Die Geschichte von Matthias - Der Enkel des Kleinen Toni (La historia de Matthias - El nieto del pequeño Toni) Kapitel 13: Wintervorbereitung 2 (Capítulo 13: Pretemporada invernal 2) Teil 85: Harte Lehren in Sandhausen (Parte 85: Lecciones duras en Sandhausen) En Sandhausen, Alemania El martes 27 de febrero de 2024 amaneció en Innsbruck con esa luz gélida y persistente que caracteriza al invierno tirolés, pero en las oficinas del club el ambiente era de una actividad febril que trascendía lo meteorológico. Antes de que el sol lograra despuntar sobre las cumbres, Matthias Schall recibió una confirmación que subrayaba la continuidad del proyecto a largo plazo: el pivote de 17 años Theo Plattner, actualmente cedido en el BNZ Tirol Sub 19 para pulir su talento, firmó su renovación de contrato. El joven mediocentro extendió su vínculo con la institución verdinegra asegurando una remuneración de 475 euros mensuales hasta junio de 2027, un movimiento estratégico de la dirección deportiva para blindar a una de las promesas que Schall sigue de cerca en sus informes semanales. Esta firma no solo aportaba estabilidad al jugador, sino que enviaba un mensaje de calma y planificación en medio del frenesí de una pretemporada que no ha dado tregua al plantel principal desde que se retomaron los entrenamientos grupales. Mientras la noticia de la renovación se difundía por los canales oficiales del club, la delegación ya se encontraba en pleno trayecto hacia tierras alemanas, habiendo partido puntualmente a las siete de la mañana. Fue un viaje de cinco horas de carretera, un tiempo que el cuerpo técnico aprovechó para repasar videos tácticos mientras los jugadores intentaban descansar o concentrarse en el desafío que les esperaba en Baden-Wurtemberg. Al llegar a la ciudad de Sandhausen, el equipo se alojó en el Hotel Villa Toskana, un establecimiento que ofrecía la serenidad necesaria para los instantes previos a la competición internacional. Tras un almuerzo rápido y equilibrado, diseñado minuciosamente para reponer las fuerzas consumidas por el viaje sin sobrecargar los metabolismos, los futbolistas disfrutaron de un breve pero reparador descanso en sus habitaciones, alejados del ruido y enfocados únicamente en el balón. A las 18:30 horas, bajo una llovizna fina y persistente que humedecía el asfalto y el césped, el autobús del Wacker se deslizó hacia el Estadio GP de Hardtwald. El termómetro marcaba unos aceptables 6 grados, una temperatura ideal para el despliegue físico, mientras que en las gradas unos 2.138 espectadores se acomodaban para presenciar el choque, entre los cuales destacaban 38 incondicionales de los Verrückte Köpfe. Este grupo de aficionados, que desafió la distancia y el clima para alentar a su equipo en este sexto amistoso invernal, se hizo sentir desde el calentamiento, recordándole a los jugadores que, aunque fuera un partido de preparación, el peso de la camiseta verdinegra exige siempre el máximo compromiso ante cualquier rival de jerarquía, en este caso el SV Sandhausen de la 3. Liga alemana. Matthias Schall, manteniendo la coherencia con el plan de trabajo trazado desde enero, decidió que los teóricos suplentes fueran los encargados de iniciar el partido, marcando esta como la última ocasión en la planificación invernal en que las segundas líneas tendrían la responsabilidad de la titularidad absoluta. El pitido inicial trajo consigo una ráfaga de optimismo para la visita, ya que apenas a los cuatro minutos de juego, el Wacker logró ponerse en ventaja gracias a un tanto de Schmid, quien aprovechó una desatención en la zaga local para silenciar momentáneamente el Hardtwaldstadion. Sin embargo, la alegría fue efímera ante la reacción eléctrica y brutal de un Sandhausen que demostró por qué milita en el fútbol profesional alemán, volcando el campo con una presión asfixiante y una pegada clínica que dejó sin respuesta a la retaguardia de Innsbruck en un abrir y cerrar de ojos. La respuesta del conjunto local fue implacable, desplegando un fútbol vertical y físico que desbordó las líneas de contención del Wacker, logrando dar vuelta el marcador con una celeridad pasmosa que descolocó por completo el planteamiento inicial de Schall. Antes de que el