Capítulo 2. Yevlakh no estaba en el planLa llamada llegó un martes por la tarde, cuando Bakú empezaba a vaciarse de ruido ,Tural Aliyev no esperaba ninguna oferta, no todavía. Al otro lado de la línea estaba Elchin Mammadov, un nombre menor en el fútbol azerí, pero bien conectado. Ex director deportivo, intermediario oficioso, alguien que no salía en las fotos pero que sabía quién necesitaba qué. Elchin y Tural se conocieron en Londres durante el master de gestión deportiva que Tural cursó en la capital inglesa. Mammadov impartía un par de asignaturas y coincidir con un azerí en inglaterra es como encontrar una aguja en un pajar, de ahí que surgiera una pequeña amistad. A Mammedov le convenía estar relacionado con Tural, eso le podía abrir muchas puertas y aunque no era su representante ya le había ofrecido algún cargo de despacho a Tural en alguno de los grandes clubes del país, algo que Tural rechazó de de manera tajante. No es un gran proyecto, dijo sin rodeos, Y no es un club cómodo. Pero es un sitio donde empezar Pués tu dirás... Se trata del Karvan Yevlakh FK, acaban de ascender a la Birinci Divizionu (2º nivel del fútbol azerí) es un club joven, empezó muy fuerte y ahora están... digamos que en fase de reconstrucción. No pagan mucho, pero ya les he dicho que el dinero no será problema. Suena bien, parece que ir allí puede valer para comprobar si valgo para esto, ciérralo Elchin y gracias Karvan Yevlakh FK acababa de ascender a la Birinci Divizionu. El ascenso no fue ni mucho menos incontestable. Una buena racha final, rivales irregulares y una sensación compartida de que el club había llegado antes de estar preparado. El entrenador que había logrado el ascenso había decidido marcharse; el presupuesto para la nueva categoría no garantizaba continuidad y la directiva no quería repetir el ciclo habitual: un extranjero de paso, caro y sin raíces. Necesitaban a alguien distinto. Yevlakh no es Bakú y no quiere serlo. Situada en el centro del país, Yevlakh es una ciudad de paso, un nudo ferroviario más que un destino. Calles amplias, edificios bajos, ritmo lento. Aquí no se vive de promesas futuras, sino de lo que funciona hoy. La ciudad se acuesta a orillas del río Kura, dista de Bakú 265 Km, poco menos de 3 horas en tren y casi 4 horas en coche. Su población no llega a los 60.000 habitantes, nadaque ver con el foco de Bakú y eso es lo que atrae a Tural. El estadio del Karvan, el Estadio Olímpico de Yevlakh, con capacidad aproximada para algo más de 5.000 espectadores, refleja esa mentalidad: gradas sencillas, sin artificios, con una cercanía incómoda entre público y césped. Estadio Olímpico de Yevklah El club tiene historia, pero no grandeza. Fundado en 2004, Karvan vivió un breve espejismo en la élite azerí a mediados de los 2000, cuando fue invitado en el año de su fundación a disputar la Premier League (máxima división del país) logrando el subcampeonato, alcanzando la final de Copa e incluso llegando a disputar competiciones europeas de forma casi accidental. Después, la caída, años de categorías menores, problemas financieros, desapariciones temporales y regresos discretos. En Yevlakh nadie habla de títulos. Se habla de sobrevivir. La plantilla es exactamente lo que uno espera de un recién ascendido: jugadores jóvenes que aún no saben si pertenecen a este nivel, veteranos que sí lo saben… y por eso miden cada esfuerzo, y un par de nombres destacables, más por experiencia que por talento. Nada de glamour La reunión con la directiva fue breve, corta y las discretas oficinas del club. No hubo discursos grandilocuentes ni promesas vacías. El presidente, Elmeddin Ibrahimov, fue claro: No buscamos un salvador. Buscamos estabilidad. Alguien que entienda dónde está. Tural habló poco. Preguntó por la estructura, por el margen salarial, por la cantera... No