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John Smith

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Todo lo publicado por John Smith

  1. Die Geschichte von Matthias - Der Enkel des Kleinen Toni (La historia de Matthias - El nieto del pequeño Toni) Kapitel 2 – Die Suche nach dem neuen europäischen Ziel (Capitulo 2. "La búsqueda del nuevo objetivo europeo) Teil 9 – Die Obsession des Strategen (Parte 9 – La obsesión del estratega) En el aeropuerto de Frankfurt, Alemania. El aeropuerto de Frankfurt era un hervidero de idiomas y destinos, un laberinto de cristal y acero. Matthias se sentó en una de las zonas de espera más tranquilas, dejando que la marea humana fluyera a su alrededor. El ajetreo no era distracción; era el escenario perfecto para su ritual. Sacó su notebook y, con la urgencia del que recupera un tiempo perdido, se sumergió en su universo privado: la obsesión por la táctica. La espera se había convertido en un aula bajo las luces frías de la terminal alemana, donde el tiempo se medía en conceptos futbolísticos, no en horas. Para Matthias, la estrategia no era una moda pasajera, sino una profunda genealogía futbolística, una línea de tiempo que comenzaba justo donde la vida de su abuelo Toni había florecido: en la Escuela Danubiana. El fútbol de pases cortos, de movimientos constantes y de triangulaciones que forjó el Wunderteam de Hugo Meisl tenía sus raíces directas en las ideas seminales de Jimmy Hogan y la visión pionera del "paso y va" impulsada por Willie Maley y John Madden. El fútbol, comprendió Matthias mientras sus dedos volaban sobre el teclado, siempre había sido un problema de geometría, de ocupación de espacios y de movimiento perpetuo, y su abuelo, Toni Schall, había sido parte de su primera gran solución como delantero. Pero su mente analítica no se detenía en el pasado glorioso. Se movía a través de los años, estudiando las transformaciones profundas que dieron forma al juego moderno. Analizaba con detalle el rigor defensivo y posicional del WM de Herbert Chapman en el Arsenal de los años 30, contrastándolo con la sofisticación ofensiva de Gusztáv Sebes y sus Magiares Mágicos que, con su fútbol flexible y sin delanteros fijos, sentaron las bases para el siguiente gran quiebre. Luego venía la revolución total de Rinus Michels y Johan Cruyff en Holanda y Barcelona, trazando la línea evolutiva hasta la perfección moderna del Tiki-taka de Pep Guardiola, el maestro de la posesión asfixiante. Cada video, cada movimiento de un central saliendo, cada compleja triangulación en el mediocampo, era una lección que anotaba con frenesí en sus esquemas digitales. La gran virtud de su formación, sin embargo, provenía de la escuela sudamericana, de su amada Argentina. Había estudiado con profunda admiración a técnicos influyentes como Menotti y Bielsa, quienes habían tomado la elegancia europea y la habían adaptado a la intensidad y la malicia criolla. Pero, crucialmente, había trabajado mano a mano, día a día, con Lionel Scaloni y Matías Manna en el entorno de máxima exigencia de la Selección Argentina. De esa experiencia directa y reciente aprendió a priorizar la posesión con propósito, la presión alta sincronizada y, lo más importante, a fomentar la libertad creativa de los jugadores estrella dentro de un sistema rígido. Matthias no quería ser una copia de un manual táctico. Su ambición era ser una síntesis, un curador de la historia del juego. Su obsesión radicaba en sacar lo mejor de todos esos estilos, uniendo el rigor táctico centroeuropeo de su sangre con la pasión y la viveza argentina de su formación. El destino, al arrebatarle el corazón de jugador con la miocarditis, le había regalado el cerebro de estratega; el dolor de la pérdida de Karl se transformaba ahora en un motor analítico incesante. Cerró la notebook con un chasquido. La conexión a Viena estaba por embarcar. El conocimiento que había acumulado, el legado de su abuelo y la promesa a su padre ya no eran un peso; eran el mapa detallado de su nueva vida. Ya no era solo un videoanalista; era un director técnico con una misión histórica. El primer paso estaba dado; solo faltaba saber qué club de la Europa Central Alpina lo llevaría a la cima.
