Die Geschichte von Matthias - Der Enkel des Kleinen Toni (La historia de Matthias - El nieto del pequeño Toni) Kapitel 12: Wintervorbereitung 1 (Capítulo 12: Pretemporada invernal 1) Teil 78: Die Rückkehr auf den Rasen (Parte 78: El regreso al césped) En Innsbruck, Austria Finalmente, el martes 30 de enero llegó a Innsbruck con un frío que cortaba la respiración, envolviendo las cimas de Nordkette en un manto blanco y gélido que parecía querer detener el tiempo. Sin embargo, en las instalaciones del Wacker Innsbruck, el reloj no hacía más que acelerar su marcha de cara a lo que será el asalto final por el ascenso. Tras una pausa que se sintió eterna para los amantes del fútbol regional, los cuatro equipos de la institución retomaron sus entrenamientos de manera oficial bajo una neblina densa. La mejor noticia para el cuerpo técnico liderado por Matthias Schall no era táctica, sino médica: el parte de sanidad indicaba un cero absoluto en la columna de bajas, lo que permitía trabajar con la totalidad de los efectivos desde el primer segundo. Ninguno de los jugadores presentaba lesiones, molestias físicas o secuelas del parón invernal, demostrando que el plan de mantenimiento individual enviado durante las vacaciones había sido ejecutado con el rigor profesional que esta nueva etapa demanda. Pero antes de que el primer silbato de Bjarne Bätz rasgara el aire matutino en el campo de entrenamiento, hubo una reunión de alta importancia en los despachos del Tivoli Neu. Matthias Schall, Martin Busch y el presidente Władysław Nowak se encerraron en la oficina principal para repasar la situación económica y administrativa antes de dar inicio a la acción deportiva. El panorama que Nowak puso sobre la mesa era, bajo cualquier lente, alentador: el balance del club arrojaba un saldo positivo de 133.850 euros, una cifra que otorga el oxígeno necesario para operar sin las asfixias de temporadas anteriores. La deuda se mantenía controlada en 925.000 euros, mientras que la previsión de pérdidas para el cierre de ejercicio se había reducido significativamente hasta los 457.000 euros. En cuanto a la gestión de la plantilla, la masa salarial se situaba en 35.683 euros mensuales, lo que significaba que Schall y Busch todavía no habían tocado un solo céntimo del aumento presupuestario otorgado por el nuevo dueño. Esto dejaba una reserva de casi 25.000 euros mensuales disponibles, un fondo estratégico que Matthias ya empezaba a proyectar mentalmente para los fichajes de la próxima temporada. Con los números claros y el respaldo institucional blindado, Matthias bajó al campo de juego donde el espectáculo visual era verdaderamente imponente. Ochenta jugadores, divididos en sus respectivas categorías, formaban una marea verdinegra sobre el césped artificial, esperando las directrices de un mánager que cada día ganaba más peso en el fútbol austriaco. Schall pidió silencio y el frío pareció intensificarse ante la seriedad de su discurso inicial, donde habló del proyecto no como una promesa lejana, sino como una obligación inmediata con la historia. Les recordó a todos la importancia de portar el escudo del Wacker y la responsabilidad de devolver al club a la élite, dándole una bienvenida oficial a los nueve refuerzos que se sumaron en el mercado invernal. Para Matthias, la integración de caras nuevas como Mamani o Caicedo no solo era un aporte de calidad, sino un mensaje de ambición global para un club que se negaba a seguir siendo pequeño. Los entrenamientos comenzaron con una división de grupos calculada para fomentar la jerarquía interna y el traspaso de experiencia entre los más curtidos y los juveniles. Realizaron ejercicios físicos extenuantes bajo las órdenes del preparador Bjarne Bätz, quien no mostró piedad alguna a pesar de ser la primera jornada de trabajo tras el descanso. Matthias no le quitaba el ojo a ningún movimiento, flanqueado por sus escuderos Daniel Iril y Fernando Pino, y con la presencia siempre imponente de Andreas Herzog, cuya mirada evaluaba la actitud de los recién llegados con una exigencia legendaria. Cerca del mediodía, el grupo tuvo un breve respiro para el almuerzo y una posterior sesión de fisioterapia dirigida por el jefe de fisios, Patrick Bernhaupt. Pero el alivio fue efímero, ya que la tarde trajo consigo un doble turno de entrenamiento físico que puso a prueba la resistencia cardiovascular de toda la estructura verdinegra bajo una lluvia aguanieve. Al finalizar la jornada, cuando el sol empezaba a esconderse tras las montañas y el cansancio ya era una costra en los rostros de los futbolistas, Matthias pidió a Daniel Iril que lo acompañara para una comunicación especial. Citaron a los 44 jugadores que finalmente integrarían el primer equipo y el equipo B, el núcleo duro de su planificación deportiva para los próximos meses. Con la voz firme, Schall les comunicó que no habría pasajeros en este viaje y que todos dispondrían de minutos competitivos durante la pretemporada para demostrar su valía. Sin embargo, la primera criba ya estaba lista: para los dos primeros amistosos en tierras alemanas, viajaría una delegación de 33 jugadores, compuesta principalmente por los suplentes del primer equipo y los 22 integrantes del equipo B. Esta decisión buscaba dar rodaje inmediato a quienes debían presionar desde abajo y asegurar que el fondo de armario estuviera a la altura de las exigencias. Finalmente, Matthias les entregó la hoja de ruta para el resto de la semana, una agenda que no dejaba espacio para la distracción o el relajamiento post-vacacional. El miércoles por la mañana realizarían un nuevo doble turno de alta intensidad para seguir cargando los tanques de energía de cara al semestre. El jueves entrenarían únicamente por la mañana y, ese mismo día por la tarde, la delegación partiría rumbo a Alemania para instalarse en las cercanías de Múnich. El destino sería Unterhaching, donde el viernes disputarían el primer amistoso de la pretemporada invernal contra un rival de jerarquía superior. Pero no sería un viaje de ida y vuelta; el club había organizado un mini stage de seis días en dicha ciudad, buscando que los nuevos fichajes se integraran no solo tácticamente, sino humanamente con el resto del grupo en un entorno de concentración absoluta. Antes de despedirlos hacia las duchas, donde el vapor de agua caliente ya empezaba a filtrarse por las ventanas del vestuario, Matthias lanzó su última advertencia de la jornada. Les dijo que, a partir de ese instante, nadie tenía el puesto asegurado en el once titular, independientemente de lo ocurrido en la primera vuelta del campeonato. Los 44 jugadores citados estaban en pie de igualdad para convencer al cuerpo técnico de que merecían una oportunidad en el asalto final hacia el título. Les recordó que el Wacker no espera a nadie y que esperaba lo mejor de cada uno de ellos, ya fuera para jugar esta temporada o para formar parte de la estructura en la próxima categoría. Con esa frase grabada en la mente y el cansancio acumulado en las piernas, los jugadores abandonaron el campo, dejando atrás un martes que marcó el inicio oficial de la era de la profesionalización total bajo el mando de Matthias Schall.
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