Die Geschichte von Matthias - Der Enkel des Kleinen Toni (La historia de Matthias - El nieto del pequeño Toni) Kapitel 10: Der lange Winter (Capítulo 10: El largo invierno) Teil 68: Die Rückkehr und die Wende (Parte 68: El regreso y el giro) En Innsbruck, Austria Apenas unos días después de volver de la gélida y triunfal Polonia, la realidad emocional de Matthias Schall dio un giro hacia sus raíces. Durante una tarde tranquila en el complejo habitacional donde ya residía toda su familia, una charla personal con su madre terminó por definir los planes para el cierre del año. Con la nostalgia propia de las fechas que se avecinaban, ella le pidió pasar la Navidad en su Bariloche natal. Tras conversarlo detenidamente con Ángeles y consultar con su equipo de trabajo, Schall decidió que el descanso debía ser total para todos. Les otorgó vacaciones a los miembros de su staff hasta el 25 de diciembre inclusive, permitiendo que la estructura del Wacker Innsbruck entrara en un letargo controlado mientras él partía rumbo a Argentina acompañado de su madre, su hermana y su novia. Fue un viaje de contrastes, dejando atrás la nieve alpina para encontrarse con el verano patagónico, pero sobre todo, fue un viaje de sanación necesaria para el hombre que cargaba sobre sus hombros el peso de un club entero. Las dos semanas en Bariloche sirvieron para que Matthias y su familia cerraran finalmente el círculo emocional de la partida de su padre, Karl. Entre caminatas frente al Lago Nahuel Huapi y el silencio de las montañas, la familia Schall pudo procesar el duelo que el torbellino del fútbol profesional en Austria había dejado en un segundo plano. Además de los temas afectivos, Matthias aprovechó el tiempo para terminar de solucionar farragosos asuntos administrativos relacionados con la venta de algunas de las muchas propiedades que su padre había dejado en el país, asegurando así la estabilidad financiera de su madre y su hermana. También hubo espacio para el reencuentro con amigos de toda la vida, esos que lo conocieron antes de la fama, antes del Wacker y antes de las luces de la selección. Esos momentos invaluables actuaron como un bálsamo, recordándole a Matthias quién era realmente cuando no estaba analizando mapas de calor o diseñando transiciones rápidas. Hoy, 26 de diciembre, el ciclo de descanso ha terminado. Matthias y su familia regresaron a Innsbruck muy temprano en la madrugada, aterrizando en un Tirol que los recibió con una neblina densa y el aire cortante del invierno centroeuropeo. A pesar del jet lag y del cambio brusco de temperatura, el ánimo del mánager argentino era el mejor. Realmente sus baterías emocionales se habían recargado a pleno; se sentía con mucha más energía que nunca, con esa claridad mental que solo otorga la distancia física y emocional de los problemas cotidianos. Eran las seis de la mañana y Matthias, en la penumbra de su cocina, preparaba su mochila mientras revisaba su notebook por última vez. Todo estaba listo para iniciar la segunda parte de la temporada: la reestructuración final de la plantilla y el inicio de la pretemporada invernal. El plan era perfecto, o eso creía él. En ese momento, el silencio de la mañana fue interrumpido por la vibración de su celular. En la pantalla brillaba un nombre que Matthias no esperaba ver tan temprano: Gerhard Stocker. El mensaje era breve y directo: "Matthias, ¿puedo llamarte?". Schall, intrigado por la inmediatez del contacto apenas aterrizado, se adelantó y marcó el número del presidente. Era extraño que Stocker, siempre respetuoso de los tiempos de descanso, quisiera comunicarse en ese horario. Al ser atendido, Matthias saludó con el afecto genuino que había cultivado con el dirigente que confió en él cuando nadie más lo hacía. —Gerhard, buen día. Ya estoy en Innsbruck. A las ocho en punto estaré en el club para empezar a organizar la vuelta de los chicos —dijo Matthias con entusiasmo. —Por