  2. Die Geschichte von Matthias - Der Enkel des Kleinen Toni (La historia de Matthias - El nieto del pequeño Toni) Kapitel 2 – Die Suche nach dem neuen europäischen Ziel (Capitulo 2. - La búsqueda del nuevo objetivo europeo) Teil 8 – Der Schatten des Wunderteams (Parte 8 – La sombra del Wunderteam) En el aeropuerto de Ezeiza, Argentina. Matthias se movía con una eficiencia helada por la terminal de Ezeiza. Los grandes ventanales del aeropuerto reflejaban el cielo gris de la mañana porteña, contrastando con el calor de la promesa europea. Tenía un pasaje de Lufthansa a Frankfurt y una conexión reservada a su destino final, cuya identidad aún mantenía en secreto. Se despidió de Ángeles con la mirada cargada de futuro. Ella entendía que la urgencia de este viaje no era solo geográfica, sino ancestral; la culminación de tres generaciones que buscaban cerrar un círculo trunco. Mientras esperaba el llamado al embarque, el peso del sobre de Karl, guardado ahora en su mochila de mano, se hizo inmenso. No era solo el legado de su padre; era la sombra gloriosa y trágica de su abuelo, Anton "Toni" Franz Johann Schall. Matthias cerró los ojos y, en la penumbra del aeropuerto, vio aparecer la Viena de los años 30. Allí brillaba Toni, un delantero letal y polifuncional, una figura clave del Admira de Viena que dominó el fútbol austríaco de la época. Toni no se limitaba a una posición; jugaba como delantero centro, extremo, e incluso terminó su carrera desempeñándose como defensor, un rasgo de inteligencia y versatilidad táctica que Matthias siempre había admirado en secreto en su estudio del fútbol histórico. En Admira, Toni se convirtió en el máximo goleador histórico del club, estableciendo récords que perduraron en el tiempo. Toni Schall no fue un jugador cualquiera; fue una estrella. Integró el legendario Wunderteam (Equipo Maravilla), la Selección Austríaca que asombró al mundo con su estilo de juego basado en el passing game y la técnica depurada en la década de 1930. Su velocidad endiablada, su inteligencia para el ataque y su capacidad de definición lo convirtieron en uno de los futbolistas austríacos más grandes de la historia. El pináculo de esa gloria llegó con su participación en la Copa Mundial de la FIFA de 1934 en Italia, donde el Wunderteam alcanzó las semifinales. Matthias sintió el orgullo en el pecho al recordar a su abuelo, el hombre que no conoció, dueño de un legado de excelencia europea que la guerra interrumpió. Pero la visión se tornó sombría, trayendo el eco de la carta de Karl. Después de colgar los botines, Toni se trasladó a Suiza para dirigir al FC Basel, al que llevó a ganar la Copa Suiza en la temporada 1946-47. Era un nuevo comienzo, una prueba de que el talento trascendía la cancha. Pero, al igual que su nieto décadas después, Toni padecía una rara enfermedad cardíaca que lo acechaba silenciosamente. En agosto de 1947, a sus 40 años, la misma pasión que lo había elevado lo traicionó: Toni Schall murió repentinamente durante un entrenamiento en el campo de fútbol de Basilea. La frustración de Matthias por su miocarditis, la injusticia de su carrera truncada a los 17, se duplicaba con el recuerdo de la trágica vida de Toni. El abuelo y el nieto, ambos predestinados a la gloria futbolística, vencidos por sus corazones. Matthias comprendió que el destino de Toni se había sellado en el campo y que Karl, al ser arrancado de su legado por la guerra, había heredado esa misma pena. El altavoz anunció el embarque del vuelo de Lufthansa. Matthias, con el peso de la historia familiar y la promesa incumplida de dos generaciones sobre sus hombros, abrió los ojos. Era hora de dejar la sombra del Wunderteam en el pasado y escribir su propio capítulo en la tierra de sus ancestros. El primer destino europeo lo esperaba.
  3. Gracias Lineker me alegra que te guste la historia , Matthias es el personaje importante en esta historia mas alla del destino que terminara eligiendo y su historia y la carta es muy importante para entender un poco su vida previa y futura.
  4. Die Geschichte von Matthias - Der Enkel des Kleinen Toni (La historia de Matthias - El nieto del pequeño Toni) Kapitel 1 – Matthias Schall (Capitulo 1. Matthias Schall) Teil 7 – Der Neue Horizont (Parte 7 – El Nuevo Horizonte) En algún lugar de Bariloche, en algún lugar de Buenos Aires, Argentina. El aire de Bariloche aún olía a nieve y a luto cuando Matthias, al día siguiente del sepelio, se preparó para partir. La casa familiar, ahora sin la presencia tutelar de Karl, se sentía inmensa y vacía. Se despidió de Ingrid y Lara con un abrazo eterno, sosteniendo su dolor por ellos. "Nos vemos pronto", les dijo, y en el tono de su voz no había promesa de un viaje corto, sino la premonición de un reencuentro en circunstancias totalmente nuevas. No era una despedida; era un hasta luego a la vida que conocían. Al llegar a Buenos Aires, la calidez de su hogar fue un bálsamo. Ángeles, su compañera de vida de treinta años, lo recibió con la empatía silenciosa de