Capítulo 17 – Bollos y brisa marina Entré a la panadería como quien entra en un refugio. El aroma a masa recién horneada me golpeó en el pecho, cálido, familiar. Elín estaba detrás del mostrador, con las manos cubiertas de harina y esa sonrisa que siempre parece saber más de lo que dice. —¡Campeón! —me soltó, sin darme tiempo a saludar—. ¿Vienes por bollos o por gloria? Me reí. No había dormido mucho desde la final, pero el cuerpo seguía en marcha, como si aún estuviéramos en el minuto 89. —Por bollos. La gloria ya se la llevó el equipo. Elín dejó la bandeja de kleina y se apoyó en el mostrador, mirándome con ese brillo en los ojos que mezcla orgullo y complicidad. —Lo que hiciste con los chicos fue precioso. Nadie apostaba por vosotros. Y ahora... campeones. Me encogí de hombros. No sabía qué decir. Lo que habíamos vivido en la Deildabikar era más que fútbol. Era resistencia. Era fe. —Fue bonito —admití—. Pero ahora toca volver a la tierra. Ella envolvió dos bollos en papel manteca y me los entregó como si fueran medallas. —Entonces que estos te ayuden a seguir caminando. Los sostuve un momento. Pensé en el puerto, en el aire salado, en el silencio que tanto necesitaba. Y luego la miré. —¿Y si los compartimos? Voy hacia el muelle. Me apetece caminar. Tú necesitas aire más que harina. Elín dudó, como si no quisiera dejar su reino de pan y bandejas. Pero luego se quitó el delantal y lo colgó con gesto decidido. —Solo si tú llevas el café. Salimos juntos, con los bollos en mano y el sol de agosto acariciando las fachadas de Akureyri. El puerto nos esperaba con su brisa y sus barcos dormidos. Caminamos sin prisa, hablando de fútbol, de pan, de cosas pequeñas que se vuelven grandes cuando se comparten. Y mientras mordíamos los bollos, pensé que quizá la verdadera victoria no estaba en levantar una copa, sino en estos momentos. En el después. En lo que queda cuando el ruido se apaga. En el despacho técnico del Þór Akureyri, el aire olía a café recién hecho y a decisiones tomadas. Era el primer lunes tras el cierre de movimientos de abril, y Alberto Ansodi repasaba los informes de rendimiento mientras Sveinn Kristjánsson, el director deportivo, entraba con una carpeta bajo el brazo. —Ya está todo firmado —dijo Sveinn, dejando los papeles sobre la mesa—. Elvar Máni ya entrena con nosotros. Y los tres chicos han salido cedidos. Ansodi asintió sin levantar la vista. —¿Cómo lo ves? —preguntó, hojeando el perfil de Elvar. —Tiene 18 años, viene de Stjarnan, y juega con descaro. No es un ‘9’ clásico, pero tiene movilidad, buen primer toque y hambre. Nos puede dar profundidad —respondió Sveinn—. Y lo mejor: viene con ganas de aprender. Ansodi se reclinó en la silla. —¿Y los que se van? —Steinar y Sölvi al Höttur/Huginn. Van a tener minutos, responsabilidad, y un entorno competitivo. Sölvi necesitaba sentirse protagonista. Y Steinar, más continuidad. Guðmundur Páll va al Tindastóll. Tercera división, sí, pero con espacio para crecer. Allí puede equivocarse sin que lo maten por ello. Ansodi se quedó en silencio unos segundos. —Me duele un poco lo de Sölvi —admitió—. Nos dio carácter en la final. Pero si quiere volar, que lo haga. Aquí no retenemos a nadie por nostalgia. Sveinn sonrió. —Y si vuelve con más goles y más confianza, mejor para nosotros. —Exacto —dijo Ansodi, cerrando la carpeta—. El grupo cambia, pero la idea no. Seguimos construyendo. Y si Elvar quiere entrar, que lo demuestre. Aquí no hay fichajes, hay soldados. Sveinn entró con su carpeta de cuero gastado, la que siempre trae cuando quiere hablar en serio. Se sentó frente a mí, con esa expresión que mezcla satisfacción y análisis. Yo ya tenía el resumen de los tres amistosos sobre la mesa, pero sabía que él iba a ir más allá de los números. —Tres victorias —dijo, sin levantar la vista—. Quince goles a favor, seis en contra. ¿Contento? —Contento, sí. ¿Tranquilo? No tanto —respondí, girando el bolígrafo entre los dedos. El partido contra Völsungur fue una exhibición. El equipo salió con hambre, con ritmo, con esa chispa que a veces tarda semanas en aparecer. Ganamos 6-1, y hasta los suplentes parecían titulares. Pero yo sabía que los amistosos tienen trampa: te muestran lo que quieres ver. —Dalvík/Reynir nos exigió más —añadió Sveinn—. Ese 3-1 fue trabajado. Me gustó cómo ajustaste el mediocampo en el segundo tiempo. —Y luego Afturelding —dije, abriendo la hoja del último encuentro—. 