-Final de partido en el Clemente Padilla- El ambiente en el Clemente Padilla pasó de hostil a zona de guerra en noventa minutos. Lo que ocurrió en el césped fue una escabechina deportiva, pero lo de fuera rozó la intervención militar. Manolo no cumplió su promesa de tres dedos. La superó. En el minuto 79, tras un contragolpe fulminante de Paimés, Manolo recibió en el área, recortó al portero y, con una frialdad inhumana, marcó el 1-5. Pero no se fue al córner a celebrar. Se plantó frente a la grada ultra de La Muela, se llevó el dedo a los labios y luego, con una parsimonia provocadora, sacó un cuarto dedo. La Grada explotó de furia fue instantánea. Un aficionado local, en su intento de saltar la valla para agredir a Manolo, resbaló con el cemento húmedo y cayó de mala manera, rompiéndose el brazo. Los gritos de dolor se mezclaron con los insultos. Carlos Arantegui, pálido en el palco. ¡Manolo, hijo mío, nos van a matar! ¡Vámonos ya! ¡Daniel, mete a todos al vestuario!. La Guardia Civil tuvo que formar un pasillo con escudos para que los jugadores del CD Brea pudieran salir del campo. Piedras, mecheros y latas de cerveza llovían sobre la expedición. Daniel Latorre, empujando a los jugadores. ¡Cabeza baja! ¡No miréis a nadie! ¡Paco, deja de señalar el marcador que nos queman el autobús!. El Chino, que no solo no ayudaba, sino que estaba en lo alto de la escalera de los vestuarios con una bufanda de "Los Jazmines" en cada mano. ¡A llorar a la basílica! ¡Que os hemos puesto mirando para el Moncayo! ¡Que aprendan a perder!. El autobús del CD Brea tuvo que ser escoltado por dos patrullas de la Benemérita hasta la salida del municipio. Mientras los cristales recibían impactos de grava, el Chino seguía celebrando. Carlos, esto es publicidad de la buena. ¡Mañana salimos en la contraportada del Heraldo! ¡Y el dueño de Los Jazmines me ha dicho que el bono de los 100.000€ se queda corto tras esta humillación!. Don Rogelio, tratando de calmar a las masas desde la ventanilla. ¡Hermanos, un poco de templanza! ¡Manolo ha sido un instrumento del destino, no le guardéis rencor! Se gira hacia Manolo ¡Tú, animal, ¿no tenías bastante con tres?! ¡Casi causas un cisma!. Manolo, sentado al fondo del bus, limpiándose las botas, impasible. Dijeron que venía de parte de pisar uvas. Pues les he llevado un racimo de cuatro goles. Que los disfruten. Jon Delgado, mirando su tablet. Fisiológicamente, la adrenalina de Manolo estaba a niveles de combate. Cuatro goles de cuatro tiros a puerta. Eficacia del 100%. La escolta policial no estaba en los cálculos, pero los puntos sí.
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