eso mismo te llamaba, Matthias —respondió Stocker, y su tono de voz, aunque firme, denotaba una carga emocional que Schall detectó de inmediato—. Necesito que hagas un cambio en la agenda. Cita a todo tu staff en el club recién a las catorce horas. Pero a ti, a ti te necesito en mi oficina a las ocho en punto. Tenemos que hablar seriamente y necesito contarte todo lo que ha pasado en estos días antes de que el resto del mundo se entere. Matthias sintió una punzada de incertidumbre en el estómago. El optimismo del regreso se tiñó de una cautela instintiva. —¿Pasa algo grave, Gerhard? Contame, por favor —preguntó Matthias, ya dejando de lado los preparativos de la mochila. —No es grave, Matthias, al menos no en el sentido negativo. Pero sí es algo importante y determinante para el futuro de todos nosotros —suspiró Stocker al otro lado de la línea—. Finalmente, aquella charla que tuvimos hace meses sobre el futuro institucional del club... bueno, ha llegado el momento de los hechos. En tu ausencia estuve reunido con varios grupos inversores, analizando cada detalle bajo las condiciones que tú y yo acordamos. Finalmente, la operación está cerrada. Está todo firmado. Hoy, a las diez de la mañana, lo anunciaremos oficialmente en una conferencia de prensa en el estadio. Quiero que estés allí, sentado a mi derecha, junto al que será el nuevo dueño del club a partir de hoy. Matthias se quedó en silencio, procesando la magnitud de la noticia. Por un momento, las montañas de Bariloche y la paz de las vacaciones parecieron pertenecer a otra vida. El cambio que tanto se había rumoreado finalmente se había materializado mientras él buscaba cerrar el duelo de su padre. —Gerhard... —suspiró Matthias, con la voz entrecortada por la sorpresa—. Tengo que serte sincero. Pensé que todo había quedado en la nada con el tiempo que pasó desde aquella charla inicial. No estoy muy feliz con esta situación, no puedo evitarlo. Sabés el afecto y el respeto que tengo por vos y por cómo manejaste el club en las malas. Me cuesta imaginarme el Wacker sin vos al mando. —Es mutuo, Matthias —afirmó Gerhard con nostalgia—. Pero sabés bien que era una decisión que ya estaba tomada. Necesito dedicarle tiempo de calidad a mi familia, especialmente a mis nietos, como tú mismo acabas de hacer con los tuyos en este viaje. Ahora tú necesitas dedicarle cada gramo de tu talento a tu carrera como mánager, y yo necesito mi paz. —Lo acepto aunque me duela, Gerhard —replicó Matthias—. Pero me sorprende el silencio absoluto. No hay nada en los medios. ¿Quién es el nuevo dueño? ¿Y qué va a pasar con nuestro proyecto? —Lo mantuvimos en un hermetismo total por pedido expreso del nuevo dueño. Te contaré todo en cuanto pongas un pie en el club. Pero quédate tranquilo: como te prometí, se firmará un contrato con toda la seguridad legal donde se estipula que el nuevo propietario se encargará de lo económico y lo institucional, pero el control absoluto del fútbol, de los fichajes y del personal deportivo será exclusivamente tu responsabilidad. Es más, tu contrato tendrá ahora una cláusula de renovación anual automática si logras los objetivos, con una mejora salarial acorde. —¿Y el nuevo dueño aceptó esas condiciones sin poner problemas? —preguntó Matthias, incrédulo. —Sí. Es más, estaba mucho más interesado en Schall que en el propio Wacker. Ha visto el fuego en tus ojos y los frutos de tu trabajo en estos seis meses. Tus condiciones, impuestas por mí, no fueron nunca un motivo de discusión. Lo charlamos mejor cuando llegues. Te espero. Matthias cortó la llamada. Se quedó mirando el amanecer azulado sobre las cumbres del Tirol. Un momento crucial de su carrera en el Wacker llegaba apenas seis meses después de haber aterrizado. El largo invierno traía una nueva era, y el destino del club más tradicional de Austria estaba a punto de cambiar de manos.
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