El país y su geografía rotaAzerbaiyán es un estado caucásico. Limita al este con el mar Caspio, al norte con Georgia y Rusia, al sur con Irán y al suroeste con Armenia Azerbaiyán es, por definición reciente, una nación con fronteras que guardan heridas. No sólo por líneas en un mapa sino también por el recuerdo de quienes vivieron la violencia, las expulsiones y las pérdidas personales. Una pieza geográfica relevante para entender por qué las identidades nacionales aquí suelen ser algo más que banderas son por ejemplo Najicheván, es un exclave de Azerbaiyán separado del resto del país por territorio armenio, es un recordatorio físico de cómo las fronteras sovietizadas quedaron fragmentadas tras la caída de la URSS. I. El conflicto entre Armenia y AzerbaiyánEl enfrentamiento entre Armenia y Azerbaiyán tiene raíces históricas, étnicas y territoriales, y se centra en la región de Nagorno-Karabaj. Durante la época soviética, Nagorno-Karabaj fue integrada en Azerbaiyán, aunque su población era mayoritariamente armenia. Mientras la URSS existía, el conflicto estaba “congelado”, pero con su caída a principios de los años 90, la situación explotó. Primera guerra (1991-1994)En 1991, en un referéndum boicoteado por la población azerí, los armenios del Alto Karabaj aprobaron la creación del Estado independiente de Artsaj. Una propuesta rusa para incrementar la autonomía de la región no satisfizo a ninguna de las partes, estallando la guerra entre el gobierno de Azerbaiyán y los independentistas del Alto Karabaj, quienes fueron respaldados por Armenia. A finales de 1993, el conflicto ya había causado veinte mil muertos y provocado la huida a Azerbaiyán de ochocientos mil refugiados. Desde el alto el fuego de 1994, la mayor parte del Alto Karabaj, así como muchas regiones azeríes vecinas, que en total suman el 14 % del territorio azerí, siguen bajo el control conjunto de Armenia y de las fuerzas armadas del Alto Karabaj. El ejército armenio y las fuerzas independentistas de Karabaj ganaron la guerra. Armenia ocupó Nagorno-Karabaj y zonas colindantes de Azerbaiyán. Durante casi 30 años, Armenia controló el territorio, aunque ningún país reconocía oficialmente la independencia de Karabaj. Segunda Guerra (2020-2023)En septiembre de 2020 se produjeron nuevos combates entre fuerzas armenias y azerbaiyanas, en la zona de Nagorno Karabaj, con el resultado de miles de muertos y un convenio firmado entre Azerbaiyán y Armenia bajo auspicio de Rusia que obliga a los armenios a entregar gran parte de la región a Azerbaiyán. En septiembre de 2023 sucede una rápida ofensiva azerí que en cuestión de un día logra la capitulación de Artsaj resultando en la reintegración del territorio a Azerbaiyán y la huida de la población armenia. Hoy, Nagorno-Karabaj está bajo control total de Azerbaiyán. Azerbaiyán se fortaleció económica y militarmente (especialmente gracias al petróleo y gas) La población armenia de la región abandonó casi por completo el territorio. II. La postura política de los AliyevLa familia Aliyev no es simplemente conservadora; su actitud hacia Armenia y hacia todo lo que se asocia con el bando armenio está teñida por experiencias concretas.En la familia hay relatos que explican la aversión al país vecino. Hace treinta años, cuentan, un tío suyo perdió la vida y la granja familiar en las inmediaciones de la región que hoy se conoce como Nagorno-Karabaj. Murió cuando fue asesinado por las fuerzas armenias al negarse a abandonar su casa. Esos relatos, repetidos durante la infancia de Tural en sobremesas largas, eran lecciones morales sobre pertenencia, seguridad y traición. Esa herida personal es la que alimenta la fijación familiar por la “amenaza armenia”, no es una teoría abstracta, sino un dolor heredado. Rasim Aliyev (el padre) trata el asunto con pragmatismo rudo. Para él la política tiene un único eje: seguridad y recuperación de lo perdido. Es llamativo que, incluso en asuntos no militares: negocios, contratos, reputación… su actitud sea la misma: prevención, desconfianza y, cuando procede, dureza. Leyla (la madre), en cambio, conserva una postura más suavizada: recuerda la literatura, los matices culturales, y su rechazo a la violencia (que no elimina su propio recuerdo del sufrimiento). Ella no simpatiza con la xenofobia; simpatiza con la protección de la memoria familiar. Tural creció en medio de esas tensiones. No comparte todas las formas que adopta la rabia de su padre, pero tampoco puede ignorarla. El resultado es una postura pública: rechazo rotundo a entrenar en Armenia , y una actitud privada compleja: respeto por la memoria familiar, pero conciencia de que la política y el fútbol deberían sostenerse en reglas y no en rencores personales. Para la familia, sin embargo, la línea es menos difusa, existe la obligación moral de “no normalizar” lo que se percibe como injusticia pesa más que cualquier diplomacia.
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