quien ama y comprende. Ella era el ancla de su presente: médica brillante, con una carrera consolidada como Medical Science Liaison en la industria farmacéutica. Mientras compartían un café, Matthias le mostró la carta, explicándole el peso del legado, el "llamado" de su abuelo Toni, la promesa incumplida de Karl y la necesidad imperiosa de emigrar a Europa. Ángeles no solo vio el dolor en sus ojos, sino también la luz de una nueva misión; la aventura se presentaba como la única cura posible. Ángeles lo escuchó sin juicio. Su trabajo en una multinacional hacía que la mudanza fuera logísticamente viable; su amor por Matthias hizo que la decisión fuera emocionalmente sencilla. Si él necesitaba sanar y encontrar un nuevo propósito en la tierra de sus ancestros, ella lo acompañaría sin dudar. El destino, al arrebatarle a Karl, les había dado un nuevo mapa. Más tarde, en la frialdad de una videollamada, Matthias se despidió del entorno que le había devuelto la dignidad: la Scaloneta. La conversación con Lionel Scaloni y Matías Manna fue dura, un acto de profunda honestidad. Les explicó la miocarditis, la frustración, y ahora, el peso ineludible de la herencia familiar. Para el cuerpo técnico, Matthias era una pieza invaluable; su profesionalismo, su conocimiento de las bases de Boca y su ojo clínico como analista se extrañarían profundamente. La separación fue difícil para ambas partes, un momento cargado de respeto y una tristeza compartida, conscientes del enorme talento que perdían. Dejar su puesto de videoanalista en la Selección Argentina, campeona del mundo, era un sacrificio profesional enorme, un desgarro necesario. La necesidad de cumplir con Karl era mayor que cualquier medalla o cualquier gloria pasada. El fútbol ya no era solo un trabajo; era una deuda familiar. La decisión estaba tomada, la ruta hacia el Atlántico marcada, pero los interrogantes eran inmensos y formaban un horizonte de posibilidades. ¿A qué país de la vieja Europa debían dirigirse? ¿Sería el orden y la tradición futbolística de Alemania el lugar para empezar su carrera como DT? ¿O el silencio y la seguridad financiera de Suiza les ofrecerían el refugio necesario? ¿O quizás debía ser la misma Austria, el lugar de nacimiento de Karl y su abuelo, el destino primario para honrar la petición de su padre? Y más importante aún: ¿Cuál sería su trabajo? Como exjugador, director técnico y videoanalista de élite, ¿dónde y cómo conseguiría Matthias que el fútbol volviera a correr por sus venas, cumpliendo al mismo tiempo el pedido de su padre y el deseo trunco de su abuelo Toni? El pasado estaba sellado. Matthias, "Der Tödliche", miró a Ángeles con una mezcla de miedo y resolución. El vacío dejado por su padre sería reemplazado por la aventura que esperaba. Esta primera etapa de la historia se cerraba sobre Argentina. El juego del legado, en Europa, estaba a punto de comenzar.
  5. Die Geschichte von Matthias - Der Enkel des Kleinen Toni (La historia de Matthias - El nieto del pequeño Toni) Kapitel 1 – Matthias Schall (Capitulo 1. Matthias Schall) Teil 6 – Der Ruf des Erbes (Parte 6 – El llamado de la herencia) En algún lugar de Bariloche, Argentina. Matthias empujó la puerta de la casa, el viento frío colándose por la rendija. Ingrid y Lara lo esperaban en la sala, sus rostros marcados por la misma desolación que él sentía. Los abrazó con fuerza, un abrazo de naufragios aferrándose en la tormenta, y les entregó las bolsas de chocolates. Las vio retirarse hacia las habitaciones, el susurro de sus voces amortiguado por la madera, preparándose para el sepelio de Karl. El chocolate era un puente efímero hacia la normalidad, un bálsamo que no curaba, pero aliviaba. La casa quedó en silencio, un silencio denso y expectante. Matthias se dirigió al sillón junto a la ventana, el mismo donde su padre solía sentarse a leer. Sacó el sobre de su abrigo. La caligrafía de Karl, tan firme en la memoria, ahora parecía temblorosa en sus dedos. Respiró hondo, sintiendo el peso de un legado, de una despedida postergada. El tiempo de las evasiones y los recuerdos había terminado. Era el momento. Abrió la carta. Las primeras palabras fueron un golpe al alma, una caricia desde el más allá: "Mein lieber Der Tödliche," Matthias sintió un nudo en la garganta. Su apodo de niño, su nombre secreto con Karl, el mortal que ya no corría. La carta continuaba, con la voz serena de su padre resonando en su mente: "Sabía que este momento llegaría, Matthias. Tú y yo compartimos una conexión más profunda de lo que imaginas. Una vez, hace mucho tiempo, cuando yo tenía apenas dos años, mi padre, tu abuelo Toni, también se fue de este mundo de manera repentina, a sus 47 años. Él me dejó una carta, muy parecida a esta. En ella me pedía que, sin importar lo que pasara, nunca abandonara el sueño de unir mi vida al fútbol, que siguiera su legado." Karl narraba la imposibilidad de cumplir esa promesa. "Las secuelas de la Segunda Guerra Mundial, el caos de una Europa destrozada, obligaron a tu