Die Geschichte von Matthias - Der Enkel des Kleinen Toni (La historia de Matthias - El nieto del pequeño Toni) Kapitel 10: Der lange Winter (Capítulo 10: El largo invierno) Teil 66: Die Tinte des Skeptikers (Parte 66: La tinta del escéptico) En Gdynia, Polonia La noche en Gdynia era un bloque de hielo oscuro que golpeaba contra los ventanales del hotel de concentración. El mar Báltico, a pocos metros, rugía con una ferocidad que parecía querer entrar en las habitaciones, pero dentro, el silencio solo era interrumpido por el zumbido suave de la calefacción central. Eran cerca de las once de la noche del 17 de noviembre, la víspera del debut contra Serbia, y Matthias Schall se encontraba sentado en el borde de su cama, iluminado únicamente por el brillo azulado de su tableta. Tras una jornada intensa de análisis de video y ajustes tácticos con los jóvenes internacionales, el técnico argentino-austriaco decidió asomarse a la realidad mediática de su país. No tardó en encontrar lo que buscaba en la portada digital de LAOLA1. Allí, con una tipografía agresiva y una foto de Matthias gesticulando bajo la lluvia, aparecía la columna de opinión de Lukas Gruber. El título ya era una declaración de guerra: “El espejismo del Wacker: ¿Revolución o marketing de cuarta categoría?”. Matthias suspiró, acomodó la almohada tras su espalda y comenzó a leer, sabiendo que las palabras de Gruber nunca eran caricias, sino estocadas directas al corazón del proyecto. "La primera rueda de la temporada 2023/2024 ha echado el cierre y, mientras los corifeos del mánager Matthias Schall se apresuran a celebrar lideratos de cartón, es hora de poner los pies sobre la tierra. El FC Wacker Innsbruck, un gigante histórico con una infraestructura y un presupuesto que triplican a cualquier rival de la Hypo Tirol Liga, ha terminado la primera vuelta en la cima, sí, pero lo ha hecho a duras penas. Seis puntos de ventaja sobre el Mayrhofen puede parecer una distancia cómoda para los optimistas de turno, pero para un equipo que se precie de ser 'revolucionario', esta renta es un pobre consuelo. Se esperaba un paseo militar, una hegemonía aplastante que borrara al resto de competidores del mapa, y en lugar de eso, hemos visto a un Wacker que sufre más de la cuenta. No podemos olvidar, por mucho que el departamento de comunicación del club intente enterrarlo en el olvido, la bochornosa eliminación en la TFV-Kerschdorfer Tirol Cup. Caer ante el SV Zams, un equipo de una categoría inferior, es una mancha que ninguna victoria liguera contra equipos de pueblo podrá borrar. Ese día se vio la verdadera cara del 'Wunderkind': un técnico superado por la realidad del fútbol de barro, incapaz de motivar a sus estrellas ante el humilde muro defensivo de un equipo que, sobre el papel, no debería haberle aguantado ni veinte minutos. Schall se ha encargado de vender un sistema táctico que define como vanguardista, pero para los que llevamos décadas analizando el fútbol austriaco, sus ideas no son más que una copia reciclada de conceptos pasados de moda. Habla de presión asfixiante y transiciones rápidas como si hubiera inventado el fuego, cuando no es más que un eco tardío de lo que otros hicieron mejor hace diez años. El tan mentado 'sistema revolucionario' termina siendo un fiasco táctico que no ha traído ni un solo gramo de la supuesta innovación que el mánager prometía traer de su etapa con la albiceleste argentina. Hasta ahora, el experimento Schall es más un producto de relaciones públicas que una realidad deportiva sólida. Y si entramos en el análisis individual, el fracaso es aún más evidente. Schall no ha sido capaz de sacar el máximo provecho de su jugador franquicia, Marko Popović. Un delantero de su jerarquía, que en cualquier otro esquema sería el máximo goleador del torneo caminando, aquí parece un alma en pena, habiendo marcado apenas 5 goles en 10 partidos disputados. Es alarmante ver cómo el sistema de Schall asfixia el talento de su mejor atacante. El Wacker ha tenido la inmensa fortuna de que el checo Denis Budinský haya sorprendido con 11 goles, convirtiéndose en el máximo anotador de la liga casi por accidente, ocultando con sus estadísticas individuales las carencias de un esquema que no genera ventajas para sus arietes. Por último, y quizás lo más hipócrita de todo este asunto, es el constante pregón de Schall sobre favorecer la cantera. Sus palabras chocan de frente con su obsesión por reforzar el equipo con jugadores externos que terminan quitando el lugar y el aire a los jóvenes de Innsbruck. Si lo que realmente se busca es un proyecto donde la cantera brille, jugadores de la casa como Gabriel Papic, Moritz Damm, Felix Gräf, Florian Meyer y Diar Haliti deberían ser la base innegociable del equipo junto a Popović. Sin embargo, vemos cómo Schall sigue buscando diamantes en el extranjero mientras ignora el talento que tiene bajo sus pies. Parece que Matthias Schall aún no sabe lo que quiere. Habla de una táctica que no estamos viendo, de un proyecto de cantera que no prioriza a las máximas promesas locales y de un ilógico sueño de conquistar Austria y Europa cuando todavía están atrapados en el quinto nivel del fútbol nacional. La fama es un plato caprichoso, y a este paso, a Schall le durará mucho menos de lo que espera. Esperemos que el largo invierno del Tirol le ayude a aclarar sus ideas y a bajarse del pedestal, por el bien de la salud institucional del Wacker Innsbruck." Matthias terminó de leer la nota y dejó la tableta sobre la mesa de luz. Se quedó mirando el techo de la habitación durante unos minutos, dejando que las palabras de Gruber decantaran en su mente. Lejos de enfurecerse o sentir el impulso de llamar a Martin Busch para quejarse por el tono del periodista, Matthias cerró los ojos y dejó escapar un suspiro de resignación reflexiva. Se tomó la crítica con una calma que habría sorprendido al propio Gruber. Por dentro, Schall no podía evitar reconocer que el periodista, a pesar de su tono cargado de veneno y amarillismo mediático, señalaba los mismos puntos ciegos que él mismo había analizado con su cuerpo técnico apenas unos días atrás. La falta de gol de Popović, la dependencia estadística de Budinský y el equilibrio siempre precario entre fichar calidad externa y promover la cantera local eran fantasmas que recorrían su propia libreta de notas. "Interesante" —pensó Matthias, mientras se acomodaba para intentar dormir—. "Gruber ve las grietas, pero no entiende la arquitectura. Ve los fallos, pero ignora el proceso de reconstrucción". Sabía que para los medios de comunicación, el resultado inmediato era el único juez, mientras que para él, el invierno era el laboratorio donde esas mismas debilidades se convertirían en fortalezas. La columna de LAOLA1 no era más que un recordatorio de que en el fútbol profesional, el silencio solo se compra con victorias aplastantes. Mañana, contra Serbia, tendría la primera oportunidad de demostrar que su "fiasco" táctico tenía más futuro que la tinta ácida de Lukas Gruber. Apagó la luz y, por fin, el sonido del Báltico se convirtió en el único ruido de la habitación.