reloj marcara los veinte minutos de la primera etapa, el Sandhausen ya se había puesto con un contundente 3-1 a su favor, un resultado que, si bien reflejaba la jerarquía de los nombres propios en el campo, se sentía exagerado por el volumen de juego que el Wacker intentaba proponer. En medio de ese temporal futbolístico, emergió la figura del talentoso Krier, quien con una jugada de alta factura individual logró acortar distancias antes de que los equipos se retiraran al descanso, inyectando una dosis necesaria de fe en un vestuario que se sentía castigado injustamente por la eficacia alemana. Para la segunda parte, Schall movió el banquillo y dio entrada a los titulares que aguardaban con ansiedad su oportunidad, lo que transformó radicalmente la fisonomía del encuentro y devolvió el equilibrio al trámite del juego. El Wacker mostró su mejor cara, dominando por tramos la posesión y elaborando jugadas que ponían en aprietos a la defensa del Sandhausen, hasta que finalmente llegó el merecido empate por mediación de Budinský, quien definió con frialdad tras una gran asistencia colectiva. En ese momento, con el marcador 3-3, la sensación en el estadio era que una victoria verdinegra no solo era posible, sino que parecía la consecuencia lógica del empuje austriaco, pero la experiencia del equipo local volvió a ser un factor determinante para sentenciar el destino del partido de forma abrupta y dolorosa. Apenas cuatro minutos después de que el Wacker celebrara la igualdad, el SV Sandhausen volvió a golpear en una transición rápida que terminó con el definitivo 4-3, un marcador que ya no se movería a pesar de los intentos desesperados de la visita por rescatar un empate en los instantes finales. El partido se cerró con una nota de preocupación menor cuando Popovic tuvo que retirarse lesionado en los minutos de descuento tras un choque fortuito, aunque afortunadamente los primeros informes del cuerpo médico indicaron que se trató simplemente de un golpe fuerte sin mayores consecuencias para su disponibilidad futura. Una vez más, el equipo de Schall demostró que puede pelear de igual a igual ante instituciones de categorías superiores, manteniendo un nivel de situaciones de gol muy parejo, aunque todavía le cueste monopolizar el dominio del balón ante rivales de este calibre. En el balance de rendimientos individuales, Krier se erigió como la gran figura de la primera mitad, siendo el eje sobre el cual giró toda la creatividad del equipo en los momentos más difíciles de la presión alemana, secundado por un Papic que rindió de forma aceptable en una zona de mucha exigencia física. Entre los que ingresaron desde el banquillo para revolucionar el encuentro, Budinský destacó por su eficacia goleadora y su capacidad para interpretar los espacios, mientras que el capitán Abwandner aportó el temple y la jerarquía necesaria para equilibrar un mediocampo que por momentos se vio desbordado por la velocidad del Sandhausen. Schall tomó nota de cada detalle, consciente de que estos errores de concentración tras marcar goles son lecciones vitales que deben ser corregidas antes de que los puntos reales estén en juego en la liga doméstica. Calificaciones y Estadísticas FC Wacker Innsbruck Tras el pitido final, el equipo se retiró al hotel en Sandhausen para descansar y procesar lo ocurrido en un partido que dejó tantas enseñanzas como cicatrices competitivas, preparándose para el regreso a Innsbruck programado para después del desayuno del miércoles. Mañana los jugadores gozarán de un día de descanso absoluto para desconectar del rigor del viaje y la competición, antes de retomar los entrenamientos el jueves con la mente ya puesta en el séptimo amistoso de la pretemporada. El próximo domingo 3 de marzo, el Wacker se enfrentará al SPAL de la Serie C italiana, otro rival de prestigio que servirá como termómetro definitivo para evaluar la evolución del sistema Schall antes del reinicio oficial de la segunda rueda. El proyecto verdinegro sigue buscando su puesta a punto ideal, entendiendo que cada derrota en el extranjero es un ladrillo más en la construcción de la fortaleza que pretenden ser cuando vuelvan a jugar en casa.
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