abuela, Helga, mi madre, a emigrar. Fue una travesía dura, sin retorno, que nos trajo a esta Patagonia que tanto amo. Pero el sueño de Toni, aquel llamado al fútbol, se perdió entre las montañas y los años, una promesa que no pude cumplir." El papel se arrugaba levemente en las manos de Matthias. La tristeza de su padre, una tristeza silenciosa que él solo ahora comprendía, emanaba de cada línea. "Por eso, hijo, siempre necesité que tú lo hicieras. Que tú, mi Der Tödliche, retomaras aquello que el destino nos negó. Te pido que nunca abandones el sueño de triunfar en el fútbol. Quizás no puedas hacerlo como jugador, tu corazón lo decidió así, pero puedes hacerlo desde la dirección, desde la estrategia. Tienes el talento, la disciplina y la resiliencia." La última frase era un susurro desde el pasado y una orden para el futuro, marcando la misión de su vida. "Y hay algo más, Matthias. Te pido que vuelvas a Europa Central, a los países alpinos. A la región donde el legado de Toni y Helga se perdió y se debe recuperar. Cumple el pedido de tu abuelo, ese sueño que la guerra me robó, el que yo no pude honrar. Yo no pude hacerlo, pero tú sí puedes. Es tu turno de llevar nuestro nombre de vuelta a la élite del fútbol europeo." Matthias terminó de leer. La carta no era solo una despedida; era un mapa, un propósito renovado, un puente entre tres generaciones unidas por el fútbol y un legado trunco. El peso del sobre en sus manos se transformó en la ligereza de una nueva dirección. Se levantó del sillón, con la mirada fija en la nevada que cubría Bariloche, sabiendo que su destino ya no era solo suyo, sino el eco de un llamado familiar que venía de muy lejos, de una Europa Central Alpina que lo esperaba para reclamar su herencia.
  6. Die Geschichte von Matthias - Der Enkel des Kleinen Toni (La historia de Matthias - El nieto del pequeño Toni) Kapitel 1 – Matthias Schall (Capitulo 1. Matthias Schall) Teil 5 – Der neue Anker (Parte 5 – La nueva Ancla) En algún lugar de Bariloche, Argentina. Matthias se detuvo frente al portón de hierro forjado de la casa familiar. El aroma a leña quemada y pino era el mismo de su infancia, pero ahora se mezclaba con el olor acre de la pérdida. Una fina y tenue nevada comenzaba a caer, suspendiendo el tiempo sobre el barrio. En una mano sostenía la bolsa de papel de la chocolatería; en la otra, el sobre cerrado de Karl, un objeto cargado de silencios y promesas. Se había permitido el tiempo necesario para recordar, para que la resiliencia emergiera de las profundidades. El camino desde la miocarditis había sido largo y sinuoso. El fútbol, el amor de su vida, se le había cerrado en la cara con un portazo médico. Pero la frustración no se convirtió en amargura gracias a un apoyo incondicional: su familia. Karl Schall fue su ancla. Su padre no lo obligó a volver a Bariloche; en cambio, lo animó a permanecer cerca del césped, aunque fuera del otro lado de la línea de cal. Boca Juniors le extendió una mano, ofreciéndole un puesto humilde como ayudante en la Décima División. Era un consuelo, una manera de seguir apostando por el fútbol, de sublimar el jugador que nunca pudo ser. Los años siguientes fueron una carrera de fondo lejos de los flashes. El ex "Der Tödliche" colgó los botines y se puso a estudiar. A los veintiún años se recibió de Profesor de Educación Física y, cuatro años después, a los veinticinco, obtuvo el título de Director Técnico. Se sumergió en las categorías inferiores de Boca, subiendo escalones invisibles: segundo entrenador en Novena, Octava y Séptima. Mientras sus excompañeros Ángel Di María y Sergio Agüero conquistaban Europa y se preparaban para la selección mayor, Matthias construía su propio camino de éxito silencioso, basado en la pizarra y la formación. La recompensa a su perseverancia llegó en 2017. Con apenas veintiocho años, su nombre resonó en Ezeiza. Matías Manna, hombre de confianza de Lionel Scaloni, lo convocó para ser parte del equipo de videoanalistas de la Selección Argentina. El joven cuya carrera había sido truncada por un fallo cardíaco estaba de vuelta en la Albiceleste, contribuyendo a la leyenda de la Scaloneta. Ese fue su triunfo personal. Había canalizado la frustración de no jugar, transformándola en una mente analítica capaz de desarmar rivales y optimizar estrategias. Los mensajes de aliento de Di María y Agüero eran un recordatorio constante de que, aunque su camino fue diferente, su espíritu seguía siendo el de un campeón. El éxito actual de la Selección era también, en parte, el éxito de su superación personal, un legado que Karl había aplaudido con orgullo hasta el último de sus días. Matthias respiró el aire frío. Había completado el círculo de sus recuerdos, entendido el trayecto que lo llevó de la cancha de Bariloche al banquillo de la Selección. Ya no había más excusas, ni treguas. Ahora sí, había llegado el momento de abrir la carta. El momento de enfrentar la última voluntad de su padre y, por fin, entender el nuevo destino que lo aguardaba.
