Viernes 16 de enero de 2026. 08:19 de la mañana. -Iglesia de Santa Ana- El Arzobispado de Zaragoza ha enviado una notificación formal: quieren a Don Rogelio en una parroquia conflictiva de Fuenlabrada, alegando que su "energía" es necesaria en misiones más complicadas. Monseñor Valeriano de la Fuente, con las manos cruzadas. Rogelio, compréndalo. En Fuenlabrada hay miles de almas que necesitan su... entusiasmo. Aquí en Brea, usted dedica más tiempo a bendecir espinilleras que a confesar a los fieles. Don Rogelio, ajustándose la sotana, con un ejemplar del diario Equipo bajo el brazo. Monseñor, con todo el respeto, usted ve números, pero yo veo almas en el barro. ¿Fuenlabrada? Allí tienen de todo. Aquí en Brea, si yo me voy, ¿quién va a evitar que el Chino cometa un sacrilegio cada domingo? ¡Ese hombre es un peligro para la moral pública y solo yo sé cómo llevarlo por el camino del bien... o al menos que no entre borracho a misa de doce!. Hemos oído hablar de un patrocinio... poco ortodoxo. "Los Jazmines". Dicen que usted lo ha permitido. Don Rogelio, cruzándose de brazos. ¡Permitido no! ¡Evangelizado! He convertido un antro de perdición en el sustento de un club humilde. Si me voy a Fuenlabrada, ese dinero se gastará en vicios. Si me quedo aquí, ese dinero paga las botas de Ángel, un chaval que ha subido del juvenil y que reza tres avemarías antes de cada córner porque yo se lo he enseñado. ¿Es que el fútbol no es la nueva liturgia del pueblo?. El Chino, apareciendo por la puerta con una bandeja de pastas y un termo. ¡Monseñor! ¡No se nos lo lleve! Que si Don Rogelio se va, yo me descarrío. La última vez que él se fue de vacaciones, estuve a punto de apostar el cáliz de plata en una partida de guiñote. ¡Es el único que me mantiene a raya!. ¿Lo ve, Monseñor? El Chino es mi cruz personal. Si me envía a Fuenlabrada, estaría abandonando a una oveja... bueno, a una cabra muy loca, a su suerte. Mi misión no ha terminado. Tenemos al equipo líder, tenemos a Paimés renovado y tenemos un ascenso que va a unir a toda la comarca en una oración colectiva. ¡Eso es pastoral activa!. Monseñor Valeriano de la Fuente, suspirando, mirando las pastas del Chino. Es usted un caso único, Rogelio. En el informe pondré que su labor de "contención social y moral de elementos disruptivos", mira al Chino, es crítica para la estabilidad de la zona. Don Rogelio, con una sonrisa triunfal. ¡Dios se lo pague, Monseñor! Y venga el domingo al campo, que le reservo un sitio al lado de Latorre. Verá lo que es sentir la presencia del Altísimo en un contraataque de Paul Valentín.
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