CAPÍTULO 5: GUERRA FRÍA22 de Agosto. Oficinas de la Nueva Condomina. El fax no suena. El teléfono no suena. Solo se escucha el zumbido de una mosca golpeando el cristal de la ventana, intentando escapar de este despacho. Yo sé exactamente cómo se siente esa mosca. Han pasado dos semanas desde que colgué el cartel de "Se Vende" sobre Pedro León. Asier Goiria, mi Director Deportivo, ha llamado a todas las puertas. Segunda División, Primera RFEF, ligas extranjeras... — Nada, Lucas —me dice Asier, con ojeras de no haber dormido—. Nadie quiere asumir esa ficha. El mercado ha hablado y su veredicto es cruel: estamos atrapados. Tengo al jugador mejor pagado de la categoría, al líder del vestuario, a un tipo que odia mi sistema de presión y me desprecia a mí... y se va a quedar. Es como vivir en un piso pequeño con tu ex-mujer porque ninguno de los dos tiene dinero para pagar el alquiler por separado. EL CARA A CARANo soy de los que se esconden. Si se queda, tiene que saber las reglas. Lo cité en mi despacho. Entró sin llamar, con esa arrogancia del que se sabe intocable porque tiene un contrato blindado. La conversación fue breve y violenta, aunque no levantamos la voz. — ¿Por qué me has ofrecido a medio mundo? —preguntó, cruzándose de brazos—. Si quieres librarte de mí, dímelo a la cara. — No es personal, Pedro —mentí. Sí que empezaba a serlo—. Es dinero. Tu sueldo nos ahoga. Y tácticamente, no encajas. Quiero aviones, no quiero... — ¿No quieres qué? —me cortó, acercándose a la mesa—. ¿No quieres fútbol? Soy el mejor jugador de esta plantilla, Lucas. Y tú eres un entrenador novato con una rodilla rota. Ten cuidado. Enfado P.León Salió del despacho dando un portazo. La notificación en mi móvil no tardó en llegar: "El descontento de Pedro León ha subido a un nivel extremo". En su ficha personal, bajo mi nombre, ahora reza una sola palabra: RIVAL. El cáncer se está extendiendo. EL GOLPE DE ESTADOY entonces, esta mañana, ha llegado el correo de Pedrín García, mi segundo entrenador. Un trámite burocrático que hoy parece una sentencia de muerte. "Tienes que decidir quién será capitán". En la foto aparece Pedro León. Es el capitán actual. Lo lógico, lo diplomático, lo "políticamente correcto" sería dejarle el brazalete. Intentar firmar una tregua. Agachar la cabeza. Pero yo puedo perder partidos; lo que no voy a perder es mi dignidad. Si él manda más que yo, estoy muerto. Cojo el bolígrafo rojo. Tacho el nombre de Pedro León. Escribo el nuevo nombre: ALBERTO GONZÁLEZ. Un central. Un tipo serio. Un profesional que no hace ruido. Llamé a Pedro de nuevo. Esperaba la explosión. Esperaba que gritara, que montara un motín, que llamara a la prensa. Me ajusté el reloj, listo para la batalla. — Te quito la capitanía, Pedro —dije—. Alberto llevará el brazalete. Y entonces ocurrió lo que más miedo me da. Decisión Pedro me miró a los ojos con una frialdad absoluta. No había ira en su rostro; había cálculo. — Perfecto, Míster —dijo, con una calma aterradora—. Si crees que es lo mejor para el equipo, lo acepto. Estoy aquí para sumar. "Complacido", dice el informe. "Una trampa", dice mi instinto. Ha decidido no darme motivos para apartarlo. Ha decidido jugar a ser el "mártir", el profesional perfecto de cara a la galería, mientras espera sentado en el banquillo a que yo fracase para decir "os lo dije". Es una Guerra Fría. Y él tiene mucha más paciencia que yo. LA GRAN MENTIRA (PRETEMPORADA)Mientras en los despachos nos apuñalábamos por la espalda, en el césped ocurría algo surrealista. Hemos ganado todos los partidos. Y no solo ganado; hemos abusado. Pretemporada Miro la hoja de resultados y me da la risa floja. 21-0 contra el Abarán. 9-1 contra el Cabezo de Torres. 8-0 contra el Totana. La ciudad está eufórica. "La Máquina de Guerra", dicen los periódicos locales. "Este año ascendemos en febrero", dicen en los bares. Son unos ilusos. He programado esta pretemporada contra rivales muy débiles a propósito. Quería subir la moral, quería que los delanteros se emborracharan de gol. Pero esto ha sido excesivo. Hemos jugado contra chavales que mañana tienen que madrugar para ir a trabajar a la obra. Lo bueno: El equipo tiene gol. Lo malo: Es todo mentira. No nos han atacado. No sé si mi defensa sirve, porque el portero se ha pasado el mes de agosto espantando moscas. Llegamos al debut con la pólvora seca, sí. Pero también llegamos engañados. Nos creemos el Bayern de Múnich, y el domingo viene el Sevilla Atlético. Y esos chicos no son fontaneros; son las futuras estrellas del Sánchez-Pizjuán. CONCLUSIÓNEl calendario no espera a nadie. Tengo el once decidido. Tengo la táctica grabada a fuego. Y tengo a mi peor enemigo durmiendo en la taquilla de al lado, esperando mi cadáver. Se acabó la tregua. Empieza el fuego real.
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