  7. Así es Lineker,la vida de Matthias esta marcada por estos duros momentos al final de su adolescencia y en la actualidad, la vida lo ha golpeado en los momentos que mas éxito tenia en su vida y este nuevo golpe lo llevara a rehacer nuevamente su destino.
  8. Lo bueno es que puedes crear tu manager con vitiligo ahora
  9. Die Geschichte von Matthias - Der Enkel des Kleinen Toni (La historia de Matthias - El nieto del pequeño Toni) Kapitel 1 – Matthias Schall (Capitulo 1. Matthias Schall) Teil 4 – Der Geschmack der Resilienz (Parte 4 – El sabor de la Resiliencia) En algún lugar de Bariloche, Argentina. Matthias se levantó de la mesa del café, la taza vacía y el sobre de su padre aún intacto, guardado celosamente. Cruzó la calle y se dirigió a una conocida chocolatería artesanal. El chocolate, sabía, serviría como una distracción temporal, un pequeño acto de amor para mitigar el dolor denso y frío de la ausencia de Karl en Ingrid y Lara. Al salir, la tristeza aún lo envolvía, pero bajo ella, como una roca que emerge de la marea baja, sintió algo inquebrantable: la resiliencia. No era resignación; era la dureza adquirida a base de disciplina, la misma que le había enseñado el fútbol a lo largo de los años. Esa sensación de firmeza convocó un nuevo flashback. Se vio a sí mismo a los dieciséis años. Su éxito había sido meteórico. Después de brillar en Rosario Central, llegó el llamado que lo cambió todo: Boca Juniors lo fichaba en 2005. El paso a La Boca fue un salto al vacío lleno de presión. Alfio "Coco" Basile le dio el espaldarazo para entrenar con los grandes, solo para enfrentar el duro traspié con la llegada de Ricardo La Volpe, quien, sin miramientos, lo bajó a Quinta División. Matthias sobrevivió a ese descenso. El revés fue superado por el éxito en las selecciones. Había sido convocado a la Sub-17 y luego a la Sub-20 para el Sudamericano de Paraguay en 2007, donde fue subcampeón junto a su amigo Ángel Di María. Ese mismo año, Miguel Ángel Russo le permitió debutar en Primera División jugando amistosos con Boca. Todo se alineaba, la cima estaba cerca. La culminación llegó con la convocatoria para el Mundial Sub-20, el pináculo de la juventud. Allí volvería a compartir cancha con Di María y Sergio Agüero, en un torneo donde la Albiceleste finalmente se consagraría campeona. La gloria estaba garantizada; su futuro, escrito con letras de oro. Pero el destino, como un árbitro caprichoso y cruel, levantó la bandera del offside cuando Matthias estaba a punto de marcar el gol de su vida. Un mes antes de viajar, llegó el diagnóstico helado: miocarditis. El corazón que lo había llevado de la Patagonia a la élite, el órgano que latía al ritmo de la Bombonera y del himno nacional, estaba fallando. Se vio obligado a dejar el fútbol. Vio el Mundial por televisión. Vio a sus amigos levantar la copa que él debió sostener. Ese momento fue la verdadera muerte de su juventud, un final abrupto y brutal a los diecisiete años. Mientras caminaba por la calle Mitre de Bariloche, con los chocolates en las manos, Matthias sintió la dolorosa analogía entre ambos finales. La miocarditis había sido la muerte de su sueño; la pérdida de Karl era la muerte de su ancla. En ambos casos, el final había sido rápido, inesperado e irreversible, dejándole una sensación de injusticia y un vacío insondable. El recuerdo de esa frustración juvenil no mitigaba el dolor de su presente, sino que lo intensificaba, dejando claro que su tristeza actual no era solo por Karl, sino por todo lo que su corazón le había arrebatado. El joven Der Tödliche, el "Mortal" que se creía invencible en la cancha, había sido vencido por su propio cuerpo, dejándole una herida que solo ahora, a sus 35 años, y con la pérdida de su padre, podía dimensionar completamente. El tiempo de la evasión había terminado. La carta debía contener la respuesta, la única vía para que Matthias encontrara una nueva pasión que le permitiera volver a sentirse completo, una estrategia para canalizar al jugador que nunca pudo ser. Era hora de volver a casa.