pidió poder absoluto, no exigió fichajes, escuchó, tomó notas y cuando terminó, dijo una sola frase: ¿Por qué yo? ¿Sinceramente?, porque alguien con experiencia no habría venido Ok entiendo que conoce a mi familia, así que si acepto no habrá atajos, ¿ok? Ese fue el momento en que la balanza se inclinó a su favor. No fue solo su preparación o su discurso. Fue, paradójicamente, su apellido. La directiva sabía que Tural Aliyev no necesitaba el puesto, que no venía por dinero, que podía marcharse si aquello se convertía en un circo y, en un club cansado de entrenadores que solo buscaban el siguiente contrato, eso era una garantía extraña, pero valiosa. La decisión fue firme. Un año de duración y 44.000 € por esta temporada, un sueldo que Tural ni siquiera intentó negociar. Trás la firma, Tural regresó a casa con una mezcla de emoción y miedo que hizo que las casi 3 horas de viaje se le pasaran en un suspiro. Primer contrato de Tural como emtrenador, Karvan Yevklah FK su primer destino Esa noche, Tural, encontró a su padre en el salón, leyendo sin demasiada atención. No anunció nada. Lo dejó caer. Me voy a Yevlakh. Rasim Aliyev levantó la vista. No preguntó cuánto pagarían. No preguntó por la categoría. ¿Y qué hay allí para ti? Trabajo. Hubo silencio. Luego, una respuesta seca: Que no digan que fue un favor. Tural asintió. Era exactamente lo que pensaba. A su madre se lo explicó de otra forma. Con menos fútbol y más distancia. Ella escuchó, sonrió con preocupación y dijo algo que se le quedaría grabado: Por primera vez, no te vas para estar mejor. Te vas para ser tú. Días después, ya instalado en un apartamento modesto cerca del estadio, Tural recorrió Yevlakh a pie. Nadie lo reconoció. Nadie lo saludó. Era invisible. Y esa invisibilidad, lejos de inquietarlo, le dio calma. Estaba solo él, lo que hiciese sería solo responsabilidad suya y eso... le llenaba de orgullo. Esa noche, Tural publicó una sola imagen en redes: una pizarra, una sola línea, ningún escudo. Karvan Yevlakh FK no era el plan. Pero quizás, pensó Tural, los planes son solo una forma elegante de evitar el riesgo. Aquí no había herencia, no había expectativas, no había red, solo fútbol y por primera vez en su vida, eso era suficiente. Economía en el fútbol azerí y la paradoja del presupuestoQue Karvan Yevlakh FK tenga un techo salarial de 600.000 € suena, a primera vista, generoso para una segunda división local. Y lo es, en términos relativos. En la máxima categoría de Azerbaiyán, los ocho clubes más potentes podían mover paquetes salariales que en conjunto se acercaban a cifras de millones de euros; a nivel de club la cifra media por equipo en determinados periodos se ha estimado en algún millón o dos, lo que sitúa a la liga entre las más solventes de su entorno post-soviético. Esto convierte a la liga azerí en un destino atractivo para jugadores extranjeros que buscan un contrato europeo con condiciones competitivas. Pero hay una trampa: la infraestructura de ingresos es débil. Las asistencias medias en la liga no están en las cifras europeas de referencia. La asistencia media en la máxima categoría ronda cifras inferiores a 2.000 espectadores en temporadas recientes, y el mercado interno de sponsorings y ventas de merchandising es muy limitado. Eso crea una paradoja concreta para Karvan: presupuesto salarial relativamente atractivo frente a ingresos locales pobres. Con solo 65 abonados en un estadio que alberga casi 6.000 espectadores, la ecuación financiera no cuadra. El gasto en sueldos se come la taquilla y la pequeña masa social del club; la solución es clara en términos empresariales: ascender, ganar visibilidad y acceder a ingresos por derechos (y, en el mejor de los casos, competiciones europeas).
Archivado
Este hilo está archivado y por tanto cerrado a incorporar nuevas respuestas.