6-4. Un festival de goles… y de errores defensivos. Sveinn se rió, pero con esa risa que tiene filo. —Nos metieron cuatro en casa. Eso no puede pasar en liga. No con lo que queremos construir. —Lo sé —dije, mirando el gráfico de zonas calientes—. Pero también vi algo que me gustó: cuando nos empataron, el equipo no se hundió. Respondió con carácter. Nos quedamos en silencio unos segundos. Afuera, el viento movía las ramas del abedul que da sombra al despacho. El inicio liguero estaba a la vuelta de la esquina, y estos tres partidos eran solo el prólogo. —¿Sabes qué me preocupa más que los goles encajados? —preguntó Sveinn, cerrando su carpeta. —¿Qué? —Que te acostumbres a ganar sin sufrir. Eso no pasa en liga. Ahí cada punto se pelea. Sonreí. Porque tenía razón. Y porque, en el fondo, ese era el tipo de sufrimiento que me gustaba. Jornada de Fiesta – Presentación Oficial del Þór Akureyri 2024 📍 Estadio de Þórsvöllur, Akureyri 🗓️ Víspera del primer partido liguero [El estadio se ha transformado en un espacio de celebración. Hay castillos hinchables, talleres para niños, puestos de comida local, concursos para toda la familia y música en directo. Las gradas se llenan poco a poco, mientras el sol ilumina el césped donde pronto aparecerán los protagonistas.] —¡Buenas tardes, Akureyri! Hoy no es solo el inicio de una temporada. Hoy es el reencuentro de un club con su gente. Es el momento de volver a sentir que el Þór no es solo un equipo… es una familia, una pasión, una forma de vivir. —Hemos preparado esta jornada para todos vosotros: para los niños que sueñan con vestir esta camiseta, para los padres que vibran en cada partido, para los que llevan el rojo en el corazón desde hace generaciones. —Pero ahora llega el momento que todos estábamos esperando. El momento de conocer a los guerreros que van a defender nuestro escudo esta temporada. Los que van a luchar cada balón, cada minuto, cada partido… por esta ciudad, por esta afición, por este club. —Así que, Akureyri… ¡Preparaos para recibir a vuestros jugadores! 🧤 PORTEROS 🔸 Con el 1, apenas tiene edad para votar, pero ya ha votado a favor de los títulos. 18 años, reflejos de gato y nervios de acero. Si hay penaltis, los rivales ya saben que tienen que rezar. ¡El parapenaltis, el heredero de Buffon en versión islandesa: Guðmundur Alfreð Aðalsteinsson! 🔸 Con el 12, no siempre está bajo los focos, pero si el equipo fuera una serie, él sería el personaje secundario que todos aman. Siempre con una sonrisa, siempre sumando. ¡El alma del vestuario, el bromista oficial: Auðunn Ingi Valtýsson! 🛡️ DEFENSAS 🔸 Con el 24, llegó desde KA diciendo “yo quiero algo más auténtico”. Y vaya si lo encontró. Se ha ganado el cariño de todos con entrega y humildad. ¡Þorvaldur Daði Jónsson, el fichaje que se convirtió en hermano! 🔸 Con el 10, lleva aquí desde que el campo era un descampado y el balón pesaba como una piedra. 260 partidos, incontables despejes y más experiencia que un abuelo contando batallas. ¡La leyenda, el eterno: Sigurður Marinó Kristjánsson! 🔸 Con el 13, si el equipo fuera una navaja suiza, él sería todas las herramientas. Central, lateral, mediocentro… solo le falta hacer de árbitro. ¡Bjarki Þór Viðarsson, el hombre que juega donde le pongas y siempre cumple! 🔸 Con el 4, si hay que elegir entre pasar el balón o al rival, él elige al rival. Duro, firme, y con mirada de “aquí no pasa nadie”. ¡Hermann Helgi Rúnarsson, el muro humano! 🔸 Con el 5, vuelve a casa tras un par de temporadas fuera. Ha visto mundo, ha aprendido, y ahora vuelve con más galones. ¡Ólafur Aron Pétursson, el hijo pródigo de la defensa! 🔸 Con el 25, otro que regresa tras curtirse en campos donde el barro es parte del uniforme. Vuelve con cicatrices, experiencia y ganas de guerra. ¡Aron Máni Sverrisson, el gladiador del norte! 