  10. Die Geschichte von Matthias - Der Enkel des Kleinen Toni (La historia de Matthias - El nieto del pequeño Toni) Kapitel 1 – Matthias Schall (Capitulo 1. Matthias Schall) Teil 3 – Die Jahre des Wachstums (Parte 3 – Los años del crecimiento) En algún lugar de Bariloche, Argentina. Matthias Schall no estaba preparado para abrir la carta. La llevaba consigo, doblada con cuidado dentro del bolsillo de su abrigo, pero algo en su interior le pedía tiempo. Sentado en una mesa del centro de Bariloche, con una taza de café humeante entre las manos, dejaba que el murmullo de la ciudad y el aire frío de la montaña le devolvieran fragmentos de su pasado. Era necesario —casi vital— recordar antes de comprender. El vapor del café le nublaba por momentos los lentes, y entre ese velo surgían imágenes nítidas: una cancha de tierra, el cielo patagónico abierto como una promesa, y la voz de su padre alentándolo desde la línea. Tenía doce años cuando Karl decidió enviarlo a vivir con su tío Otto a Comodoro Rivadavia. El plan era claro: permitirle jugar en el Comisión de Actividades Infantiles, el club que en la Patagonia moldeaba talentos con la misma dureza que el viento golpea los acantilados. Otto, un hombre de manos curtidas por el trabajo petrolero, lo recibió junto a su esposa Erika y sus primos con una calidez que mitigó el golpe del desarraigo. Aun así, las primeras semanas fueron duras. Matthias extrañaba el olor de los pinos, la vista del Nahuel Huapi, el tono pausado de la voz de su madre. Pero cada tarde, cuando salía a entrenar con la camiseta celeste y blanca de la CAI, algo dentro suyo encontraba un sentido. Las visitas quincenales de Karl eran el combustible que mantenía viva su llama. Llegaba siempre con un bolso pequeño, los ojos cansados y una sonrisa contenida. Observaba los partidos desde la tribuna, en silencio, y luego lo abrazaba con una mezcla de orgullo y nostalgia. Juntos recorrían el puerto, comían pescado frito mirando el mar, y hablaban del futuro con una esperanza que ambos fingían creer inquebrantable. El crecimiento de Matthias fue meteórico. Su velocidad y desequilibrio lo convirtieron en figura. A los catorce años, Rosario Central lo convocó para sumarse a sus divisiones juveniles. Aquel cambio fue otro salto al vacío, pero esta vez el miedo se transformó en hambre. Rosario lo recibió con su ruido, su fútbol y su pasión desbordante. En las inferiores del club canalla conoció a Ángel Di María, un chico flaco, eléctrico, con quien compartió largas horas de entrenamiento, risas y sueños en el predio de Arroyo Seco. Forjaron una amistad sincera, nacida del sacrificio y la soledad compartida. A veces, cuando se quedaban pateando a oscuras después de la práctica, Matthias pensaba que aquella conexión era lo más parecido a tener un hermano lejos de casa. Su talento lo llevó a vestir la camiseta de la Selección Argentina Sub-15, donde coincidió con Sergio “Kun” Agüero. Eran diferentes dentro y fuera de la cancha, pero el respeto mutuo se transformó pronto en complicidad. Compartieron goles, bromas y horas de concentración en Paraguay, donde la albiceleste terminó en el tercer lugar del torneo. Cada logro era una promesa cumplida, pero también un recordatorio del sacrificio detrás. Matthias aprendía a vivir lejos, a crecer rápido, a contener las lágrimas cuando las luces del estadio se apagaban. Aquella etapa marcó su espíritu: la disciplina de la CAI, la pasión de Rosario, el honor de la celeste y blanca. Todo eso lo había moldeado antes de siquiera imaginar qué decía la carta que llevaba consigo. Ahora, frente al ventanal del café, observando el reflejo del lago y las montañas, Matthias comprendía que cada paso lo había traído hasta ese instante. A veces, para entender el presente, era necesario volver al niño que alguna vez fue, al joven que soñó con ser futbolista y al hombre que aún no se animaba a abrir las palabras que su padre le había dejado.
  11. Die Geschichte von Matthias - Der Enkel des Kleinen Toni (La historia de Matthias - El nieto del pequeño Toni) Kapitel 1 – Matthias Schall (Capitulo 1. Matthias Schall) Teil 2 – Der Platz der Erinnerungen (Parte 2. El lugar de los recuerdos) En algún lugar de Bariloche, Argentina. La carta permanecía sobre la mesa, intacta, como si respirara por sí sola. Matthias la observó un instante más, pero no estaba listo. El silencio de la casa se volvió denso, y decidió salir antes de que el peso de la ausencia lo aplastara. Tomó su campera, bajó los escalones de madera y dejó que el aire frío de Bariloche le mordiera el rostro. Caminó sin rumbo fijo, siguiendo el impulso de sus pasos hasta que, casi sin darse cuenta, se encontró en la Ruta 40, frente al portón oxidado del Estadio Teófilo Teodoro Knell. El cartel de Alas Argentinas colgaba torcido, golpeado por el viento, pero para Matthias seguía siendo un símbolo sagrado. Empujó la reja con un leve chirrido y entró. El olor a pasto húmedo y a tierra revuelta lo envolvió al instante. El campo estaba vacío, pero su mente se llenó de voces, risas, gritos