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El apellido no juega

Respuestas destacadas

Azerbayan. Conozco el circuito de F1 y ya, pero cojo la maleta y me dispongo a coger sitio en la grada de nuestro próximo equipo, sea cual sea

Mucha suerte en esta nueva aventura!!

Editado por ansodi

  • Autor

Pues conocemos más o menos lo mismo...bueno ahora puedo decir que "conozco" bastante más, gracias por los deseos @ansodi veremos como se da!

Editado por Os Pretos

  • Autor

Capítulo 1. Conociendo a Tural Aliyev

Tural Aliyev nació el 14 de septiembre de 1992, en el distrito de Yasamal, Bakú. No en una casa ostentosa, sino en un apartamento amplio, luminoso, silencioso. Desde fuera no parecía especial; desde dentro lo era todo. Libros en varios idiomas, cuadros sobrios, conversaciones que denotaban un alto nivel cultural. En casa de los Aliyev no se hablaba de dinero porque nunca fue un problema. Se hablaba de expectativas.

Su padre, Rasim Aliyev, estaba casi siempre ausente. No físicamente, eso habría sido más fácil de explicar, sino mentalmente. Hombre metódico, construido en la brutal transición del Azerbaiyán postsoviético, entendía el mundo como una cadena de decisiones prácticas. Para él, el éxito era el objetivo, la única opción. Nunca fue un padre cruel, tampoco uno cercano. Enseñó a Tural a no pedir permiso al mundo, pero olvidó enseñarle a pertenecer a él.

Leyla Aliyeva, su madre, no provenía del mismo mundo. Había estudiado literatura, hablaba francés con fluidez y conservaba una forma de mirar las cosas que no encajaba del todo con el entorno que la rodeaba. Fue ella quien introdujo a Tural en el hábito de observar antes de opinar, de escuchar antes de decidir. No hablaba de fútbol, pero sí de estructura, de ritmo, de silencios. Conceptos que, sin saberlo, acabarían marcando su forma de entender el juego.

Tural fue un niño tranquilo. Demasiado, según algunos profesores. No lideraba grupos, pero cuando hablaba, los demás escuchaban. No destacaba por talento físico. Jugaba al fútbol en el colegio, sí, pero sin brillo. Nunca fue el mejor, nunca el peor. Eso lo frustraba menos de lo que cabría esperar. Desde pequeño entendió que su lugar no estaba en la ejecución, sino en la organización.


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Retrato familar en casa de los Aliyev en el que el pequeño Tural contaba con 3 años


Durante la adolescencia, mientras otros buscaban identidad en la confrontación, Tural la buscó en la distancia. Viajó pronto. Estudió fuera. Londres fue el punto de inflexión. Allí descubrió dos cosas importantes: que su apellido no significaba nada y que el fútbol podía ser algo más que emoción desordenada. En Inglaterra se obsesionó con los entrenadores, no con los jugadores. Pasaba horas leyendo, viendo partidos antiguos, analizando estructuras. Nunca imitó a uno solo.

Admira a Arsène Wenger por su visión a largo plazo, pero desconfía del romanticismo sin control. Respeta a Ancelotti por su gestión humana, pero no cree en la flexibilidad sin un marco claro. Estudia a Guardiola, pero entiende que no todos los contextos permiten imponer una idea absoluta. De Arteta le interesa la paciencia. De Nagelsmann, la adaptabilidad. De entrenadores más pragmáticos aprende lo que no quiere ser… y lo que quizá necesite ser algún día.

Porque Tural Aliyev no cree en sistemas fijos. Cree en principios móviles.

No le interesa imponer un estilo que no encaje con los jugadores que tiene. Considera eso una forma de arrogancia. Para él, la táctica no es una declaración de intenciones, sino una herramienta de lectura del entorno. Prefiere un equipo bien organizado sin balón antes que uno brillante pero frágil. Prefiere ganar sin convencer antes que convencer sin obtener premio.

En lo personal, Tural es reservado. No porque no tenga emociones, sino porque no las exhibe. No se aferra a relaciones largas. No construye rutinas sociales estables. Su vida gira en torno al trabajo, al análisis, a una búsqueda constante de legitimidad que nunca verbaliza. El fútbol no es su refugio emocional; es su campo de pruebas.



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Traje negro de firma italiana, reloj suizo de oro macizo y esclava en oro de 24 kilates no esconde su origen


Con su madre mantiene una relación silenciosa, profunda. Hablan poco, pero se entienden. Ella nunca le pidió que fuera alguien distinto. Solo que fuera honesto con lo que eligiera. Con su padre, la relación es más tensa. No por conflicto abierto, sino por expectativas no dichas. Rasim Aliyev observa desde la distancia, esperando que su hijo fracase rápido o triunfe, sin medias tintas.

