Die Geschichte von Matthias - Der Enkel des Kleinen Toni (La historia de Matthias - El nieto del pequeño Toni) Kapitel 11: Steine und Fundamente (Capítulo 11: Piedras y cimientos) Teil 71: Der Winterplan (Parte 71: El plan de invierno) En Innsbruck, Austria El aire en la sala de juntas del Tivoli Neu se podía cortar con un cuchillo. Eran pasadas las dos de la tarde del 26 de diciembre y, aunque el mundo exterior seguía sumergido en el letargo de las festividades navideñas, para el núcleo duro del Wacker Innsbruck el tiempo se había acelerado de forma vertiginosa. Kevin Honmann, Daniel Iril y Fernando Pino intercambiaban miradas cargadas de incertidumbre, mientras que en el otro extremo de la mesa, Martin Busch y Carsten Scholz revisaban carpetas con una inquietud que no lograban disimular. Incluso Andreas Herzog, la leyenda que solía mantener una postura imperturbable, tamborileaba los dedos sobre la madera, con el ceño fruncido bajo su mata de pelo canoso. La noticia del nuevo dueño polaco había caído como una bomba en la estructura, y todos esperaban que Matthias Schall, el hombre que los había traído a esta aventura, trajera consigo las respuestas sobre si el suelo que pisaban seguía siendo firme. Cuando la puerta se abrió, el silencio se hizo absoluto. Matthias ingresó con paso decidido, todavía con el aroma del almuerzo con Nowak impregnado en su abrigo. No traía carpetas, solo su libreta negra y una expresión que, lejos de ser preocupada, irradiaba una serenidad contagiosa. Se situó en la cabecera de la mesa, barrió la sala con una mirada lenta y, tras unos segundos de suspense calculado, esbozó una tenue pero genuina sonrisa. —Muchachos —comenzó Matthias, dejando su mochila sobre una silla vacía—. Sé lo que están pensando. Han sido horas movidas, pero quiero que respiren tranquilos. Nada ha cambiado. Nuestro proyecto sigue tal cual lo diseñamos, y les diría más: ahora tiene un respaldo que antes solo podíamos soñar. He hablado con Władysław Nowak y tenemos su apoyo total. El rumbo deportivo sigue siendo propiedad exclusiva de este equipo de trabajo. Así que, menos dudas y más manos a la obra, porque tenemos una montaña que escalar. Un suspiro de alivio colectivo recorrió la sala. Martin Busch fue el primero en reaccionar, inclinándose hacia adelante con su habitual pragmatismo. —Matthias, nos quitas un peso de encima —dijo Busch, ajustándose las gafas—. Pero conoces a los inversores. ¿Qué pide a cambio Nowak? ¿Quiere nombres, quiere resultados inmediatos? —Quiere el proyecto, Martin —respondió Schall con firmeza—. Y para que ese proyecto vuele, nos ha dado herramientas nuevas. Primero, y esto va para ti especialmente: tenemos el aval total para buscar un club afiliado en el nivel once. Necesitamos un destino satélite donde nuestros jugadores más jóvenes del equipo C puedan foguearse con minutos reales de competición sin salir de nuestra órbita táctica. Y segundo, quizás lo más determinante para la flexibilidad que buscábamos: nuestro presupuesto salarial ya no se detiene en los 35.000 euros. Tenemos luz verde para movernos en un rango de entre 40.000 y 60.000 euros mensuales. Nowak quiere solidez, y sabe que la calidad tiene un precio. La cifra dejó a la sala en un silencio estupefacto. Pasar de gestionar la escasez a tener un margen de casi el doble de presupuesto en el quinto nivel del fútbol austriaco era, sencillamente, una anomalía histórica. Incluso Andreas Herzog soltó un bufido de sorpresa, aunque no tardó en recuperar su tono crítico y directo. —El dinero no marca goles, Matthias, ya lo sabemos —soltó Herzog, cruzándose de brazos—. Pero ayuda a que los que los marcan no se vayan al vecino. Si tenemos ese margen, espero que Martin no traiga solo promesas, sino realidades. El sistema juvenil del Wacker necesita una competencia interna feroz si queremos que nuestros chicos algún día alcancen el nivel de esos prodigios de catorce años que vimos destacar con la selección en Polonia. Ese es el estándar de la élite nacional, y hacia allá debemos