de aliento y el eco lejano de una pelota golpeando el travesaño. Caminó hasta el centro del campo. Desde allí, el lago Nahuel Huapi brillaba a lo lejos, reflejando los últimos tonos anaranjados del atardecer, y las montañas dibujaban sombras azules sobre el horizonte. El viento traía consigo el eco de viejos inviernos y veranos interminables. Recordó su primer entrenamiento, cuando tenía apenas ocho años. Los botines le quedaban grandes y el corazón, más grande aún. El entrenador gritaba su nombre, y Karl, su padre, observaba desde la tribuna con una sonrisa que ahora dolía recordar. Matthias se vio a sí mismo corriendo por la banda, el balón pegado al pie, dejando atrás a los rivales. Jugaba de extremo, rápido, escurridizo, con esa mezcla de instinto y alegría que solo tienen los niños. Cada vez que marcaba un gol, levantaba la vista hacia su padre, buscando su aprobación. “Der Tödliche”, le decía Karl entre risas. “El mortal.” Así lo había bautizado después de un clásico contra Cruz del Sur, cuando Matthias había marcado tres goles en la cancha embarrada y se había ido a dormir con las medias todavía llenas de barro y orgullo. El apodo quedó para siempre, como una marca secreta entre ellos. Matthias sonrió al recordarlo, pero la sonrisa se quebró rápido. Se sentó en el borde del área, mirando hacia el lago. El viento movía la red del arco, como si el tiempo siguiera jugando un partido que él ya no podía disputar. Sacó el sobre de su bolsillo. Lo sostuvo un momento, sintiendo el temblor en los dedos, pero volvió a guardarlo. No era el momento. Aún no. El sol se escondió detrás de las montañas, y el estadio quedó envuelto en un silencio casi reverente. Matthias respiró hondo y levantó la vista al cielo. Por primera vez en días, no lloró. Solo dejó que el aire helado le recordara que estaba vivo, que aún tenía un camino por delante, aunque no supiera cuál. Mientras salía de la cancha, una brisa suave levantó polvo del suelo. Por un instante, creyó escuchar la voz de su padre en la distancia, llamándolo como cuando era niño. Matthias se detuvo, miró atrás, y luego siguió caminando hacia la oscuridad, con la carta en el bolsillo y el peso de una historia que recién empezaba.
  12. Die Geschichte von Matthias - Der Enkel des Kleinen Toni (La historia de Matthias - El nieto del pequeño Toni) Kapitel 1 – Matthias Schall (Capitulo 1. Matthias Schall) Teil 1 – Der Brief des Vaters (Parte 1. La carta del padre) En algún lugar de Argentina. El teléfono sonó temprano en la mañana. Matthias Schall, todavía medio adormilado, vio en la pantalla el número de su madre. Un presentimiento extraño lo invadió mientras contestaba. —Matthias… —la voz de Ingrid, rota por el llanto, apenas se escuchaba—. Es tu padre… ha fallecido. El mundo pareció detenerse. No hubo ruido, solo el silencio pesado del departamento en Buenos Aires, y el eco de la noticia que le rompía el pecho. Karl Schall, su padre, su referente, su conexión directa con la historia familiar, ya no estaba. Tomó el primer vuelo a Bariloche. El viaje fue largo, gris y silencioso. Miraba por la ventanilla los lagos y montañas, recordando los veranos de su infancia, cuando corría detrás de la pelota con su padre en los pastos de la ciudad, escuchando sus consejos y su pasión por el fútbol. Nunca había sentido tanta mezcla de vacío y nostalgia. Al llegar a la casa familiar, el olor a madera húmeda y a leña recién encendida lo recibió. Su madre, Ingrid, lo abrazó con fuerza, sosteniendo entre las manos un pañuelo empapado en lágrimas. Lara, su hermana menor, se acercó con los ojos rojos y la respiración entrecortada. —Ven, Matthias —dijo Ingrid—. Antes de que te vayas, tu padre quería que tuvieras esto. Le entregaron un sobre cerrado, con la caligrafía firme y elegante de Karl Schall. Matthias lo sostuvo entre sus manos, sintiendo el peso de cada palabra sin siquiera abrirlo. La carta parecía latir con la memoria de su padre, con todos los años de consejos, risas, advertencias y amor silencioso. Se sentó en el sillón junto a la ventana, dejando que la luz tenue del atardecer iluminara el papel en sus manos. La nieve comenzaba a caer suavemente sobre los techos de Bariloche, y Matthias sintió un nudo en la garganta. Sabía que sus experiencias, sus viajes y aprendizajes, ahora tenían un nuevo significado. Todo su pasado y sus decisiones previas parecían conducirlo hacia un único punto. El sobre cerrado en sus manos era más que papel: era un puente hacia algo que él aún no comprendía del todo, una responsabilidad y un llamado que debía responder. Ingrid y Lara se sentaron a su lado, en silencio. No hacían falta palabras; la carta de Karl ya hablaba por sí misma, aunque todavía nadie más la hubiera leído. Matthias respiró hondo, sintiendo cómo el peso de la pérdida y de la promesa contenida en ese sobre empezaba a marcar el inicio de un camino inevitable. Afueras, la nieve cubría las calles y el lago reflejaba un cielo gris plomizo. Matthias cerró los ojos, sabiendo que algo estaba a punto de cambiar para siempre.
