Javier Fernández tenía 28 años y vivía en Gijón, la ciudad que lo había visto nacer y crecer. Su hogar era un pequeño piso de apenas 30 metros cuadrados en Cimadevilla, humilde y casi asfixiante, pero suficiente para alguien que vivía más en su cabeza que en el mundo físico. Mientras la mayoría de sus amigos se resignaban a trabajos rutinarios, Javier estaba obsesionado con una idea que parecía completamente fuera de su alcance: crear una empresa de finanzas deportivas capaz de gestionar clubes profesionales y, algún día, comprar el Real Sporting de Gijón, el club de su vida. Esa idea tomó forma bajo el nombre de Aream. En sus inicios, Aream no era más que una estructura legal mínima, sin empleados, sin oficina y sin capital relevante. Javier lo hacía todo solo: aprendía sobre gestión deportiva, inversión, contratos y negociación a base de errores, lecturas interminables y horas frente al ordenador. Los primeros clientes fueron clubes muy pequeños, con presupuestos mínimos y problemas económicos constantes. Aream trabajaba para equipos como el Condal, el Arosa Club y el CAEN francés, gestionando absolutamente todas sus finanzas por cantidades simbólicas, pero ganando algo mucho más valioso: experiencia real. Poco a poco, Aream empezó a hacerse un nombre. Javier comenzó a enviar propuestas a clubes internacionales a través de plataformas especializadas, sin saber si recibiría respuesta. Contra todo pronóstico, llegaron las primeras oportunidades importantes. Clubes como Vitesse, FC Augsburg y Stade de Reims confiaron en Aream, lo que obligó a Javier a dar el siguiente paso: alquilar una oficina en Gijón y contratar a sus primeros empleados. La empresa dejó de ser un proyecto personal para convertirse en una estructura profesional. El crecimiento se aceleró. Aream empezó a trabajar con clubes de primer nivel como Real Sociedad, Atalanta, Eintracht Frankfurt, Olympique de Lyon, SC Braga y Palmeiras. A esos contratos se sumaron grandes entidades deportivas fuera del fútbol, como academias internacionales y franquicias de otros deportes. Más tarde llegarían acuerdos con el Manchester City, Chelsea, Atlético de Madrid, Borussia Dortmund, AC Milan y Arsenal, que situaron a Aream entre las empresas más influyentes del mundo en gestión financiera deportiva. La empresa no solo creció en ingresos, sino también en tamaño y alcance. Aream pasó a contar con más de 2500 empleados, múltiples departamentos especializados y oficinas repartidas en más de 100 edificios. Trabajó con más de 2.000 entidades y empresas deportivas, generando cerca de 100 millones de euros anuales, incluso después de asumir gastos estructurales muy elevados. Con esa solidez financiera, Javier pudo finalmente acercarse a su gran objetivo. Tras años de preparación, Aream negoció la compra del Real Sporting de Gijón. La operación se cerró en 54 millones de euros, por el 86% del club, dejando fuera a Orlegi Sports, que abandonó completamente la propiedad. Cuando Javier llegó a Mareo para firmar el acuerdo y se reunió con Alejandro Irarragorri, entendió que no solo estaba comprando un club, sino cerrando una historia que había empezado en un piso minúsculo, con un portátil y una obsesión. La historia de Aream demuestra que, incluso desde el punto más humilde, con visión, trabajo y constancia, es posible construir algo enorme. Javier no heredó nada, no tuvo atajos ni ayudas externas: solo una idea clara, una ambición desmedida y la determinación de no rendirse hasta cumplir su sueño. Y aqui empieza la historia de Aream controlando al Real Sporting de Gijón.