Hoy, a los treinta y dos años,quiere iniciar su carrera como entrenador lejos de los focos, en un club que no prometa nada salvo dificultad. No porque sea humilde, no porque sea romántico, sino porque entiende algo que pocos aceptan:

“El respeto no se hereda, se construye y casi siempre, en silencio”

Editado por Os Pretos

  • Autor

El país y su geografía rota

Azerbaiyán es un estado caucásico. Limita al este con el mar Caspio, al norte con Georgia y Rusia, al sur con Irán y al suroeste con Armenia

Azerbaiyán es, por definición reciente, una nación con fronteras que guardan heridas. No sólo por líneas en un mapa sino también por el recuerdo de quienes vivieron la violencia, las expulsiones y las pérdidas personales.

Una pieza geográfica relevante para entender por qué las identidades nacionales aquí suelen ser algo más que banderas son por ejemplo Najicheván, es un exclave de Azerbaiyán separado del resto del país por territorio armenio, es un recordatorio físico de cómo las fronteras sovietizadas quedaron fragmentadas tras la caída de la URSS.


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I. El conflicto entre Armenia y Azerbaiyán

El enfrentamiento entre Armenia y Azerbaiyán tiene raíces históricas, étnicas y territoriales, y se centra en la región de Nagorno-Karabaj.

Durante la época soviética, Nagorno-Karabaj fue integrada en Azerbaiyán, aunque su población era mayoritariamente armenia. Mientras la URSS existía, el conflicto estaba “congelado”, pero con su caída a principios de los años 90, la situación explotó.

Primera guerra (1991-1994)

En 1991, en un referéndum boicoteado por la población azerí, los armenios del Alto Karabaj aprobaron la creación del Estado independiente de Artsaj. Una propuesta rusa para incrementar la autonomía de la región no satisfizo a ninguna de las partes, estallando la guerra entre el gobierno de Azerbaiyán y los independentistas del Alto Karabaj, quienes fueron respaldados por Armenia. A finales de 1993, el conflicto ya había causado veinte mil muertos y provocado la huida a Azerbaiyán de ochocientos mil refugiados.

Desde el alto el fuego de 1994, la mayor parte del Alto Karabaj, así como muchas regiones azeríes vecinas, que en total suman el 14 % del territorio azerí, siguen bajo el control conjunto de Armenia y de las fuerzas armadas del Alto Karabaj.

  • El ejército armenio y las fuerzas independentistas de Karabaj ganaron la guerra.

  • Armenia ocupó Nagorno-Karabaj y zonas colindantes de Azerbaiyán.

  • Durante casi 30 años, Armenia controló el territorio, aunque ningún país reconocía oficialmente la independencia de Karabaj.


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Segunda Guerra (2020-2023)

En septiembre de 2020 se produjeron nuevos combates entre fuerzas armenias y azerbaiyanas, en la zona de Nagorno Karabaj, con el resultado de miles de muertos y un convenio firmado entre Azerbaiyán y Armenia bajo auspicio de Rusia que obliga a los armenios a entregar gran parte de la región a Azerbaiyán.

En septiembre de 2023 sucede una rápida ofensiva azerí que en cuestión de un día logra la capitulación de Artsaj resultando en la reintegración del territorio a Azerbaiyán y la huida de la población armenia. Hoy, Nagorno-Karabaj está bajo control total de Azerbaiyán.

  • Azerbaiyán se fortaleció económica y militarmente (especialmente gracias al petróleo y gas)

  • La población armenia de la región abandonó casi por completo el territorio.

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II. La postura política de los Aliyev

La familia Aliyev no es simplemente conservadora; su actitud hacia Armenia y hacia todo lo que se asocia con el bando armenio está teñida por experiencias concretas.En la familia hay relatos que explican la aversión al país vecino.

Hace treinta años, cuentan, un tío suyo perdió la vida y la granja familiar en las inmediaciones de la región que hoy se conoce como Nagorno-Karabaj. Murió cuando fue asesinado por las fuerzas armenias al negarse a abandonar su casa. Esos relatos, repetidos durante la infancia de Tural en sobremesas largas, eran lecciones morales sobre pertenencia, seguridad y traición. Esa herida personal es la que alimenta la fijación familiar por la “amenaza armenia”,  no es una teoría abstracta, sino un dolor heredado.

Rasim Aliyev (el padre) trata el asunto con pragmatismo rudo. Para él la política tiene un único eje: seguridad y recuperación de lo perdido. Es llamativo que, incluso en asuntos no militares: negocios, contratos, reputación…  su actitud sea la misma: prevención, desconfianza y, cuando procede, dureza.

Leyla (la madre), en cambio, conserva una postura más suavizada: recuerda la literatura, los matices culturales, y su rechazo a la violencia (que no elimina su propio recuerdo del sufrimiento). Ella no simpatiza con la xenofobia; simpatiza con la protección de la memoria familiar.

Tural creció en medio de esas tensiones. No comparte todas las formas que adopta la rabia de su padre, pero tampoco puede ignorarla. El resultado es una postura pública: rechazo rotundo a entrenar en Armenia , y una actitud privada compleja: respeto por la memoria familiar, pero conciencia de que la política y el fútbol deberían sostenerse en reglas y no en rencores personales. Para la familia, sin embargo, la línea es menos difusa, existe la obligación moral de “no normalizar” lo que se percibe como injusticia pesa más que cualquier diplomacia. 

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