  13. Hola Lineker bienvenido, me alegra que te guste el prologo ahora vamos a conocer a Matthias lentamente meternos en su mundo, su historia y finalmente su destino. Saludos.
  14. Die Geschichte von Matthias - Der Enkel des Kleinen Toni (La historia de Matthias - El nieto del pequeño Toni) 0 - Vorwort. Die Geschichte von Matthias (0 - Prólogo. La historia de Matthias) En algún lugar de Argentina. Me desperté esta mañana mientras me preparaba para ir a trabajar, con el café aún tibio en la mano, y sentí que tenía que contar una historia. Era un impulso que no podía ignorar, una urgencia que se había vuelto casi obsesión. Al mismo tiempo, mi señora me recordaba con una mezcla de paciencia y reproche que tenía demasiadas tareas y obligaciones acumuladas. Sin embargo, aquel deseo insistente no se apagaba; me llamaba, reclamando atención. Hay cosas que uno no puede dejar de hacer, aunque la vida esté llena de compromisos. Para algunos, es trabajar; para otros, estudiar; para mí, siempre fue el fútbol. No como espectador, sino como jugador: correr detrás de la pelota tres veces por semana, sentir el césped bajo los pies, escuchar los gritos de los amigos y las risas que acompañan cada gol. Tengo 48 años, soy médico, y gran parte de mi tiempo está dedicada a cuidar a otros, a tomar decisiones que importan, a poner todo mi conocimiento al servicio de la vida. Pero cuando el silbato final suena en la cancha de fútbol amateur, algo en mí se libera y me recuerda que todavía hay espacio para la alegría simple, para la pasión pura. Soy padre de tres hijos, y cada uno de ellos me obliga a aprender nuevamente cómo mirar el mundo, cómo escuchar con atención y cómo compartir momentos sin prisas. El fútbol con ellos no es solo un juego: es un lenguaje secreto, una forma de conexión que no se desgasta con los años. Pero hay otra pasión que acompaña mis días y mis noches: Football Manager. Allí, en ese mundo virtual, puedo explorar tácticas, entrenar jóvenes promesas, planear ascensos imposibles, sufrir derrotas y celebrar victorias como si fueran reales. Cada partida es un universo que me permite soñar despierto, experimentar la emoción del fútbol sin restricciones, y también reflexionar sobre liderazgo, paciencia y resiliencia. A lo largo de los años, he escrito historias: algunas largas, otras cortas, algunas leídas por muchos, otras guardadas solo para mí. Cada una ha sido una manera de vivir otras vidas, recorrer destinos de forma imaginaria, descubrir personajes y equipos, rescatar hechos históricos y explorar emociones que la rutina cotidiana no siempre permite. Pero hoy siento que necesito contar algo distinto, algo más profundo. Tal vez sea la última historia que escriba. Tal vez no. Pero sé que necesito hacerlo para sentirme pleno, para mantener esa chispa de felicidad que se enciende cada vez que combino la pasión, la creatividad y la nostalgia. Contar esta historia es una forma de reconciliarme con el tiempo, con mis recuerdos y con los sueños que aún quiero alcanzar. Escribirla no es solo un acto de diversión o entretenimiento. Es un acto de rebeldía frente a un mundo que puede volverse gris a diario, una manera de reclamar tiempo y espacio propios, de desafiar la monotonía y las obligaciones que insisten en acallar la imaginación. Es una necesidad, un ritual que me recuerda quién soy, qué me importa y por qué sigo corriendo detrás de una pelota, ya sea en la vida real o en un campo imaginario. Porque al final, contar historias es también un juego: exige estrategia, imaginación, paciencia y corazón. Y mientras haya historias que contar, mientras haya mundos que crear, seguiré haciéndolo. Porque eso me mantiene vivo, me mantiene pleno y me mantiene feliz. Bienvenidos a la historia de Matthias.
  15. La verdad es que serán castigados por no creer en la generosidad de Miles 🤣
  16. A alguno mas de los viejos le llego esto?
  17. Georgia - Liga 4 to Erovnuli Liga - Made by JaGz es el parche. En realidad no encontre ninguno realizado por gente georgiana lo cual garantiza cierta calidad y los que habia todos tenian errores incluido este.
  18. Listo Jefe ya la conecte
  19. Que buen reto, vamos a comenzarlo desde tierras georgianas con el FC Betlemi Keda.
  20. Si llevo equipo y seleccion, bueno nada, simplemente por si servia para algo. Saludos.
  21. No he encontrado el problema, ni la solución, Pero puedo decirte cuando pasa. Las temporadas que el club juega en el mundial de clubes que es cada 4 años es cuando me toma a los jugadores como cedidos y/o no toma las estadísticas correctamente. Seguramente tenga que ver con que es una competencia que comienza antes de que termine la temporada y termina cuando ya ha comenzado la otra.

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