar el orden en Turquía derrocando a los eternos rivales para reconquistar la Superliga, y desde ahí, lanzar un asalto a la élite del continente. El rugido de las Águilas Negras debe volver a resonar con fuerza, no solo en Estambul, sino en cada estadio de Europa hasta alcanzar la gloria continental.
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"Renacimiento de la Samp: De las Cenizas a las Estrellas"
Buenas! A ver si conseguimos sacarlos del barro. Un saludo
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- Masia