🔸 Con el 16, cerrando el trío de regresos, otro canterano que vuelve con la mochila llena de ilusión. ¡Bjarmi Fannar Óskarsson, el chico que vuelve a casa para triunfar! 🔸 Con el 2, sube la banda, la baja, la vuelve a subir… y cuando el árbitro pita el final, él sigue corriendo. Si le pusieran un GPS, se quedaría sin batería. ¡Elmar Þór Jónsson, el maratonista del lateral! 🔸 Con el 20, ha jugado fuera de su posición más veces que ha cambiado de botas. Pero nunca se queja, nunca baja los brazos. ¡Vilhelm Ottó Biering, el comodín con corazón! 🎩 CENTROCAMPISTAS 🔸 Con el 3, si el fútbol fuera una orquesta, él sería el director. Pases milimétricos, visión de juego y elegancia en cada toque. ¡Birgir Ómar Hlynsson, el cerebro que mueve los hilos! 🔸 Con el 8, talento puro. Tiene magia en las botas y futuro en cada jugada. Si sigue así, pronto habrá que ponerle escolta. ¡Nikola Kristinn Stojanovic, el diamante en bruto! 🔸 Con el 19, nadie lo esperaba… y ahora nadie quiere que se vaya. La revelación de la pretemporada, el chico que se ganó el puesto con fútbol. ¡Sigfús Fannar Gunnarsson! 🔸 Con el 23, viene del Grótta, pero aquí ya es profeta. Mediocentro con garra, visión y liderazgo. ¡Gunnar Jónas Hauksson, el nuevo patrón del medio campo! 🌀 MEDIAPUNTAS 🔸 Con el 21, por banda derecha, es como un cuchillo caliente en mantequilla. Nos llevó a la tanda de penaltis en la final, y cada vez que arranca, el estadio se levanta. ¡Áron Ingi Magnússon, el rayo del costado! 🔸 Con el 11, volvió de Erasmus y antes de deshacer la maleta ya estaba entrenando. Compromiso, velocidad y descaro. ¡Viktor Smári Elmarsson, el estudiante aplicado del gol! 🔸 Con el 15, llevó la semifinal a la prórroga. Siempre aparece cuando más se le necesita. ¡Kristófer Kristjánsson, el arquitecto del ataque! 🔸 Con el 17, volvió de una lesión grave y no solo se recuperó… se convirtió en héroe. ¡Fannar Daði Malmquist, el ejemplo de superación y entrega! 🔸 Con el 18, pequeño en tamaño, gigante en talento. Como el perfume caro: viene en frasco pequeño, pero deja huella. ¡Ýmir Már Geirsson, el vértigo con botas! 🔸 Con el 7, personalidad arrolladora. Se fue cedido, volvió con hambre… y pidió el dorsal mítico. ¡Viðar Már Hilmarsson, el rebelde con causa! 🎯 DELANTEROS 🔸 Con el 9, no digan gol, digan Ingimar. El que la toca y la manda a guardar. Si hay que romper el empate, él tiene la llave. ¡Ingimar Arnar Kristjánsson, el definidor nato! 🔸 Con el 14, marcó en semis de la Deildabikar… pero con el Stjarnan. Ahora viene a hacerlo con nosotros. ¡Bienvenido, Elvar Máni Guðmundsson, el nuevo artillero! 🔸 Con el 22, sube desde el juvenil, sabe que este año es para aprender, pero también para sorprender. ¡Agnar Tumi Arnarsson, el futuro que ya está aquí! -Querida familia futbolera, amigos, vecinos, y hasta el que vino solo por el pylsa… ¡gracias! Hoy no ha sido solo una jornada festiva. Ha sido una declaración de amor al fútbol, a nuestro equipo, y a todo lo que representa esta camiseta. Hemos reído, hemos cantado, hemos gritado goles que aún no han llegado… pero que ya sentimos como nuestros. Hemos visto a nuestros porteros parar hasta los suspiros, a los defensas marcar territorio como si fueran pastores vikingos, a los centrocampistas tejer jugadas como si fueran sastres de seda, y a los extremos y delanteros correr como si el balón fuera el último donut del buffet. Y sobre todo, hemos visto algo que no se entrena: corazón. El corazón de un equipo que no se rinde, que vuelve a casa, que lucha por cada metro de césped como si fuera tierra sagrada. A todos los que habéis venido, a los que habéis ayudado, a los que habéis animado, y a los que habéis perdido la voz por gritar “¡vamos!”… gracias. Porque sin vosotros, esto no sería una fiesta, sería solo un partido más. Así que ahora, mientras cae el sol y se apagan los focos, nos vamos con el alma llena, con la ilusión renovada y con una certeza: este equipo tiene algo especial. Y lo mejor… es que lo compartimos todos. Nos vemos en el próximo partido, en el próximo abrazo, en el próximo gol. Porque esto no termina aquí. Esto… acaba de empezar.
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