empujarlos. —Exactamente, Andreas —asintió Matthias—. Y por eso el plan de ahora en más será quirúrgico. Volvemos a los entrenamientos el 30 de enero. Nuestro primer partido oficial es el 23 de marzo. Eso nos deja casi dos meses de pretemporada. No quiero que nos quedemos encerrados en el Tirol viendo cómo nieva. Kevin, toma nota: quiero que planifiques al menos diez partidos amistosos fuera de Austria. Necesitamos salir de nuestra zona de confort, conocer a los nuevos fichajes en entornos competitivos distintos y probar a fondo a los chicos que Daniel y Fernando tienen destacados en el B y el C. Quiero que el grupo se cohesione bajo fuego real, lejos de la presión mediática de Innsbruck. Kevin Honmann asintió rápidamente, ya visualizando las rutas y los posibles rivales en Alemania, Suiza o incluso el norte de Italia. El desafío logístico era enorme, pero la cara de Matthias no admitía réplicas. —Martin —continuó Matthias, girándose hacia el director deportivo—, sé que tus redes de ojeo ya están ardiendo. Con el nuevo presupuesto, quiero que cerremos los flecos de lo que discutimos. Necesitamos un titular indiscutido en la zona defensiva, alguien que aporte la jerarquía que a veces nos falta para cerrar partidos. Y además, cuatro suplentes de garantías: un portero que presione a nuestro titular, un central de rotación, un lateral con recorrido y un extremo que rompa esquemas. Pero no nos olvidamos de la base; Daniel, Fernando, para sus equipos necesito otros cuatro o cinco refuerzos que suban el nivel medio. No quiero que nadie se relaje. Estos fichajes deben estar firmados y listos para saltar al campo el primer día de entrenamiento, el 30 de enero. No quiero integraciones tardías. Daniel Iril y Fernando Pino intercambiaron una sonrisa de complicidad. Para ellos, la posibilidad de recibir refuerzos específicos significaba que el sueño de dominar sus respectivas ligas estaba más cerca que nunca. —Carsten —dijo Matthias dirigiéndose al jefe de desarrollo—, tu labor de coordinación será vital. Con el club afiliado y los nuevos refuerzos, el flujo de jugadores será constante. Necesito que los informes de desarrollo sean semanales. No podemos permitir que ningún talento se pierda en la transición entre el C, el B y el primer equipo. La reunión continuó durante un par de horas más, desglosando cada detalle táctico y administrativo del mes que se avecinaba. Matthias se sentía en su elemento, moviendo las piezas de un tablero que ahora tenía muchas más opciones. El cambio de dueño, que al principio parecía una amenaza, se estaba revelando como el combustible necesario para acelerar la reconstrucción. —Para cerrar, muchachos —concluyó Matthias, poniéndose de pie—, recuerden algo: nuestro proyecto está por encima de todo, incluso de los nombres que firman los cheques. El dueño puede cambiar, las oficinas pueden remodelarse, pero el horizonte que buscamos sigue estando exactamente en el mismo lugar. Confío plenamente en que estos cambios institucionales no afectarán nuestra dinámica. Vamos a seguir poniendo piedra sobre piedra para construir la base más sólida que haya visto el fútbol austriaco en décadas. Nos reuniremos cada cinco días para monitorear los avances de Martin con los contratos. La próxima cita es el 2 de enero. Vayan, disfruten del Año Nuevo con sus familias, recarguen energías porque el 2024 será el año en que el Wacker empiece a rugir de verdad. ¡Felicidades y a trabajar! El staff abandonó la sala con una energía renovada. El largo invierno, lejos de ser un periodo de hibernación, se perfilaba como la etapa más febril de la gestión de Schall. Matthias se quedó unos minutos a solas en la oficina, observando el atardecer sobre las montañas nevadas. El cambio de era ya era una realidad, y él, el mánager argentino que llegó con una maleta llena de sueños, ahora tenía el pincel y los colores para pintar el cuadro completo. El 30 de enero sería el día uno de la nueva historia, y el Wacker Innsbruck no pensaba mirar atrás.
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